Archive for febrero, 2009

Jacques Brel – Les fenêtres

Letra de Les fenêtres, de Jacques Brel.

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1 comment - What do you think?  Posted by Misosofos - 19/02/2009 at 16:52

Categories: Música   Tags:

Huelga de pollas caídas

Lo malo no es que sean todas unas putas, (en París, faltan esquinas para tantas de ellas) sino que hay demasiadas personas dispuestas a pagar por lleváselas a la cama. Al final acabará creándose una burbuja sexual parecida a la actual burbuja inmobiliaria y habrá una crisis ante la que protestará una población masculina en huelga de pollas caídas.

Los carteles de los manifestantes rezarán cosas como: “Soy el límite. Si es un poco más guapo que yo, es gay.” Y otro “Nosotros los feos, sí que hemos inventado formas de hacernos querer.” “El amor no existe mientras se piensa en él”. “No es que sea infiel; es que me gusta aparcar mi coche en distintos sitios, pero que nadie lo meta en el mío”.

Mientras que el mundo se subleva, que los que no follan no olviden que la amistad no es ningún consuelo y que se sientan libres de desear: El deseo es lo único que jamás se puede arrebatar a nadie.

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1 comment - What do you think?  Posted by Misosofos - 17/02/2009 at 05:41

Categories: Pequeños relatos   Tags:

Idem, eadem, idem

Es mi propia libertad, la que me impide ser libre. Nunca supe elegir, pues para mí no existían opciones. Era lo mismo una camiseta blanca, azul o amarilla; estudiar ciencias o letras. El libre albedrío aboca a un existencialismo que a su vez desemboca en la nada.

La mayoría viven expectantes de ilusiones venideras. Un perro, un pulpo o una sanguijuela habría aprendido más de la propia experiencia. Esperar algo, es un rechazo total del empirismo o una idiotez. Sólo los tontos son felices con lo que tienen; los imbéciles son aquellos que alcanzan sus metas y se delectan en ellas.

En este contexto, lógicamente no hay éxito ni tampoco fracaso. Ni gozo ni congoja. No merece la pena morir por nada ni mucho menos por nadie. Somos meras máquinas que transforman la comida en mierda y que viven para joder a sus semejantes.

No daría ni un céntimo por los sueños de nadie y carezco de propios.

La música, el arte, la literatura, el placer por la buena mesa, la amistad y las conversaciones entre amigos; las drogas, el sexo y el amor acompañado y ausente de él; el lujo que compra el dinero, la juventud, los videojuegos, los paseos primaverales, la religión que promete paraísos y las coincidencias sólo consisten en anécdotas pasajeras que para nada dan un motivo para hacer, decir, imaginar ni esforzarse por nada.

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3 comments - What do you think?  Posted by Misosofos - 13/02/2009 at 05:05

Categories: Pequeños relatos   Tags:

Preparar San Valentín

Son las ocho de la mañana. Creo que me he quedado dormido en la silla; aunque no tanto como para soltar la cerveza que agarro fuertemente, hasta casi abollar la lata. Apuro su contenido mientras me pongo en situación y compruebo que los tres preservativos con los que salí de casa, siguen intactos en mi cartera. Abro la ventana y hace frío. No llevo más de dos horas en esta habitación, desde luego. A las seis de la mañana tomé un metro que me devolvió al lugar del que nunca debí salir. Ha sido una noche pésima y lo peor de todo es que no estoy nada cansado; por lo cual sorteo la cama, como si se tratara del lugar menos placentero del universo. Este nuevo yo infatigable es el producto de cómo ha avanzado mi manera de sorber. De pequeño, tomaba la leche en biberón. Posteriormente pasé a beberla con pajita de plástico en un vaso, para más tarde acabar haciéndolo a tragos. Hoy, he cambiado la pajita por un billete enrollado y la leche por cocaína.

Odio que me traten como lo hizo aquella puta rusa ayer. Risitas, complicidad, caricias primero en mi mano, luego en la mejilla y hasta en mi cabecita… Luego unos cuantos besos, sin demasiada pasión. Yo también estaba borracho y sin embargo tenía una erección. No voy a decir que era una erección como la que se tiene al estar cepillándose a una modelo de pasarela que te pone la polla entre sus pechos y te lame el capullo con la punta de la lengua. No. Era más bien como si se tratara de una rusa que bebe vodka con cerveza, echándome a cada risotada un pestilente aliento a alcohol que no sólo no me molestaba lo más mínimo, sino que combinaba perfectamente con el mío. La acompañé a casa. Cuando llegamos a su dormitorio, me percaté de que su libido se había disuelto en el alcohol que había ingerido como una máquina de tragar pollas engrasándose, que sin embargo ahora no estaba lista para cumplir su cometido. Intenté invitarla a un par de rayas para que se repusiera. Me río yo del ibuprofeno y de esos remedios químicos de farmacia. Lo que ocurría era que no podía aspirar, ya que parecía que estaba casi en coma. ¿Cómo podría dejarla así? Al fin y al cabo, soy un alma bondadosa que se preocupa por las mujeres aunque ni siquiera sirvan para su función principal: el sexo. Sexo cálido, tórrido, mi miembro sintiendo el calor de las paredes de su vagina y mis manos pellizcando sus pezones mientras oigo sus gemidos. ¡Qué difícil era renunciar a aquello  para más inri, después de haberme hecho ya a la idea!

