Personal

El homo stultus contra el homo habilis

Casi podía visualizarnos. Nosotros éramos dos monos, y ninguno éramos el más listo de la manada. Pero yo había comenzado a intentar tallar una piedra y a él no le pareció lo correcto.

Imagínense tres bicicletas a la disposición pública, una e las cuales está pinchada. Alguien experimentado en parcheo de cámaras de aire, decide arreglarla para poder usarla en ese momento y dejarla luego arreglada para el disfrute del resto de sus conciudadanos.

El homo stultus me observaba en silencio, mientras apretaba los puños y se hinchaba aún más. Había pasado su vida yendo al gimnasio. Soñaba con ser policía. Su alto concepto de la justicia lo movilizaba contra toda acción que pudiera perjudicarlo.

Reparé en un ordenador libre, cual homo habilis que nunca sabe cómo hacer frente a un homosapiens de saltarse las colas. Tenía un programa que exigía el pago para poder utilizar aquél puesto. Al parecer había habido un cambio en la academia de Inglés ESE, y el cambio estaba encaminado a permitir a los impacientes conectarse a cambio de aumentar sus ingresos. Todos ganaban…

Pero nadie quería pagar. Sobre todo porque en aquella sala atestada de ordenadores sólo había dos con el programa y no estaban las cosas como para ir dilapidando dinero que podría ser gastado en alcohol.  Funcionaban con windows xp: ¿Y si probaba a hacer algo tan sencillo como pulsar f8 e iniciarlo en modo a prueba de fallos con red? Era algo que todo el que había usado windows xp durante años sabía: f8 después de la BIOS y antes de que salga el logo… Failsafe mode with network (¡que para eso estudiábamos inglés!) ¡Eureka! Ya tenía mi piedra tallada. Esperaba que algún otro no tuviera la idea de copiarme, e intuí que no era el único que utilizaba el truquito para saltarse la cola.

Mi intención era comprobar el correo electrónico, pero el homo stultus me la tenía jurada desde que comprendió que estaba usurpándole un puesto que por jurisprudencia le pertenecía.

-¡Pero cómo coges el ordenador, con toda la gente que hacemos fila!

Lo dijo en voz alta, para que todos lo oyeran y contemplaran su heroicidad. Yo, que estaba de espaldas, me di media vuelta, porque esperaba que cuando le adujera mis razones, me dejara comprobar el correo electrónico durante un minuto, en premio por la talla de la piedra. Luego podrían utilizarlo ellos. Incluso se me ocurrió el ejemplo de las bicicletas. Lo que ocurrió es que no me fue posible derivar la conversación por aquellos derroteros.

-Es que el conocimiento, también es importante.-

-También es importante, ¿no?- dijo, seguramente para darse tiempo de pensar una respuesta.

-Pero es que tú no eres el técnico aquí, ¿o sí eres el técnico?

-No.- Respuesta breve y simple, para ver si lo dejaba terminar con su queja y me dejaba de imponer la razón del que ha paga el abono mensual del gimnasio, para que yo pudiera así exponerle los hechos.

-¡Pues te pones y haces cola con los demás! ¡Te pones y haces cola!- Aumentó aún más el tono de la voz, así que me dije que la única dialéctica que entendería sería una patada en los cojones, y que igual yo no era tan bueno en la retórica como para propinársela antes de que él me hubiera asestado un puñetazo en algún sitio poco conveniente, o me citara a salir a la calle mientras yo me preguntaba por qué había arreglado un ordenador en vez de tallarme una piedra para golpearlo con ella. ¡Mierda de habilidades modernas!

-Pues entonces lo apago y lo dejo como estaba.- ¡Bien, había encontrado una respuesta que me permitía salvar algo de orgullo en lugar de tener que confiar en pegarle primero, o en coger distancia y rezar para que no fuera rápido.

Se detuvo durante cinco segundos, como si de pronto hubiera comprendido todo lo que le hubiera aducido.

