Als das Kind Kind war – Cuando el niño era niño
Cuando el niño era niño, era el momento de hacer esas preguntas: ¿Por qué yo soy yo y no tú? ¿Por qué estoy aquí y no allá? ¿Cuándo comenzó el tiempo, y dónde acaba el espacio? ¿No es la vida bajo el sol sólo un sueño? ¿No es lo que veo, oigo y huelo sólo una ilusión de un mundo anterior al mundo? ¿Existe realmente el mal, y existe realmente gente mala? ¿Cómo puede ser que yo, que soy yo, no existiera antes de llegar a ser y que algún día ese que soy yo no será ya quien yo soy?
Cielo sobre Berlín
Win Wenders
El hombre que no sabía decir “te quiero”
Me encanta observarlos detenidamente y simplemente describir lo que veo. Lo hago como si no estuvieran presentes, tal que si no importara que supieran lo que en realidad opino sobre ellos:
-Francamente, me pareces un presumido y un estúpido, Ramón.
-Lo cierto es que tienes una voz digna de ser escuchada, Leticia.
-Es la frase más inteligente que nadie ha pronunciado hoy, señor con bigote y cuyo nombre desconozco.
Siempre actúo igual, menos cuando tendría que confesar algo incómodo. Entonces, aunque me pregunten qué pienso de ellos, o qué me parecen; no soy capaz de responder con nada más complejo que un monosílabo o una perogrullada.
Sin duda -ahora que lo pienso-, se trata del auténtico motivo por el cual nunca me he declarado a nadie diciendo me gustas o te quiero. Sin embargo, inventé un montón de maneras más indirectas y desafortunadas de mostrar mi aprecio, que requerían enormemente más esfuerzo y que además, contaban con la desventaja de que en el caso de rechazo, no se sabía si se debía a mí mismo o a la técnica en sí.
Así pues, cual prepúber que pega a la colegiala de sus sueños, o la asusta con cualquier bicho en pos de atraer su atención; mis estrategias son idénticamente infantiles y ridículas.
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