Me voy a ordenar sacerdote
Después de cavilar mucho sobre la cuestión he tomado una firme e inamovible decisión: ¡¡Me voy a ordenar sacerdote!!
Así es, incrédulo lector. Voy a dejar de estudiar para hacerme cura, y es una decisión meditada y creo que muy acertada.
Tal vez te extrañe que un ateo redomado y que siempre ha renegado de la Santa Madre Iglesia haya tomado una decisión tan impropia de su ideología, pero tengo muchas y buenas razones para actuar de este modo.

Sin más preámbulo, paso a enumerar las anteriormente mencionadas prerrogativas que tiene un sacerdote. He tenido tanto tiempo de pensarlas, que esgrimo una por cada una de las primaveras que me han visto crecer:
1) Una hora de trabajo de Lunes a Sábado, (el párroco de mi barrio incluso libraba el lunes), y el resto del día libre. Los domingos pueden trabajar un máximo de tres horas, (se supone que porque no deben comulgar más de tres veces, pero en realidad es porque el sindicato CFC (Curetas Flojos de Cojones), ha conseguido ventajas laborales para sus trabajadores.
2) Pueden consumir alcohol con una tapita de hostia consagrada, e incluso están obligados a hacerlos. El vino es de gran calidad (yo lo he probado), y el pan sin fermentar tiene un regustillo que particularmente, me encanta.
3) Pertenecen a una empersa multinacional, con cientos y cientos de años de experiencia y que nunca ha quebrado.
4) El director general es el espírutu santo (Def Con Dos dixit), y parece bastante flexible en sus razones.
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