Archive for febrero 4th, 2008

Epístola a un profesor de alemán

Apreciado Herr Ludwig:

Me dirijo a usted para comunicarle que me aflige una gran pesadumbre, puesto que a pesar de lo interesado que estoy en la lengua y literatura alemanas (interés que sin duda, me ha sabido incultar usted), y de cuán magníficamente imparte su clase gracias a la experiencia en la enseñanza que ostenta; he de confesarle que no he estudiado su examen ni tan siquiera el tiempo que se tarda en saludar con un decoroso Wie gehts es Ihnen?.
Estuve tentado por la idea de decirle que me han fijado, además de la suya, otra evaluación (para más inri, de una asignatura cuatrimestral); y que por más que me doliera, había decidido relegar a un segundo plano ésta; si bien, lícito es reconocerlo, es la única que realmente me motiva e ilusiona este año.
Sin embargo, merced al respeto y simpatía que le profeso, le voy a contar la verdad; por si acaso le importa, o simplemente porque tal vez usted, que ha recorrido medio mundo y es un adulto de cierta edad, pueda y le apetezca mostrarme algún ardid para remediar la que actualmente constituye la principal razón de mi fracaso académico. La cantilena oficial, ya la guardo para contársela al otro profesor, al cual no me hallo predispuesto a hacerle ningún tipo de confidencia.

El asunto en cuestión, es que sufro terriblemente de una enfermedad crónica que erradica por completo mi capacidad de concentración, que atenaza mi garganta como las manos de un gigante corpulento cuya madre hubiera ofendido y que convierte a todas mis inquietudes intelectuales en algo nimio y superfluo tal que el polvo que se acumula en la colección de discos de vinilo que seguramente atesora en el altillo de su casa.
Se trata de un mal terrible, que me obliga a comportarme muchas veces como un loco, y casi siempre deja claro y patente que no soy más que un estúpido corriente y moliente; que me conduce al hastío, al derrotismo y turba mi psique hasta tal punto que lo realmente extraño es que consiga redactar esta carta de manera más o menos coherente, dado el estado terminal en que me encuentro.
Intuyo que en su infinita sabiduría, ya habrá adivinado de qué se trata : Amour fou, es el el término exacto acuñado por un médico francés que se autoproclamó su descubridor. Y en efecto, los síntomas son claros y patentes: Estoy enamorado hasta el tuétano y rezuman amor cada uno de los poros de mi piel. Incluso el último centímetro cúbico de la sangre que circula por mis venas, está compuesto en su totalidad de amor; el más ínfimo y fugaz pensamiento que pueda albergar mi mente, es amor; sigo con vida no por apego a la existencia, sino por mero, simple y paradigmático amor.

Espero que sepa perdonarme, si ni tan sólo alcanzo a conjugar el verbo sein, o si lo único que conozco de los starke verben, es el nombre. No puedo menos que dejar constancia de que no pretendo agraviar el idioma de Goethe o de Herman Hesse; flexivo, aglutinante, egregio y noble como la impronta que en él reside, proveniente sin duda del sentimiento y bagaje cultural del pueblo germano.

Lo he intentado de mil formas, pero hasta el mismo ruido de las hojas al pasarlas, evoca en mí sensaciones contradictorias. Leo a veces en voz alta, otras para mis adentros : eins, zwei, drei, vier, fünf… Mas enseguida el cerebro se me fatiga de la mecánica del aprendizaje, y en lugar de memorizar, traigo a la memoria unos ojos hermosísimos, formados por dos círculos concéntricos cada uno de un color precioso a la par que incierto. Retomo entonces la tarea desde el principio, con la intención de llegar más lejos : eins, zwei, drei, vier, fünf, sechs, sieben, acht… Y la imaginación se eleva de nuevo, cual pájaro alicortado impedido para arribar al nido, al que sólo le queda descender de su vuelo a sabiendas de que va a ser abatido por cualquier depredador hostil.
Me inclino a probar con otro apartado: Ich spreche, du sprichst, er spricht, wir sprachen, ihr…. Ich liebe die Fremde! Tampoco ahora la suerte me sonríe, y me hallo solo, ajeno a lo demás; desganado, apático y colmado de deseo insatisfecho.

Tenga presente, Mein Herr; que en el caso de que opte por responder esta demanda tan descabellada, no me conformaré con un Die liebe is ein wildes Tier, ni con ninguna otra frase ya enunciada pretéritamente por célebre que esta sea; pues se da la especial circunstancia de que ya las conozco todas incluso en aquellos idiomas cuya denominación ignoro. Al oírlas, las concibo, las entiendo sin literalidad, como un hablante nato; extráigoles el sentido y el sentimiento como a una naranja exprimida cuyo zumo posee un regusto amargo a causa de los trozos de cáscara que contiene; jugo que ya he bebido sin azúcar, con el fin de comprender la amargura, que tanto viene captando mi atención en los últimos meses.

De ningún modo quisiera despedirme, sin antes reiterarle lo afortunado que me considero por contar con usted como profesor ni sin aclarar que por supuesto, no aspiro a obtener de parte suya un mal merecido aprobado por lástima, incompatible tanto con su integridad y hombría de bien, como con el último resquicio de dignidad que conservo a buen recaudo, si bien no sería capaz de precisar donde.

Vielen Dank,

Misósofos

¿Qué te ha parecido?
Increíble (0) Interesante (0) Asqueroso (0) Malísimo (0) Normal (0) Idiota (0)

13 comments - What do you think?  Posted by Misosofos - 04/02/2008 at 00:00

Categories: Pequeños relatos   Tags:

Switch to our mobile site