No somos iguales
Estoy tan cansado que cuando duermo también me acuesto en sueños, para descansar así doblemente.
Mi error fue plantarme ante ti, de tú a tú, como si fuéramos iguales;
tal que si viviéramos en el mismo mundo, respiráramos idéntico aire o nos pareciéramos en algo.
Y hoy, cambiando de tema, es un día gris de esos de antes de los exámenes y se me antoja que el sentido jamás fue tan ajeno a todo aquello que hago. ¿Cuál será el fin de tanto sufrimiento?
Cada cual sigue con su propio camino en medio de un paisaje gris a veces frío y otras excesivamente cálido; y podría decir que casi todos con éxito, lo que queda probado en el hecho ineluctable de que ellos mismos se creen poseedores de una vida plácida.
Sólo tú mereces la pena.
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La dame aux camels lights – Aldebert
Aldebert – La dame aux camels lights
La dame aux camels lights
Jette du bout des lèvres des ronds
Des auréoles provisoires
Qui canonisent les garçons
On hésite à s’approcher
Allant clopin clopant
Mélanger sa fumée
Le coeur tambour battant
Atteindre enfin le trône
Comme les rois de jadis
Lui faire l’aumône
De baisers factices
La dame aux camel lights
Jette du bout des lèvres des sons
Des paraboles passe muraille
Qui font rougir les garçons
Elle impose sur les bouches
Un rictus gêné
Dès lors que l’on louche
Sur son intimité
Combien de nuits encore
Restera il à fumer
Pour la voir endormie
Serrrée à mes cotés
Marguerite
Serre entre ses doigts
Marguerite
Un autre que moi
La dame aux Camels Light
Jette du bout des lèvres des sorts
Des sortilèges invisibles
Qui pénètrent âme et le corps
Unissant le caprice
À la bienfaisance
Je me hisse et me lance
À l’assaut des critiques
En tenant dans mon dos
Un bouquet de fleurs blanches
J’ai l’air un peu idiot
Des charmeurs du dimanche
Marguerite
Serre entre ses doigts
Marguerite
Un autre que moi
J’aimerais lui crier
Que je suis un tout seul
Timide et prisonnier
Que je porte le deuil
De ne pouvoir lui parler
Ne se rendant pas compte
Qu’elle nuit à ma santé
Quand elle ouvre l’école
Du crime passionnel
En restant comme une folle
À battre la semelle
Je la voit qui s’allume
Une autre cigarette
Et c’est moi qu’elle consume
Une de trop une de trop…
La dame aux Camels Light
Jette du bout des lèvres des signes
Si le coeur t’en dit
Tu peux venir toi aussi
T’asseoir ici
je regarde derrière moi
A qui parle-t-elle ?
Je me montre du doigt
M’installe à côté d’elle
En partageant son cercle
et ses ronds de fumée
dessinent en l’air des coeurs
Je m’retiens d’espérer
Marguerite
Serre entre ses doigts
Marguerite
Un bouquet de camélias
Marguerite
Me serre entre ses bras
Marguerite
Me voilà lauréat
Letra extraída de http://musique.ados.fr/Aldebert/La-Dame-Aux-Camel-Lights-t6132.html
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Definiéndome
Quería ser normal, pero no me salía; así que decidí ser como yo.
Pero como al ser como yo, no me apreciaba nadie, opté por ser como tú.
Lo que ocurre es que ciertamente, lo hacías bastante mejor que yo, pues tenías más práctica.
Finalmente me cansé de ser, y acabé por no ser nada.
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Cuando ya no te quede nada
No deseo ser más que tu amigo, y te prometo que
Te acompañaré en tanto que camines sola
Cenaremos los dos si en la mesa no hay más que hambre
Te escucharé mientras todos se tapen los oídos
Dormiré a tu lado las noches que no tengas cama
Me reiré junto a ti de la ridícula tristeza
Perderé también el autobús y esperaremos otro
Compartiré contigo todo lo que soy y lo que tengo
Y ahora, expuestos todos mis buenos propósitos, sólo he de hallar una idea inexistente para que me ames en alguna medida. Me conformaría con la milésima parte de la mitad de una brizna de hierba, con tal de que sea tan verde que no se marchite al calor de la angustia.
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Fecha de mi muerte
Desde que la manipulación genética está a la orden del día, se saben absolutamente todos los datos relativos al desarrollo de los embriones artificialmente concebidos: Color de los ojos y del pelo, habilidades, coeficiente intelectual e incluso la fecha de su defunción, (seguramente a alguien le pareció muy frívolo llamarlo caducidad). Por consiguiente, la reproducción humana y animal mediante procedimientos naturales, ha cesado de estar en boga.
