La monjita
Aquella monja que nos daba clase de religión, justificó un día una de esas mentiras que tanto nos decía que ofenden a Dios.
-¡Pero eso no es mentir! Es como cuando viene alguien a mi casa a preguntar si está una persona, y salgo yo y le digo que no está aquí. Diciendo “aquí” me refiero a mi lado, al espacio alrededor de mí; la persona a la que buscan puede estar en otra habitación y yo no habría dicho una mentira.
Eso era ser una mujer de Dios, en la década de los noventa: Aprovecharse de los recovecos del lenguaje, como un leguleyo de los legales.
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Velocidad y tocino
La velocidad y el tocino, están íntimamente ligadas.
Cuanta menos grasa consumimos, menos gordos estamos y a más velocidad somos capaces de correr o andar.
De ahí que el antiguo dicho popular ¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino?, que intentaba expresar el desacuerdo sobre una relación falsa nuestro interlocutor establece; sea un sinsentido.