Cuando ya eres mayor
La admiración de los niños -y todos lo hemos sido-; recae unos personajes u otros, en función de cómo varían sus espectativas en la vida.
Primero sueñan con ser el Hombre Araña, el Increíble Hulk o, por poner un ejemplo nacional; transformarse en mil animales u objetos del mismo modo que Mortadelo.
Después, desean parecerse a personajes reales pertenecientes al mundo de la canción, el fútbol o la fórmula uno.
Finalmente, a alguien que tiene cierto éxito social a nivel económico y sexual, producto de su trabajo lo primero; o bien ambas cosas.
Un servidor se pregunta qué pinta él en esa tremebunda vorágine de anhelos frustrados o, peor aún; conseguidos y caídos en la desconsideración.
Ignoro qué ocurrió exactamente en el momento que en mi mundo onírico ya no me veía vestido de rojo, con una cola de mono, bastón y orgulloso propietario de una nube Kinto.
Mi alma y mi vida quedaron enamoradas de la embriaguez de un par de iris de un color parecido al del ron con cola; y al disiparse el líquido, no quedó más que un individuo gris y corroído que ya sabía a ciencia cierta y de antemano que nunca iba a volver a tener la única cosa que en realidad deseaba.
¡Menuda vida esta…! Sin darme cuenta, pasé a ser demasiado viejo para preguntarme qué voy a ser de mayor y casi todos los días, tales que hoy, simplemente siento nostalgia por un tiempo pasado, que como afirmaba Manrique; siempre fue mejor.
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