Archivo de 16th Abril, 2007

El día que cumples 23 años

El día que cumples 23 años, -y creedme, lo sé de primera mano-; te das cuenta de lo mayor que eres en determinados hechos de la vida cotidiana:
Te preguntan si estudias o trabajas.
Nadie te pide el documento nacional de identidad en la puerta de ningún garito.
Tu madre sonríe si encuentra el cabello de una chica entre tu ropa o carmín en la camisa.
Las viejas te llaman señor-, en lugar de niño o muchacho.
No quieres probar cualquier droga como unos años antes; y ya no experimentas sin valorar los riesgos.
Las quinceañeras te llaman también señor, y a ti te fastidia porque todavía te la levantan. Luego se dirigen a ti de usted, para preguntarte dónde queda tal o tal cosa como si les inspiraras confianza.
Cuando hablas, los demás consideran la posibilidad de que puedas llevar la razón. Tú en cambio te das cuenta de que quizá no la tengas.
Muchos de tus amigos no viven con sus padres y compran coches y casas en lugar de chicles y pipas en el quiosco de la esquina de tu barrio.
Si multiplicas por dos tu edad, el resultado será el de un hombre entrado en años y no el de un mozalbete.
No compras zapatos un número más grandes, porque tu pie no crece. En cambio, sí los pantalones, por si aumentas de talla.
Tus amigos no tienen granos. Unos son calvos y los otros pronto peinarán canas.
Te has dado cuenta de que el acontecimiento más importante de tu vida, no ha sido tu primera comunión.
A veces te preocupas por el dinero o el oficio; pero lo que realmente te saca de quicio, es el no poder evitar pensar en ello.
El hermano mayor vive fuera de casa y te deja que cuides tu sobrino. Págate una propinita para ayudarte con los gastos derivados de los estudios; claro está, con el beneplácito de tus arrugados padres, que sienten aliviada su economía.
Cuestionas casi todo lo que te dicen tus progenitores, y ellos aceptan a veces a regañadientes dichos cuestionamientos.
No te avergüenza ir a la farmacia a comprar preservativos; sólo que la caja se te caduque.
No miras hacia arriba para hablar con casi nadie.
Tienes que plasmar tu firma en mil sitios; y tú que antes pensabas que ni firma ni rúbrica valdrían jamás para nada…
Sabes de memoria tu DNI, pero no el nombre de todos los personajes de tu serie favorita; a veces, hasta te la pierdes por hallarte inmerso en otra cosa.
Nunca podrías acabar una conversación airada con un: “¿Ah, sí? ¡Pues tú más?” o un “¡Te rebota y te explota!”
En las charlas con tus amigos, no sale frecuentemente el tema de quién perdió la virginidad ni cuándo.
Ves a los niños como si fueran de otra generación y distintos de los de la época en que tú formabas parte de ellos.
Si descubres a alguien jugando con un coche teledirigido de gasolina, o una videoconsola último modelo; no darías la mitad de tu vida por ser él en ese momento.
Los videojuegos te parecen una pérdida de tiempo y sólo los usas para entretenerte y despejarte; o porque no tienes nada mejor que hacer.
Echas de menos la infancia, la inocencia y la candidez que un día destilaste y que hoy no son más que una vaga reminiscencia anquilosada en algún recóndito paraje de tu cabeza.
Escribes estas líneas o unas semejantes a éstas; cayendo en la cuenta y rindiéndote a la evidencia de todas y de cada una de las proposiciones que afirmas.

Y es que… Son ya veintitrés años haciendo el gilipollas. Con un poco de suerte, tal vez no llegue al año que viene.

Si alguien tiene la fórmula para detener el tiempo, ruego se ponga en contacto conmigo. Sé que si no consigo parar los relojes, esto terminará por matarme.

***Actualización: Pues sí, al parecer cumplo años el mismo día que el actual papa. No sé si esto querrá decir algo, como que soy el anticristo o estoy destinado a fundar una nueva religión que se apegue a los valores del pastafarismo.

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41 comentarios - ¿Qué te ha parecido?  Escrito por Misosofos - 16/04/2007 at 02:25

Categorías: Pequeños relatos, Personal   Tags: , , , , , , ,

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