Temía que se diera cuenta de que no tenía ni idea sobre el trabajo de recepcionista.
-¿Sabes cómo funciona la máquina de las tarjetas de crédito?
-Sí.
-¿Y por qué número comienzan las Visa, las Mastercard y las American Express?
-Sí.- Evidentemente, no tenía ni la más mínima idea.
Esta vez nadie más me vigilaba mientras respondía a estas cuestiones, pero quería quedarme con el trabajo a toda costa.
-Pues qué bien. Yo es la primera vez que hago este trabajo…
Por más que me esforcé, no me supo decir un orden concreto ni un número exacto de tareas a realizar.
-¿Pero qué hago lo primero?
-Lo primero… Imprimir una hoja con las habitaciones que quedan disponibles.
Las tareas a realizar eran muchas a simple vista. A la llegada del cliente había que darle las llaves y ordenar cada hoja de reserva en un archivador que tenía un apartado con un número para cada habitación.
-Hoy no hay ningún check-in para hacer, así que no puedo enseñártelo.
-¿Y no me puedes decir dónde es, para que al menos así lo sepa?
-Sí, pero como no sale ninguno, no te lo podré mostrar.
De vez en cuando los clientes se acercaban a nosotros, pero Andrés los despachaba rápido. Una señora comenzó a hablarnos:
-Sorry, but my safe is not working.
Andrés no tenía ni puñetera idea de lo que le estaba diciendo. Así que se levantó, se aproximó a ella e hizo que se lo repitiera.
-Creo que no le funciona la caja fuerte de su habitación. ¿Tenemos caja fuerte?
-Sí. Dile que mañana se lo miraremos.
-We’re checking it tomorrow, madam. We can’t do anything by now… Sorry.
Me pregunté qué hacía cuando yo no estaba. Mi inglés no era nada de lo que sentirse orgulloso, pero él directamente no lo hablaba.
-Bueno… ¿Por dónde íbamos? Ah, sí. ¿Me pasas el esfero?
-¿El esfero?
-Sí… ¿Cómo dicen en España? Ah, ya. El bolígrafo.
-¿En Colombia lo llaman esfero?
-Sí.
-Qué interesante. Creo que no se me volverá a olvidar nunca más.
-Bueno, pues lo siguiente es comprobar la lista de arrivées. Hay que verificar que cada nombre esté bien escrito, también el tipo de habitación, las fechas de entrada y de salida y los precios…
-Ajam.
-Hay que introducir también las reservas. Nos llegan a través de fax y de correo electrónico.
-¿Y por qué no lo han automatizado? Me parece una tontería que las agencias no se hayan puesto de acuerdo para usar una base de datos y un programa capaz de leerla, que introduzca…
-No lo sé. Se hace así.
-Vale.
-Hay que subrayar sobre la reserva los datos importantes. Y también escribir al lado la fecha… Y hacer una preautorización con el importe de la primera noche. Pero en el caso de la habitación doscientos se agregan treinta euros más. ¿Estás anotando?
-¿Para qué voy a anotarlo? Mejor déjame que fotocopie tus hojas.
-Es verdad. A mí la formación me la hizo Slim y me obligó a copiarlo todo.
-¿Por qué no hay unas instrucciones en ordenador? ¿O una lista con todas las tareas que tenemos que hacer?
-Esto funciona así…
-¿Y no se supone que tenemos que reponer todos los aperitivos que se comen los clientes? ¿O meter más refrescos en el frigorífico?
-Eso es nuevo y a mí nadie me ha dicho nada.
-Vale.
-Bueno, si quieres nos damos una vuelta ahora que no hay nadie y luego seguimos con la formación.
-Vale. Así veré el hotel.
Entré en la cocina. Tenía dos puertas y una se abría empujando para un lado y la otra para el opuesto.
-Normalmente nos dejan pasteles en esta cesta.
-Me parece un bonito detalle.
-También podemos comer todo lo que esté empezado en el frigorífico. Leche, zumo… O un yogur. Fruta, un huevo duro…
Temía mancharme así que no toqué nada.
-Aquí está la lingerie.
-¿Tenemos que entrar?
-Sí. A veces te pedirán cosas como una sábana o una toalla.
Subimos por otra escalera que estaba justo enfrente. Me desorienté. Era ridículo, porque el hotel era pequeñísimo.
-Bueno, creo que tendré que bajar a dar otra vuelta. Creo que ya no sé ni donde estoy.
Me miró con perplejidad. Tenía que empezar a pensar que era tonto. Pero estaba nervioso porque era mi primer trabajo declarado, la primera vez que trabajaba en Francia y también comenzaba como recepcionista. Por si fuera poco, no había dormido el día anterior ni el siguiente.
Llegó un taxista que dio la mano a Andrés. Le dejó doce euros que puso en un sobre.
-Tomamos comisiones por los taxis, pero el director del hotel no puede saberlo. Esta es para Wael. A veces lo hacemos a medias entre la persona que recibe el dinero y el que ordena el taxi…
Recordé que Kristel me había aclarado que el hotel tomaba una comisión por cada taxi llamado. Se me ocurrió que el motivo por el que no querían que cobráramos la comisión nosotros, era más que evidente.
-Con esta máquina tenemos que hacer las preautorizaciones.
-¿Y eso qué es?
-Pues sirve para ver si las tarjetas de crédito funcionan.
-¿Y bloquea el importe que introduzcamos en la cuenta del cliente?
-No lo sé.
De repente la alarma contra incendios comenzó a sonar.
-¿Cómo podemos apagarla?- le pregunté.
-No lo sé.
Algunos clientes comenzaron a bajar. La mayoría hablaban en inglés.
-Is there any fire?
Andrés se movía de un lado a otro, lo que contribuía a aumentar el nerviosismo de los clientes.
-Everything is OK. We’re sorry. Someone smoked in his room…
La escena se repetía una y otra vez. Me pregunté para qué servía la alarma. En caso de incendio todos morirían quemados. Al cabo de diez minutos que se hicieron eternos, la alarma dejó de sonar en las habitaciones. Sin embargo no dejó de hacerlo a lo largo de toda la noche en la recepción. Eso unido al sueño, hizo que el proceso de aprendizaje no se desarrollara demasiado bien por mi parte.
