Cómo no conquistar a una mujer
Llegué en tren a Granada, como siempre. Y no hay nada que me ponga más feliz ni mejore más mi estado de ánimo que volver a ver esta ciudad, respirar su aire y mezclarme entre sus gentes.
Cuando los vagones terminan por detenerse en un corto tiempo que, -estoy seguro-, a todos se nos hace eterno; los viajeros se agolpan para intentar apearse primero.
En esta ocasión, había dos chicas con una bicicleta que no dejaban espacio para que todo el mundo accediera a los pasillos donde se hallan las puertas. Yo esperé, y al salir la primera, marché raudo detrás, deseoso por desembarazarme de mi equipaje en la tranquilidad del hogar.
En cuanto descendí, observé que la primera chica escudriñaba consternada su chaquetón, que había caído entre la tierra y el tren. Sus brazos eran demasiado cortos para alcanzarlo, y todos los que venían después de mí, estaban anhelantes de pisar tierra granadina y se agolpaban como si fueran a ser expulsados a presión.
Entonces decidí tomarme mi tiempo: Solté las maletas, me tendí en el suelo y con mi largo brazo tomé la chaqueta entre mis dedos y se la entregué a su legítima propietaria, que me observaba tal y como si acabara de atravesar un dragón con una lanza imaginaria.
Permanecí callado, mientras me daba las gracias de una manera que se me antojó de lo más efusiva y cordial. Segundos más tarde, continuó con los ojos clavados en mi cara el tiempo justo para hacerme sentir incómodo. Ni siquiera un natural “de nada” interrumpió el silencio.
Por último, bajó su compañera; y no se fue sin volverme a reiterar su agradecimiento, poniéndose colorada y sin que yo en ningún momento dejara de estar mudo.
Cuando me reuní con los que durante todo el recorrido fueron acompañantes, y que además eran conocidos míos, uno de ellos me interpeló: -Misósofos, eres mi héroe y el de esa muchacha también.- Dijo en un tono de lo más socarrón.
Finalmente caminé hacia casa, mi casa; la de verdad, en la que debiera haber nacido. No tuve más remedio que preguntarme cuántas veces me mostré taciturno en situaciones semejantes.
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