Y este era el panorama en el momento en que me vi en la obligación de denunciar a la Factoria de Reproducción Artificial Europea (FRAE) a causa de una negligencia que cometieron en mi concepción. El motivo por el que protestaba, es que se marcaron el desagradable detalle de dejarme la fecha de mi muerte adherida a la nuca. Seguramente para el que olvidó retirar aquella placa metálica, no se trataba de nada más grave que dejar por error el precio en un regalo; pero ciertamente, me convierte en un desdichado portar esa etiqueta. Nadie se presta a contarme qué reza y es técnicamente imposible verla en un espejo debido a que está diseñada para que sólo pueda leerse con visión directa y luz ultravioleta.
Estalló un escándalo público y la empresa que operaba a nivel europeo, fue conminada a indemnizarme sin previo juicio ante el temor de que una sedición surgiera. Al parecer, aquellos tiempos tan deshumanizados que corrían nos hacían aún más sensibles a los errores humanos que comportaban la infelicidad a los demás. No se trataba de nada permisible en este mundo perfecto de cielo siempre azul, individuos sempiternamente jóvenes e inteligentes y para nada hostigados con el suplicio de un trabajo de más de dos horas diarias.
Al ser la FRAE una empresa multibillonaria, todos creyeron adivinar a ciencia cierta cuál iba a ser mi petición: La cifra más alta de dinero que fuera capaz de pronunciar. Si bien esta tesitura es cuando menos, curiosa: ¿Se imaginan en mi lugar? Venga, dígame el número mayor que pueda. ¿No se le he ocurriría acto seguido otro más cuantioso?
Y quizá fue por eso, o quizá por el simple motivo de que soy estúpido; pero no quise su capital. En vez de eso, les demandé que me contaran de manera oficial, todos los datos que tuvieran sobre mí en su registro privado; entre los cuales, cómo no, se encontraba el día, el mes y el año en que dejaría de respirar y mis órganos serían totalmente reciclados.
La junta directiva de la FRAE, no cabía de gozo en su interior. Se juzgaban a sí mismos muy afortunados porque su único demandante en ciento cincuenta años de trabajo, fuera un excéntrico que carecía totalmente de ambición.
El mismo director gerente de la compañía, me hizo entrega de un documento oficial con el sello de la asociación, metido en un sobre lacrado tal que si nos halláramos el siglo XIX.
El corazón me palpitaba tan deprisa, que casi no podía leer. Los ojos se me querían salir de las cuencas y tenía el rostro desencajado.
Cuando llegué a la línea que por fin revelaba la fecha de mi muerte, no me dio tiempo a terminar de leerla, pero tampoco lo necesité. Fenecí en aquél mismo instante, pues no existe persona alguna en el mundo que pueda ser conocedora de la fecha de su muerte y seguir vivo y ufano como si nada ocurriera.
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Als das Kind Kind war – Cuando el niño era niño
Cuando el niño era niño, era el momento de hacer esas preguntas: ¿Por qué yo soy yo y no tú? ¿Por qué estoy aquí y no allá? ¿Cuándo comenzó el tiempo, y dónde acaba el espacio? ¿No es la vida bajo el sol sólo un sueño? ¿No es lo que veo, oigo y huelo sólo una ilusión de un mundo anterior al mundo? ¿Existe realmente el mal, y existe realmente gente mala? ¿Cómo puede ser que yo, que soy yo, no existiera antes de llegar a ser y que algún día ese que soy yo no será ya quien yo soy?
Cielo sobre Berlín
Win Wenders
El hombre que no sabía decir “te quiero”
Me encanta observarlos detenidamente y simplemente describir lo que veo. Lo hago como si no estuvieran presentes, tal que si no importara que supieran lo que en realidad opino sobre ellos:
-Francamente, me pareces un presumido y un estúpido, Ramón.
-Lo cierto es que tienes una voz digna de ser escuchada, Leticia.
-Es la frase más inteligente que nadie ha pronunciado hoy, señor con bigote y cuyo nombre desconozco.
Siempre actúo igual, menos cuando tendría que confesar algo incómodo. Entonces, aunque me pregunten qué pienso de ellos, o qué me parecen; no soy capaz de responder con nada más complejo que un monosílabo o una perogrullada.
Sin duda -ahora que lo pienso-, se trata del auténtico motivo por el cual nunca me he declarado a nadie diciendo me gustas o te quiero. Sin embargo, inventé un montón de maneras más indirectas y desafortunadas de mostrar mi aprecio, que requerían enormemente más esfuerzo y que además, contaban con la desventaja de que en el caso de rechazo, no se sabía si se debía a mí mismo o a la técnica en sí.
