La vida ya no es honrosa
Lo que no fue, jamás será ya; lo que es, nunca será otra cosa y en cuanto a lo que será, no creo que haya ninguna sorpresa aguardando.
Soy un kamikaze que ha errado su objetivo y no ha tenido la decencia de morir en el intento. Me miro las botas, y me doy cuenta de que están desgastadas de vagar sin rumbo, como si caminar fuera algo indispensable a pesar de la inexistencia de un destino.
Podría haberme quedado, o haberme ido de allí; pero en realidad no quería hacer ni una cosa ni la otra.
No tengo casa, ni padres, ni familia, ni amigos. Tal y como un fósil recién salido de un letargo milenario que siente que debiera haber seguido sumido en el sueño.
Quisiera que del mismo modo que nací, pudiera desaparecer en un pestañeo. Evaporarme y que se extinga el recuerdo somero y desagradable que mora en la mente de aquellos que me conocieron, como si de un perfume usado hace dos días me tratara.
Igual que hay quien se aferra en vano a la vida, a mí me ocurre todo lo contrario: Tengo ojeras, el pelo ralo, la ropa raída y estoy tan fatigado que mi único anhelo sería no volver a despertarme para así descansar eternamente.
A veces reflexiono sobre la extraña causa que alienta a mis pulmones a llenarse una y otra vez de aire o a mi corazón a continuar latiendo.
Ojalá supiera la ubicación exacta de la parte del cerebro donde se alojan los impulsos vitales para poder extirparla con pulso firme.
Categories: Pequeños relatos Tags: