Sandía sin semillas

Entre estación y estación del metro, vi uno de tantos anuncios que prometen felicidad sin límites, o bien, que promocionan algún evento al cual se debe sin duda asistir. Sin embargo, como es el caso de muchos de estos desplegados de papel, algunos gozan de mayor presupuesto que otros, tanto para su diseño, como para la calidad de sus colores e ingenio de las campañas. Me detuve entonces frente a un gran camaleón que ostentaba, pantagruélico, una gama de colores entre el amarillo, el azul y el rojo.

Me miró, o al menos esa sensación tuve, y me aprestaba a preguntarle “¿qué vendes?”, cuando uno de sus ojos independientes me dirigió hacia tres círculos de borde verdoso con centros amarillo y rojo, y que se encontraban a un costado de él. Volví a mirar al camaleón, y él, pensando quizás que debía ser tonto, hizo saltar un poco su otro ojo para dirigirme hacia las tres o cuatro palabras que figuraban en el cartel además de los círculos antes mencionados.

Caí en cuenta inmediatamente. No se trataba de una pintura de la vanguardia rusa, como aquellos que se presentaron en París hacía apenas dos o tres meses. No era un Malevich que hubiese perdido la cuadratura. Eran tres rebanadas de sandía sin semilla promocionadas por un camaleón.

Varias preguntas vinieron a mi mente: 1.- ¿cuál es el vínculo semántico entre esas dos especies separadas por la evolución hace millones de años? 2.- Sin el camaleón, ¿habrían vendido igual número de sandías? Y sobre todo, 3.- ¿para qué sirve una sandía sin semillas?

Para responder a la primer pregunta me acerqué a la poderosa wikipedia sin obtener ninguna respuesta que incluyese a ambas especies en el mismo artículo. Posteriormente, hice una búsqueda de términos por separado, la cual desplegó una cantidad de información relativa a la descripción botánica y zoológica respectivas. Seguía sin comprender, así que decidí ir más lejos, escribiendo camaleón+sandía. Pero todo fue en vano. Google se declaró incapaz de aluzar el camino que me guiase hacia una respuesta convincente. Por lo tanto, me vi obligado a aceptar dogmáticamente su cohabitación en aquel cuadrilátero del metro parisino.

La segunda pregunta, requeriría del acceso a la base de datos de la compañía vendedora de sandías, con el objetivo de hacer un análisis diacrónico de la evolución de las ventas anteriores y posteriores a la asociación gráfica sandía-camaleón. Sin embargo, mi nula injerencia en la administración de dicha compañía, me impidió obtener la información necesaria, y por lo tanto, declararé la respuesta inalcanzable. La oscuridad de la ignorancia continuaba ganando espacio, y las preguntas, continuaban siendo sólo eso, sin su complemento de réplica que se esperaría para todo pregunta formulada en el mundo.

Para hacer contrapeso a la frustración de la segunda pregunta, trataré de ser claro en la respuesta de la tercera, desde mi humilde y e ingenieril punto de vista.

Un fruto partenocárpico, es, en términos agronómicos, aquel óvulo fecundado y maduro que no posee semillas. Dicha cualidad, es alcanzada mediante manipulaciones de cruce de variedades de una misma especie que conducen a la obtención de frutos incapaces de reproducirse, es decir, híbridos asexuados que han sido producidos mediante técnicas distintas a la germinación natural que es menester de toda semilla. Sin embargo, esta definición no responde aún a nuestra pregunta. Como dije anteriormente, la respuesta es simple. Y es que un fruto sin semilla no sirve para nada. Sentencia que puede parecer parca, pero que proviene de la autoridad moral de mi maestro de fruticultura. Así lo profesaba él, investigador en mejoramiento genético: “Es como muchas cosas en la vida”, decía, “¿cuántas de los alimentos que se venden tienen en realidad una función real? Nutracéuticos, con un menor contenido de grasas, con mayor contenido de agua, con aspartame, con empaques complicados, etc., para qué sirven”. De lo que hablaba en el fondo dicho profesor, es que ese tipo de productos van dirigidos para personas que buscaban el mínimo esfuerzo, la evasión de cualquier sensación desagradable, y por lo tanto indeseable, como lo es, tener que expulsar las semillas desagradablemente negras, de sus bocas inmaculadas; tener que agarrarlas con sus limpios dedos, para finalmente, ponerlas sobre un plato que después habría que vaciar en el bote de la basura y lavar. Y es que, a pesar de que la sandía podrá ser disfrutada sin interrupción alguna, eso no quiere decir que las sandías sin semilla “sirvan” para algo. Filosofía agronómica pura y dura.

Esta más que claro, se trata de una aplicación más de la ciencia en pro de una satisfacción total, donde sandías brillantes, con tejidos a punto de explotar en una fuente de azúcares y colores, podrá ser mordida, parte por parte, sin que la persona deba detenerse. Hasta que la saciedad prometida por el camaleón llegue al hipotálamo y diga: “es la mejor sandía del mundo”.

Si hay lectores que sean adeptos a este tipo de productos y que consideren que este punto de vista es retrógrada, les haré recordar algunas sensaciones que se perderán de su memoria al consumir estos productos.

Retrato de una sandía no partenocárpica

Las semillas negras, con su capa ligera y húmeda que las hace escurridizas, tratando de escapar de nuestros dedos, como un pez que ha sido sacado del agua. La corteza medianamente dura de una de los cientos de gotas oscuras que se ha logrado sujetar, no sin gran dificultad, y que es guillotinada por los dientes haciendo salir la pepa color blanco hueso. Sandías no germinadas, siendo tamizadas ágilmente por nuestra lengua y dientes, separando por una parte el jugo y la pulpa dulce, y por otra, las semillas. Los dedos pegajosos que un niño no duda en chupar hasta que todo rastro de sacarina ha sido lamido, y las pepas escupidas con la dificultad de sus labios neófitos . La cara moteada de una rebanada vista de frente, el contraste del rojo y el blanco de la parte cercana a la cáscara, con el verde duro, ligeramente lignificado que proteger la descendencia que duerme al interior. El sonido de un sorber del jugo que amenaza con escapar a la mordida para caer al suelo, o a la mano que tratará de evitar que caiga al suelo junto con los puntos negros. Las pequeñas balas que se proyectan cuando se las presiona entre los dedos, llevándolas siempre hacia una trayectoria azarosa, que incluso los lanzadores más experimentados en sandías, penan para controlar.

Que cada quién coma lo que quiera, pero no me digan que una sandía sin semillas sirve para algo.

¿Qué te ha parecido?
Increíble (0) Interesante (0) Asqueroso (0) Malísimo (0) Normal (0) Idiota (0)

4 Responses to “Sandía sin semillas”

  1. Misosofos says:

    jajajajaja
    Nunca pensé que se pudiera hacer un análisis tan profundo de una sandía sin semillas. Ni que se pudiera estar en contra, sólo por una frase que pronunció un profesor tuyo.
    De cualquier modo, cada día estás más loco, mi cuate. Enhorabuena.

  2. brunoh says:

    tas re al pedo…
    taba buscando un grafico de una semilla cualquiera
    y lei una sandia sin semillas?! q rico!!!
    bue…no lo lei ni lo pienso hacer pero estas muy al pedo man

  3. romina says:

    hola no entendi un porongo me mandas un video?

Leave a Reply