Así pues, cual prepúber que pega a la colegiala de sus sueños, o la asusta con cualquier bicho en pos de atraer su atención; mis estrategias son idénticamente infantiles y ridículas.
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Lo mío
Lo mío no es si te he visto no me acuerdo
Lo mío no es no hay mal que cien años dure
Lo mío no es otra vez quizá haya más suerte
Lo mío no es confórmate con lo que tienes
Lo mío no es mejor olvídate y déjalo correr
Lo mío no es ¿y qué le vamos a hacer ahora?
Lo mío no es bien estuvo mientras duró
Lo mío no es a veces se gana, a veces se pierde
Lo mío no es espera sentado tu turno
Lo mío no es déjame que me lo piense
Lo mío no es mañana te contesto
Lo mío no es a fin de cuentas no era para ti
Lo mío no es tú ya me invitas otro día
Lo mío no es me voy a acostar que madrugo
Lo mío no es luego más tarde si ves que tal
Lo mío no es hacer la compra para el domingo
Lo mío no es estudia y ya verás como apruebas
Lo mío no es ya te llamaré a ver si nos tomamos una cerveza
Lo mío es el aquí, el ahora, el sí incondicional, el mañana Dios proveerá, el si haces eso te mato pero yo ya llevaba un rato haciéndolo, el instante en que vivimos, el jódete y arráscate si te escuece, el quien no se consuela es porque no puede, el lo más probable es que de ahora en adelante todo vaya a peor.
Lo mío es un pesimismo tan empedernido y recalcitrante que incluso la más mínima mota de polvo adquiere sobre el cristal unas dimensiones colosales dignas de ser resaltadas.
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Fábula de la rana y del alacrán
Una vez, en la tierra de Shien-Lon, llovió intensamente durante muchos días seguidos…
Las semanas transcurrían bajo el intenso aguacero, desgranando, gota a gota, el paso inexorable de las horas…
Llovió tanto, que el gran río Yang-Tse, llegó a desbordarse, inundando como un mar todas las comarcas vecinas.
Sólo quedaban sobre el nivel de las aguas, algunas colinas bajas y aisladas, que formaban pequeños remansos, entre el turbulento correr de las aguas…
Pronto también aquellos pequeños promontorios quedarían anegados y todos los seres vivientes en esos refugios se ahogarían.
En una de esas pequeñas islas, rodeadas por un mar de aguas marrones y lodosas, había quedado atrapado un alacrán…
De repente, el alacrán vio a una rana nadando alegremente en el agua.
Entonces el alacrán le dijo:
-Oye rana, llévame sobre tu lomo hasta tierra firme… Si no me salvas, moriré ahogado…
La rana miró al alacrán, dubitativa, y le contestó:
-No… no puedo llevarte, porque si subes sobre mi lomo me picarás y moriré…
-Anda, rana… ¡Sálvame! Prometo formalmente no picarte con mi aguijón…
La rana asomó la verde cabeza fuera del agua y dijo:
-No, no me fío de ti…
-Me picarás… Eres un alacrán…
-¡No!! -respondió el alacrán- ¡No te picaré! ¡Lo juro!
-¡Anda, sálvame! Y puedes tener mi palabra de honor de que no te picaré…
-Está bien -dijo la rana- Acepto tu palabra, pero lo haré con esa condición.
Y así fue como el alacrán montó sobre el lomo de la rana y ambos se dirigieron nadando hacia la salvación…
La rana vigorosa daba amplias brazadas sobre la superficie espejada del agua. Sus fuertes patas traseras impulsaban a ambos en dirección de las tierras altas, dejando una estela de espuma ondulante.
Estuvieron nadando varias horas, hasta que ya se empezaba a divisar sobre el brumoso horizonte la oscura línea que anunciaba las verdes colinas de Lushan, aquellas donde el agua ya no podía llegar y que serían la salvación del alacrán.
Y así, iban bogando, a través de aquel inmenso piélago interior, cuando de repente la rana sintió un fuerte dolor en la nuca..
Era un dolor agudo, lacerante, adormecedor…
Enseguida, comenzó a estremecerse…
El veneno corría raudo a través de sus venas, paralizando los miembros y obnubilando los sentidos…
La rana se dio cuenta de que el aguijón del alacrán había penetrado en sus carnes, inyectando el letal veneno…
Ya, en el último instante de lucidez, alcanzó a musitar:
-Alacrán… ¿Por qué me has picado?
-La tierra firme aún está muy lejos, ahora moriremos los dos…
Y mientras ambos se hundían en el agua, irremisiblemente, el alacrán alcanzó a decir:
-Perdóname… No pude evitarlo…
-Soy un alacrán…
Alejandro Lanoël D’Aussenac
Extraída de http://members.fortunecity.es/tueditor/larana.htm
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