Esta madrugada diríase que no iba a haber nada de mete-saca. Pensar que me enrollé con esta jodida rusa en lugar de con una polaca de aspecto remilgado… Tomé la decisión aparte de porque nunca me había tirado a una tía de esa nacionalidad (polacas ya tenía dos en mi haber), por la sencilla razón de que me había contado que vivía al lado del tugurio donde la conocí y deduje que así sería más fácil llevármela al huerto. Me pone realmente de mala hostia sólo pensarlo.

Vivía sola. Así son las niñas con pasta. Dado que  no duermen en ningún salón a la vista de cualquier visita, siempre tienen la oportunidad de follar y no les importa para nada dejar escapar una. La desvestí para meterla en la cama. Es como si la viera ahora mismo: Su sujetador es de esos sin aro ni relleno. Las tetas que le palpaba por encima de la camiseta en el bar, eran realmente suyas y ahora están las dos frente a mí  mirándome, invitándome a que las chupe, las succione, las muerda revistiendo mis dientes con los labios y las palpe como si quisiera esculpirlas de nuevo. Con la mejor voluntad del mundo, me percato de que lleva un tanga con la inscripción Happy New Year 2009. No recuerdo qué estaba haciendo en nochevieja pero con total seguridad, no me estaba acostando aquella rusa. ¿Por qué las fuerzas del destino se confabularán contra mí, para hacerme pecar y obrar como un ateo que no teme la ira de Dios? Se lo quito y sigue dormida. La verga me va a reventar. Me bajo los pantalones y los calzoncillos. Ni siquiera se me pasa por la cabeza ponerme uno de las tres gomas que traje a tal efecto. La penetro poco a poco, como si no quisiera desvelarla. Y hete aquí que… ¡Sorpresa! La muy hija de puta se despierta, y empieza a dar tremendos alaridos de placer. Me pone a cien. Aún sigue demasiado borracha. ¿Y si me corro dentro? Total, en aproximadamente una hora estaré en casa y llenar ese chochito extranjero de mi néctar, me parece una opción más que recomendable para mi ego masculino.

Sigo con la historia: la rusa comenzó a besarme. Caí en la cuenta de que no podía dirigirme a ella por su nombre, porque no lo oí cuando me lo dijo y entre revelármelo y comenzar a manosearla, no transcurrieron más de dos minutos en los cuales no estaba pensando en absoluto en retener nada en mi cerebro rebozado en alcohol y polvo de Colombia. Ya casi estaba. Podría haber retrasado la eyaculación, pero no le veía sentido. Aumenté la velocidad de los vaivenes y procuré hincársela hasta el fondo; siempre que lo hago sin condón, deseo que mi leche quede perfectamente en el interior y que no se salga durante la retirada de mi cipote del coño; que mi glande llegue hasta lo más alto que la largura del miembro me permita…

¡Sí! Cómo me gustó aquel polvo. Salí de allí corriendo, dejándola desnuda, mientras balbuceaba algo ininteligible quizás en su idioma. Tenía claro que no iba a volver a verla ni a saber nada de ella. Pero me haría mucha gracia la idea de haberla dejado preñada. Me imagino a un hijo mío medio ruso del que además nunca tendré que ocuparme, bebiendo vodka en las calles moscovitas y ventilándose a bailarinas rusas con tutú, detrás de los bastidores de un teatro comunista derruido. La verdad es que me encanta. No obstante ahora, no estoy bajo los efectos de la cocaína. Y me arrepiento un poco de ser así… Y de haber pasado la noche como la pasé… De hacer lo que hice en definitiva. Lo cierto es que, otras veces se me había dado mucho mejor. ¡Mierda! La polaca estaba mucho más buena y además, no había bebido tanto. Se me podría haber ocurrido darle un poco de mandanga para desinhibirla; puede que disuelta en su bebida en el caso de que no hubiera aceptado de buen grado… Así mi hijo se follaría a bailarinas de polska… Me siento el peor padre del mundo. Bueno, ya se me pasará en cualquier caso, después de echar una cabezadita. Al fin y al cabo, ya he escrito mi historia.

