Ma mère voici le temps venu
D’aller prier pour mon salut
Mathilde est revenue
Bougnat tu peux garder ton vin
Ce soir je boirai mon chagrin
Mathilde est revenue
Toi la servante toi la Maria
Vaudrait peut-être mieux changer nos draps
Mathilde est revenue
Mes amis ne me laissez pas
Ce soir je repars au combat
Maudite Mathilde puisque te voilà
Mon cœur mon cœur ne t’emballe pas
Fais comme si tu ne savais pas
Que la Mathilde est revenue
Mon cœur arrête de répéter
Qu’elle est plus belle qu’avant l’été
La Mathilde qui est revenue
Mon cœur arrête de bringuebaler
Souviens-toi qu’elle t’a déchiré
La Mathilde qui est revenue
Mes amis ne me laissez pas non
Dites-moi dites-moi qu’il ne faut pas
Maudite Mathilde puisque te voilà
Et vous mes mains restez tranquilles
C’est un chien qui nous revient de la ville
Mathilde est revenue
Et vous mes mains ne frappez pas
Tout ça ne vous regarde pas
Mathilde est revenue
Et vous mes mains ne tremblez plus
Souvenez-vous quand je vous pleurais dessus
Mathilde est revenue
Vous mes mains ne vous ouvrez pas
Vous mes bras ne vous tendez pas
Sacrée Mathilde puisque te voilà
Ma mère arrête tes prières
Ton Jacques retourne en enfer
Mathilde m’est revenue
Bougnat apporte-nous du vin
Celui des noces et des festins
Mathilde m’est revenue
Toi la servante toi la Maria
Va tendre mon grand lit de draps
Mathilde m’est revenue
Amis ne comptez plus sur moi
Je crache au ciel encore une fois
Ma belle Mathilde puisque te voilà, te voilà.
Letra extraída de http://www.lyricsdownload.com/jacques-brel-mathilde-lyrics.html
Era una especie extraña de pornochacho, que en vez de limpiar lo ponía todo cada vez más sucio. Había momentos en los que parecía que era imposible acumular más deshechos, mugre y malos olores en aquél habitáculo comprado por sus padres -eso sí, con la precaución de escriturarlo al nombre de estos, y no al de Perico-, pero luego, la putrefacta realidad superaba al pronóstico más agorero hecho por la vieja maruja protestona del bloque.
Vivía en una casucha de grandes ventanales, para desgracia de sus vecinos, que se veían obligados a contemplar un espectáculo entre lo erótico-sórdido y lo dantesco con más frecuencia de la humanamente deseable.
Su auténtica pasión por todo lo que significara vicio; hacía que se diera al juego, a las prostitutas, a la cocaína, a los porros y un largo etcétera que se prolongaba tanto como nombres de cuantos malos hábitos conocía. Si en su conocimiento hubiera existido algún otro mal hábito y se lo hubiera podido costear también con el dinero que sustraía de sus acaudalados padres; es seguro que lo habría añadido al rosario de virtudes que hacía que se lo adjetivara antes de beduino del desierto de Gobi que como bellísima persona.
Se llamaba Pedro, pero al ser el primero entre sus, primero cuadrilla de amigos y luego pandilla de drogadictos; le acabaron por decir Perico por ser el primero en probar la farlopa y el que se atrevió posteriormente a inoculársela directa en vena.
Un personaje como él, tal vez por mofa del topododeroso o por puta casualidad; era el ilustre propietario de un perro que que antes de perro fue canis lupus de elite, para ahora verse convertido en portador de bacterias y parásitos. La comunidad de garrapatas había aflorado tan lujuriosamente en su lomo de pelo pardo, mortecino y con rodales totalmente desprovistos de éste. Las tenía pequeñas y oscuras, medianas y algo marrones, grandes cuales garbanzos y grises; todas ellas extrayéndole la poca vida que le quedaba de sus enjutas carnes. Los ojos, inyectados en sangre, no recordaban ni vagamente a unos ojos, tan saltones y enfermizos que se hacía imposible sostenerle la mirada.
Al contrario que su amo, Scottex sí que tuvo una época dorada. Después de hacer aquél anuncio televisivo que lo lanzó a la fama, se vio convertido en el pretendiente ideal para todas las perritas del barrio; cuyos dueños casi imploraban a los señores Brown, -una familia británica instalada en Alcorcón-, que las preñara.
Scottex se fue volviendo viejo con los años, como todos; sin embargo, jamás existirá asociación contra el maltrato animal alguna que mande en los corazones de las personas. Scottex, harto del desdén y desatención de sus propietarios, escapó una noche de fin de año sin que nadie se tomara la infinita molestia de pegar carteles con su nombre o preguntar a los residentes si alguno lo había visto.
Acabó tirado en la cuneta, con un golpe en la cabeza, hasta que Perico lo recogió una madrugada en la que casualmente iba a comprar caballo con un dinero sustraído previamente del bolso de su madre, que comenzaba a considerar la idea a recibir visitas suyas sin un par se guardias de seguridad vigilándolo.
La historia de sus miserias, penurias, calamidades, atropellos, atrocidades y demás anécdotas desagradables de saber, serán las que ocupen las páginas que siguen.