Fóllate a mi pluma
Me confesó que no le gustaba mi cara, ni mi forma de ser, que le parecía torpe y que jamás se hubiera fijado en mí si no fuera por las cosas que escribo.
Entonces la increpé: -Pues toma mi pluma, fóllatela y quédate preñada de sus ideas. Seguro que parirás la abominación más grande que se haya conocido y juntos formaréis una familia preciosa.
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