De cómo le supieron los tacos el día después de matar a un hombre, sin poderlo confesar.
- Ese Compadre, siempre tan puntual, tanto que ni siquiera te tenemos que llamar.
- Ya ves, mi buen, alguien tiene que ser atento contigo en la vida, si no, estaría muy gacha.
- Encantado de verte, carnal, independientemente de tu chamba. ¿Tienes prisa? Si no, échate una chelita con nosotros.
- Primero a lo que nos truje. Toma y daca, ping-pong, trueque.
- No empieces, pinche Compadre, desde que te enseñé el juego ese del diccionario, dices cosas más raras. Toma.
- Daca – completó, sin sonreír, raro en él. Una chelita si me la echo, pero luego me voy porque tengo que irme en la rila.
Vaso que es llenado y avispero de voces que se mezclan con el humo saturado. Compadre mira el vaso sin atinar a engancharse a una conversación. Asco súbito, masa de alimento que sube por su garganta y debe correr al baño cuya ubicación ya conoce. Corre: llega: se vacía.
Abajo:
- Lánzate a ver qué tiene el Compadre, Rastas, es tu cuate. Read more…
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Olvido, balcón, chantaje y despecho
18:45:33: Caía: torpe: acto fallido (alzaba la mano para agarrar y meter la maceta):vista nublada: olvido de fragilidad de balcón: frío y vértigo: noche.
18:45:01: “A los malvones les cae mal el frío”
18:43:23 a 18:44:50: aceptación dolorosa: “él no ha llegado y ya se está haciendo de noche”: nuevo trago: “y no creo que llegue, está allá, con ella”.
18:40:45: “Siento que alguien me espera en alguna parte, y ya voy tarde. No,¡chin!, dejé la ventana abierta”
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La casa de la arañas
Para el Hoyo Funky y todos los que han pasado por él
Cuando Marmuerte dejó la pequeña casa que no era vecindad, pero tampoco un condominio, el dueño debió hacer muchas reparaciones y pintar ocho veces las paredes.
Se trataba de una pequeña casa hecha por algún albañil con visión de arquitecto que improvisó dos cuartos en la parte superior de lo que, seguramente, había sido una casa de cuatro o más habitaciones. La dividió y cada una tenía su cocina y su sala comedor.
Estaba vacía y blanca cuando Salvina la alquiló.
Ella creyó, desde la primera vez que visitó la casa-departamento durante los trabajos de restauración, que el dueño quería alquilarla de inmediato para no perder dinero, sin saber que llevaba dos meses lavando el piso para que el aroma a tabaco y las marcas de cigarro desaparecieran, sin lograrlo.
Salvina percibió aquel aroma, pero estaba acostumbrada a vivir en ambientes llenos de humo: su madre fumaba, su padre también, su hermano, poco antes de irse de la casa, había comenzado a fumar frente a sus padres, sin problemas. Después, la cohabitación de la universidad, con tres chicas, todas fumadoras. El aroma amargo le agradaba, aunque era fumadora social.
Se concentró en verificar el buen estado de las instalaciones para firmar el contrato que el dueño había llevado, anunciándolo como quien no quiere la cosa: “He traído el contrato con todos los papeles, uno nunca sabe, puede servirnos ¿No es así?”
A pesar de que detestaba que la presionaran para tomar sus decisiones, le anunció al dueño que no habría traído el contrato en vano y que estaba muy interesada por el lugar. Había visitado departamentos que no le habían gustado. Tenía suerte, sin saberlo, con respecto a las grandes ciudades, ya que podía elegir dónde vivir.
Fijó su atención en las paredes blancas, había marcas transparentes, como sellos de agua, pero no pudo distinguir nada y tampoco juzgó necesario saber quién había vivido antes en la mini-casa. Además, el dueño estaba afanado en encontrar una superficie sobre la cual apoyarse para firmar el contrato y eso atrajo su atención.
El casero le entregó las llaves, pero le pidió que no se instalara sino hasta el treinta del mes, y estaban a diecisiete.
El treinta y uno, entró con una maleta y una colchoneta bajo el brazo. Esperaría quince días antes de tener su paga para poder costear la mudanza. Mientras tanto, estaba rodeada de paredes blancas que lucían, en las esquinas, las telarañas que no fueron limpiadas antes de aplicar la pintura, por prisa, quizás; por miedo a las arañas o por desprecio hacia ellas. No importa, Salvina las descubrió de igual forma cuando se hubo acostado por primera vez para pernoctar, también por primera vez, en su nueva morada.
Por la noche sintió ganas de orinar, como lo hacía desde niña, y subió a la primera y única planta superior. El baño estaba en el pasillo que conectaba las dos habitaciones. Abrió la puerta y percibió el hedor a ácido. Las moléculas volátiles le picaron ligeramente la nariz y, por reflejo, cerró la puerta.
Buscó el apagador que hasta entonces no había necesitado encender y abrió paso a la luz.
Las telarañas saltaron a la luz, las de la parte superior del cubo de la escalera, lejos, donde un rodillo fue empleado, y cubrió mal las telarañas, dejando libres algunos extremos que alguna vez fueron un poliedro de seda.
Abrió nuevamente la puerta, sin respirar, y dejó que los vapores salieran a pasear por toda la casa.
Pudo entrar y se sentó en el retrete. Orinó, recordando que debía comprar papel y se levantó. Jaló la palanca y se escucho: Poum, poum, como un bajo que se estuviera probando, para ver si suena correctamente, y que emitiera dos notas iguales. El sistema de drenaje llevó el par de sonidos hacia las cloacas, pero Salvina los había escuchado. Read more…
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Simbiosis o el perro-gato-hombre, paseando
El agua escurre por el borde del techo plano,
Paredes grises, tabicón sin acabado
Son el trampolín de la llave olvidada y abierta.
La perra mira el chorro,
Pelusa,
Llamo:
¿Y la gata?
Pelusa no responde,
acostumbrada a perder de vista a su vieja amiga,
elucubro,
no hay más que esa caricia de racionalidad para un cartesiano.
Los perros y los gatos no piensan como tú,
Me respondo.
El campo de futbol, detrás de la casa, rodeada de campos de pastos rosados
Se abre ante nosotros.
Gata salta de alegría,
Pelusa come hierba,
Vieja cura de chamanes caninos,
La montaña del fondo es testigo,
Repitió algo aprendido en el pasado de los perros.
Y yo que siempre pensé que eran más tontos.
¿Cuántas historias sobre hazañas de caninos conoces, Gata?
Gata no habla español, Read more…
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Borrarse
Borrarse, diluirse, saltar a un momento sin tiempo. ¿Qué hay detrás de ese deseo? Un olvido, como querer olvidarse de sí mismo, voltearse como una calceta, oreando las entrañas al aire. No hay método.
El estado de trance no sirve para estos fines porque es sobre todo una relación con el cuerpo, que se convierte en una cuerda y vibra hasta la última falange.
Borrarse es más complicado y tampoco hay droga que valga. Hay que desmontar el armazón del ser, con la atención de un niño y la finura de movimientos de un relojero, para esparcir los pedazos y ver qué hay dentro. No es para limpiar la carcasa y las junturas internas, sino para elucubrar una razón para que la vida que uno tiene, sea como es, y no de otra manera.
Borrarse es también dejar de comer o, más precisamente, perder el apetito y sentirse débil apenas; es poner el estómago en la palma de la mano y esperar que algo llegue con el viento para alimentarnos, cual heno, y que, al tocar una pared, la pepsina, si es que no se degrada con el aire, roa la superficie de yeso o concreto y nos permita, no sentirnos fuertes, sino apenas seguir deambulando.
Borrarse es fundir los recuerdos y las sensaciones, confundirlas, confundiéndonos a nosotros mismos: una nalgada propinada en el lugar de la madre, a la propia madre que luce, no como uno mismo, sino como otro niño que, a su vez, pertenece a otro universo temporal, aunque, ¿qué quiere decir esto si todo lo que fue ya está muerto?
Borrarse es mezclar los recuerdos, confundirlos, fundirlos, amasarlos, unirse a esa masa y cocerse en un horno hasta que la última ceniza sea llevada por el viento que dejará correr el panadero de un lugar que, quizás, se habrá visto de paso en algún viaje que no debía ser, pero fue.
Borrarse en mezclar las sensaciones, el amor por tal o cual persona que se creía al otro lado de la envergadura de nuestros brazos, que creían abrazar el amor; es ver actuar las palabras y gestos de alguien a quién se ama, puestos en la boca y cuerpo de alguien que se conoce poco, y descubrir que se ama también a esa persona, tal vez por lo que evoca de otra, pero ¿no es todo el amor una idealización narcisista?
Borrarse es borrar por dentro las barreras, romper los diques que dejaban correr el flujo de la moral, cerrar los ojos y ver cómo lo “verdadero” se desgaja, como el árbol más débil frente a un rayo de morales distintas y convincentes que no se conocían de cerca.
Borrarse es morder tu propia mano hasta que el hueso de la muñeca, más fuerte que la mandíbula, desencaje el maxilar.
Borrarse es deslizarse cuesta abajo por una ciudad cuya pendiente empedrada siempre nos ha gustado, es dejarse rodar hasta que llegue una jauría de perros a roer la carne que la pendiente no hubiera arrancado, y ver a las ratas masticar la parte del cerebro que ha quedado sobre una piedra gris, sin saber -porque ¿qué saben las ratas sino ser desagradables?- que estará comiendo la parte donde de encontraba un recuerdo placentero, así como una acción motriz que no se utilizó durante los años de burócrata o autómata.
Borrarse es olvidarse de sí mismo. Suena sencillo, pero no lo es. Borrarse es ceder a la entropía del mundo sin que sea importante.
Borrarse es fluir, sin dolor, con el río absurdo del mundo de los hombres, y no sufrir por la presencia de esa sinrazón, sino caminar a su lado, al menos por un instante que sea eterno.
Borrarse es como morir, el orgasmo también, es como borrarse. Y si A=B y B=C, entonces, ya saben, se pueden hacer juegos de palabras. Morir es como el orgasmo de un borrador que se viene. El orgasmo es borrarse, sin morir, para que el orgasmeado-moribundo no se borradorice y se muera, sin morir, es decir, después del orgasmo y el borrador, es decir, del “borrarse”, el orgasmeador pasará con la muerte, pero no va a morir, porque la muerte viene por un orgasmo, para borrarse un poco de sus deberes, aunque aseguran -¿quienes lo aseguran?: no lo sé, supongo que los que harán reír a la muerte un día- que para la muerte, el orgasmo está en cada vida que borra, ese es su goce - cuentan.
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Ser otra persona
A la orilla del río cada sombra parece una renuncia. Un lugar del que pasar de largo sin detenerse queda atrás a cada paso. Enfrente, otra orilla distinta que lleva más o menos al mismo sitio por tratarse de un río tan angosto; y aún así, hay otras palomas, otra gente cuyas caras no se distinguen bien y que jamás llegaríamos a reconocer, de cruzárnoslas más tarde.
Las opciones nunca estuvieron claras. Ni siquiera sabíamos cuáles eran, cosa que unos aprovecharon para mentirnos en su interés propio y otros para engañarnos por nuestro bienestar momentáneo. ¿Cuáles son las oportunidades reales perdidas? Son difíciles de precisar, pues en su naturaleza está el que no llegaron a fructificar, y no hay certeza alguna de que hubieran podido hacerlo.
¿Elegí bien mis amigos? ¿Realmente los tuve? Recuerdo mucha gente con la que intercambiaba favores, pero ignoro si los hacían de buen grado. ¿Estudié lo que debía? Nunca me dieron a probar todas las carreras que no cursé.
Me pregunto cómo sería yo si mis padres biológicos me hubieran dado en adopción a otra familia. Los valores aprendidos al inicio de nuestro desarrollo, nos marcan de manera indeleble para toda nuestra vida. Imagino mis pánicos y mis fobias desvanecerse, para ser reemplazados por otros ora más llevaderos, ora más insufribles.
¿Anhelo las comodidades que no disfruto? La vida alejada de lo artificial también dista mucho del hogar semidigital en el que habito.
Tal vez debiera haber nacido en un futuro donde hallaran solución a mis males; o tal vez, dichos males de ninguna manera habrían existido en un pasado que tuvo lugar hace siglos. Quizás sólo sería una cuestión de haber cumplido a fecha de hoy, cinco años de más o de menos.
Jamás sabremos quiénes podríamos haber sido, si no fuéramos quienes somos. Ni qué hubiera pasado, de no haber pasado lo que pasó.
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Los Seco – La familia en crisis 04
La principal razón por la que dos personas deciden contraer matrimonio, suele ser la tradición. Sus abuelos, sus padres y la mayor parte de la gente que conocen lo hicieron. Hay buenos motivos para que estos enlaces tengan lugar desde tiempos tan remotos: compartir tareas, objetivos e intereses con un aliado. Causa primordial del contrato matrimonial: la cría de los hijos en un marco legal normal. No obstante, la alianza no se hace normalmente en régimen de igualdad: habrá uno algo más sumiso que el otro o tal vez mejor partido. En cualquier caso, ese no era el problema de los Seco: ni tenían intereses comunes (hasta tal punto los despreocupaban sus dos hijos); ni podía decirse que compartieran aficiones. ¿Estaban los Seco desnaturalizados?
