Soy imbécil, pero no tanto como la mayoría de vosotros
La primera vez que alguien me llamó pedante, me costó entender que se refiriese a mí.
Conocía el significado de la palabra, pues la había visto empleada en los más variopintos contextos. Sin embargo, se trata de un vocablo que al igual que en los casos de traficante, proxeneta, bohemio o erudito; se terciaba casi superrealista cuando se utilizaba para designar una cualidad mía.
Luego me paré a cavilar sobre la cuestión, y caí en la cuenta de que era un simple malentendido: En mi infinito afán por hacer patente la imbecilidad ajena, a alguien se le ocurrió la idea de que lo que deseaba era alardear de mi supuesta superioridad en determinada materia, frente a los demás.
Pero no… Nada más falso. Lo que sucedía tenía más que ver con la humildad que no con la presunción. Y es que desde mi punto de vista, es tan elemental el conocimiento que incluso yo poseo, que los que no puedan declararse garantes de él, están un escalón inferior al mío. O lo que es lo mismo: Por debajo de un completo imbécil.