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Salir del pueblo

Creo que durante años no me ocurrieron acontecimientos dignos de ser narrados. De pequeño siempre juzgaba el pasado como feliz y merecedor de recordarlo, casi como una sucesión de episodios gloriosos. Y es que la vida me iba demasiado mal como para poder tan siquiera vislumbrar que había horizones más lejanos con los que en aquel momento ni tan siquiera me atrevía a soñar. Con el claro objetivo de rememorar algún día la infancia, mi yo adolescente guardó casi todas mis pertenencias bien embaladas para la posteridad, entre las cuales se encontraban: algunos juguetes de cuerda, un coche teledirigido, mi primera videoconsola, un chicle Boomer junto con otras golosinas de la época, relojes de plástico cuyo interior contenía varias bolitas que jamás salían de un laberinto de tabiques transparentes, algunas fotografías de excursiones escolares….

Un día me di cuenta de que en realidad no había nada que recordar. Dejé de sentir nostalgia para siempre como si todo lo que hubiera hecho y vivido hasta ese momento no tuviera por qué mencionarse ni recrearse de nuevo en mi memoria. Los juguetes ardieron igual que los libros de preescolar y todo lo demás, sin causarme la más mínima tribulación. Era como si hubiera vivido en un cuerpo y un lugar que no me correspondían, así que los juegos y las diversiones de la infancia ya no me resultaban divertidos; y dudaba que jamás lo hubieran sido, ni siquiera de niño. Tampoco los libros, revistas y cuadernos escolares atestados de ejercicios con sus respectivas correcciones juzgaba que me hubieran enseñado nada ni servido para nada.

No me gustaba aquel pueblo y nunca lo había hecho. En cuanto fui consciente de la parte tan importante de mi propia experiencia vital que había negligentemente perdido, comencé a odiarlo con más fuerza que nunca. Las gentes siempre caminaban despacio entre fachadas cuarteadas y pintadas de cal a rodales. No tenían adónde ir ni nada mejor que hacer que esperar hasta el  día de su muerte deglutiendo, respirando o pasando el rato… ¿Quién no se sentiría desolado pensando que no había nada más allá de eso en la existencia? La pereza había llevado aquella gente a quedarse allí y quién sabe si también tuvo algo que ver la falta de buen gusto y el no poseer grandes expectativas. A mí sólo me hacía falta construir un futuro mejor o fenecer en el intento… Nada por lo que no merezca la pena arriesgarse.

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Be the first to comment - What do you think?  Posted by Misosofos - 05/03/2010 at 09:35

Categories: Misosofía, Pequeños relatos   Tags:

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