-¿Y tú qué crees que hará con todo lo que le hemos dado?- preguntó ella, ingenua.
-Pues se hartará de fumar porros y luego se tirará a alguna putita. ¿Qué crees tú que va a hacer?- responde él, molesto.
-No entiendo por qué no se va ya de casa, ¡que trabaje! ¡Que viva aparte! Cuando tenía su edad, ya llevaba cinco años emancipada.-
-Tú quisiste tener dos hijos, ahora no pienses en echarlos. Todavía no han acabado de estudiar y antes que comprar caprichos, debemos darles una educación.-
-¡Ahora irás de buen padre! ¡Tú ni siquiera los querías!-
-Ya, pero a diferencia de ti, soy responsable de mis actos.-
-¡Tiene veinticuatro años! ¿Por qué hay que pagarle las vacaciones? ¡Que trabaje y se lo gane!-
-Como si tú hubieras trabajado mucho…-
-¡¡Otra vez poniendo en duda mi trabajo!!-
-Si yo no digo que eso de peinar no sea duro. Pero no te veo callos en las manos. ¿Ves las mías? Las mías sí que tienen callos, porque estoy harto de trabajar para que nos vayamos de vacaciones. Nos hemos casado con el banco, así que disfrutemos del convite antes de empezar a pagar la boda. ¡Vacaciones para todos!-
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Los Seco – Amsterdam 03
Eladio decidió a última hora que a su edad, era bastante más conveniente otro tipo de viaje. Uno a Amsterdam con sus amigos, en lugar de con su familia. Además ello le proporcionaría la oportunidad de drogarse y de intentar ligarse a alguna tía de la discoteca o del albergue en el que seguramente acabarían pernoctando y pasando buena parte del tiempo, sobre todo si éste se hallaba habilitado para fumar en su interior.
Pensaban alquilar un coche él y otros dos de sus amigos. A los tres les hacía ilusión el viaje. Luife, era butanero y había ahorrado la nómina de un mes entero para gastársela íntegramente en Amsterdam. Carlos, provenía de un pueblo pequeño, pero estudiaba en Granada y por lo tanto vivía allí de alquiler. Tuvo que ayudar a su padre en la tareas agrícolas durante todas las vacaciones para que accedieran a darle cuatrocientos euros. Eladio por el contrario, había pedido el coche prestado a su padre para ahorrar más pasta para fundir en Ámsterdam, ya que no lo necesitaría para sus vacaciones en Punta Cana. Y aparte, casi había exigido un reembolso por lo que ahorrarían del presupuesto para el viaje al un complejo hotelero con la pulserita que incluía absolutamente TODO: una persona menos, equivalía a 1200 euros menos. Sin ningún esfuerzo, era el que más pasta había conseguido reunir de los tres.
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Pirouette clocharde
Les usagers du métro avaient déjà diminué leur courant à Châtelet, Dino et Grili le savaient sans le dire, pile au moment où ils étaient rendus à l’avant dernière bière. Ils s ’entendaient parler maintenant car le vacarme se lave toujours avec l’avancée de la nuit.
-
Nous sommes des animaux – changea Dino de sujet de conversation, qui avait parlé jusqu’alors, et pendant une demi heure, sur les chiens que les mexicains mettent sur le toit des maisons.
-
Attends, Dino, tu vas trop vite! – protesta Grili, qui ne l’interrompait que rarement-, c’est sont les chiens qu’ils mettent sur le toit? ou c’sont les gens qui se comportent comme des chiens et qu’ils mettent au-dessus de la maison?
-
T’as rien compris, espèce de clodo malentendant – gronda Dino et rota ensuite, fort, comme s’il eut grandi dans un pays où cela eut été habituel et consenti.
-
Oui, oui, et toi t’es une princesse qui ne boit pas de bière de merde et ne dort pas sur un quai de métro. Vas-y, continue ou je pars vers l’aut’ quai. Read more…
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Los Seco – La crisis de la familia 02
Los Seco pedirán un crédito por el 110% del valor de su casa y se irán de vacaciones a un "resort" de Punta Cana. Si bien resort no deja de ser un anglicismo deleznable que puede ser sustituido por la ya tradicional locución complejo (hotelero).
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