Mito, logos y Misósofos
Soy un imbécil concienzudo que acabará por domar las palabras. Cuando lo haya logrado primero será el mito, luego el logos y después por último, yo; ad aeternum.
Voy a estar por encima del bien y del mal, de la justicia de los hombres, de la moral, de las críticas, de la estética, de lo superfluo, de las convenciones y de todo aquello que aqueja a los mortales.
Me miraréis y exclamaréis cuarenta y seis veces al día, -¿Por qué mí nunca me sucede lo que a este tipo?- Será en ese momento cuando os daré de lado sin contaros nada. Por supuesto, todos vendréis a mí, suplicando, sollozando, arrastrándoos en un charco de babas y lágrimas; mas no os haré caso, pues estábais avisados con suficiente antelación y ninguno de vosotros me siguió incondicionalmente.
¿Alguien se abraza a la misosofía antes de que expire el plazo mañana? No siempre se os presentará un mesías tan carismático.
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