¿Quién está celoso?
-Mira, Eduardo… No me importaría que te la tirases. De verdad que no.
Pero tienes que tener en cuenta el futuro de tus hijos.
-¿De mis hijos?
-Sí. Si me veo obligado a cortarte los testículos, meterlos en un frasco de cristal y descuartizarte como a un cerdo un día de matanza; va a ser realmente difícil que tengas descendencia.
-Pues ya me la he tirado.
-¿Y existe alguna extraña razón que te de a pensar que no voy a ejecutar mi amenaza?
-Claro que sí. Principalmente, que tú no serías capaz.
-¿Y si esta vez estaba enamorado de verdad?
-Anda ya. Siempre has dicho que eso del amor eran mariconadas que se le contaban a las tías para poder follártelas.
-¿Ah, sí? ¿Tú crees?
-Ricardo… Anda, estate quieto… Suelta eso, ¿¡estás loco!? ¡¡¡Hijo de puta!!!
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¡No me ha tocado la lotería!
Me invade el pánico cada vez que compro un billete de lotería. Es algo que uno siempre acaba haciendo por compromiso y que podría acarrearnos serias consecuencias… ¡Casi las mismas que jugar a la ruleta rusa!
Ayer no dormí pensando en que me pudiera haber tocado el gordo de Navidad. Menos mal que no tengo ningún décimo premiado y mi vida va a ser siendo igual de adorablemente miserable.
Las cutrez está revestida de un encanto del que carece el lujo. Y yo adoro los pisos viejos, derruidos, antiguos e incómodos; la ropa raída, vieja, hecha jirones; el ron barato, la ginebra de sabor a colonia, el güisqui venenoso; los barrios obreros, agrietados y sitos en los suburbios; la cola del metro, salir a comer kebaps en un sitio que parecen no haber limpiado nunca; un coche viejo, bollado cuyas puertas traseras no abren y al que le falta un intermitente; el tabaco Ducados Rubio que raspa la garganta como una lija; el hachís adulterado y la cocaína mezclada con bicarbonato.
Definitivamente, me alegro de no haber tenido que renunciar a nada.
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