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3 comments - What do you think?  Posted by Misosofos - 09/02/2009 at 08:42

Categories: Pequeños relatos   Tags:

Perico y Scottex

Scottex estaba tendido sobre su puf como el perro esnob en el que se había convertido. El contraste con respecto a épocas pretéritas era flagrante. Sin embargo, el sopor que lo invadía, tampoco recordaba para nada a la actividad que siempre lo embargaba cuando su cuerpo estaba cubierto de parásitos y el olor que expelía hubiera asustado a los encargados de las peluquerías caninas que ahora visitaba.
Todo un can sibarita que sin saber por qué, se encontraba fatal, tenía la mirada apagada y se movía torpemente como si la vida fuera a abandonarlo de un momento a otro. Curiosamente, en los tiempos en que su amo sólo consumía droga en lugar de venderla, entre toda la podredumbre, jamás había enfermado. Los veterinarios no sabían qué le ocurría. Perico estaba ciertamente preocupado por él. Llevaba días sin moverse del sitio, con los ojos hinchados, cabizbajo y tomando pastillas.
Le iban a hacer unas pruebas por si tenía algún tipo de cáncer.

El Etarra, había instado varias veces al Etarra a sacrificarlo. Era ridículo gastar aquella cantidad de dinero en un chucho. Ambos paseaban por el centro comercial, mientras hablaban sobre el asunto.
En la Parafarmacia, había una chica menuda, con el cabello largo y aquellos ojos singulares que tantas veces habían aparecido en los sueños de Perico. Iba cogido del brazo de un apuesto joven y parecían divertirse mientras elegían algunos preservativos.

-Ja, ja, ja. ¡Mira eso! – Vociferó el etarra, reprimiendo un poco su voz. Era una extraña habilidad la que poseía, por llamarla de alguna manera, y que sacaba a relucir en los momentos más inoportunos. Hablaba en voz baja y gritaba a la vez.
-¿Qué?- Preguntó Perico, temiéndose lo peor, al oír ese tonillo de tú no eres como yo, sino un insecto creado por la divina providencia para retorcerte en la podredumbre.

-¿Esa no es Adriana? ¿Te has fijado en el soplapollas que la acompaña? Yo diría que está incluso más buena que antes. – Hurgó un poco más El Etarra.

Perico no decía nada. Se había olvidado de su perro moribundo. También seguramente había olvidado un sinfín de cosas de las que ya no se acordaría nunca. Sin duda, era más alto, más guapo, más fuerte y más inteligente que él.

Además tenía más pelo, saltaba a la vista que su polla mediría casi el doble que la suya y por si fuera poco, se estaba cepillando a la chica que lo hubiera hecho experimentar la felicidad completa con tan solo rozarle la mejilla con el envés de su mano.

El ser humano como individuo, resultaba ridículo. Perico se resultaba ridículo a sí mismo, en tanto que era uno de ellos. Una extraña causa inexplicable, inducía a cada persona a sentirse superior a las demás. O si no superior, al menos más especial. Cada uno era para sus adentros el dueño de un mundo interior más rico en sabores, aromas, texturas y sensibilidad que los del resto. Le costaba admitirlo, pero por primera vez en su vida, se había sentido peor que otro; a escala global, sin ningún tipo de concesión a su ego.

Hasta ese momento, siempre había estado ufano de pensar: Bah, es más guapo, pero seguro que es más imbécil.

Otras veces: Bueno, tal vez saque mejores notas, pero yo le echo más imaginación a la vida.

E incluso: ¿Y qué si folla más que yo? Seguro que no es capaz de sentir el amor tan intensamente como yo lo hago.

Ahora, no obstante, se había quedado sin excusas para ofrecerse a sí mismo. Una cucaracha con algo de coraje, le podría haber pisado la cabeza si hubiera tenido el más mínimo interés en ello.

La meta tan elevada que se había fijado, no era imposible de conseguir. Había otro que lo había hecho y para más inri, seguramente sin el mínimo esfuerzo.

-Me piro. He quedado con tipo para hacer un trato- Concluyó el excajero de supermercado, después de un par de minutos.

-¿No la saludas? A ver si es que todavía te gusta. ¿Te vas a poner rojo?- Sentenció el Etarra.

Le dieron ganas de golpear a su socio, de rajarlo de arriba abajo para después sacar sus intestinos, vaciárselos en la cara, descuartizarlo y meter los pedacitos resultantes en latas de conserva que sirvieran como comida para gatos. Controló el impulso y dedujo rápidamente que fingir que nada pasaba, era lo mejor.

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Be the first to comment - What do you think?  Posted by Misosofos - 06/02/2009 at 05:27

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