En tono más bajo añadió: -Bueno, pues lo apagas y haces cola con los demás.-

Lo apagué y se fue hacia otro ordenador. Ya estaba libre. Probablemente aquella enorme cola era subjetiva, o puede que algún par de ordenadores se hubieran quedado libres mientras él trataba de coger mi bicicleta, desdeñando el hecho de que estaría pinchada de no ser por mi parche. La gente de alrededor a decir verdad no estaba demasiado atenta. Unos chateaban a través del portal Tuenti (¡maldita red social de españoles analfabetos informáticos!) y otros mandaban correos a sus países. Tampoco éramos todos españoles: había gente italiana, que lo miraba pensando que comprendía mucho más de lo que en realidad comprendía. Un par de turcos que dejaron de entenderse por sus webcams, para que sus padres oyeran de fondo un idioma extranjero que les recordaba a los guerreros agitando sus sables sobre un camello. ¿Por qué narices habría deducido que hablaba español? ¿El también era de esos que habían recibido una beca de inglés del estado español, para ni siquiera hacer el esfuerzo de pronunciar algo más largo que un par de palabras?

De pronto María la valenciana que andaba por allí, y que había observado nuestra discusión sin entender tampoco nada, me preguntó: -¿Pero qué te ha pasado con ése?-

Aproveché que por fin había pillado un ordenador: -¡Pues porque es un GILIPOLLAS!- dije un par de veces, con miedo a perturbar a los de las webcams con una palabra española tan internacionalmente conocida, o a que los italianos asintieran, reafirmándose en su condición de hispanoparlantes pasivos e incluso activos si había españolas de por medio. También cómo no, volviendo la vista hacia el homo stultus, por si le daba por levantarse y pillarme por la espalda de nuevo.

Entonces observé los pechos de María, de refilón, como el que no quiere la cosa. ¿Por qué no podía evitar hacer aquello? En ese caso no se hacían distinciones entre todos los homínidos. Algo nos inducía a parar la vista en ellos y yo no iba a ser menos.

-Luego te lo cuento- me despedí en voz baja, mientras salía a la puerta para que el orangután de los glúteos definidos no me viera hacer cola. Al fin y al cabo, un correo electrónico de más o de menos, no merecía dar un mal fin a aquellas vacaciones en las que hablé inglés hasta quedarme afónico por culpa del aire acondicionado.

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2 comments - What do you think?  Posted by Misosofos - 25/07/2010 at 12:55

Categories: Malta, Personal   Tags:

Borrarse

 

Borrarse, diluirse, saltar a un momento sin tiempo. ¿Qué hay detrás de ese deseo? Un olvido, como querer olvidarse de sí mismo, voltearse como una calceta, oreando las entrañas al aire. No hay método.

El estado de trance no sirve para estos fines porque es sobre todo una relación con el cuerpo, que se convierte en una cuerda y vibra hasta la última falange.

Borrarse es más complicado y tampoco hay droga que valga. Hay que desmontar el armazón del ser, con la atención de un niño y la finura de movimientos de un relojero, para esparcir los pedazos y ver qué hay dentro. No es para limpiar la carcasa y las junturas internas, sino para elucubrar una razón para que la vida que uno tiene, sea como es, y no de otra manera.

Borrarse es también dejar de comer o, más precisamente, perder el apetito y sentirse débil apenas; es poner el estómago en la palma de la mano y esperar que algo llegue con el viento para alimentarnos, cual heno, y que, al tocar una pared, la pepsina, si es que no se degrada con el aire, roa la superficie de yeso o concreto y nos permita, no sentirnos fuertes, sino apenas seguir deambulando.

Borrarse es fundir los recuerdos y las sensaciones, confundirlas, confundiéndonos a nosotros mismos: una nalgada propinada en el lugar de la madre, a la propia madre que luce, no como uno mismo, sino como otro niño que, a su vez, pertenece a otro universo temporal, aunque, ¿qué quiere decir esto si todo lo que fue ya está muerto?

Borrarse es mezclar los recuerdos, confundirlos, fundirlos, amasarlos, unirse a esa masa y cocerse en un horno hasta que la última ceniza sea llevada por el viento que dejará correr el panadero de un lugar que, quizás, se habrá visto de paso en algún viaje que no debía ser, pero fue.

Borrarse en mezclar las sensaciones, el amor por tal o cual persona que se creía al otro lado de la envergadura de nuestros brazos, que creían abrazar el amor; es ver actuar las palabras y gestos de alguien a quién se ama, puestos en la boca y cuerpo de alguien que se conoce poco, y descubrir que se ama también a esa persona, tal vez por lo que evoca de otra, pero ¿no es todo el amor una idealización narcisista?

Borrarse es borrar por dentro las barreras, romper los diques que dejaban correr el flujo de la moral, cerrar los ojos y ver cómo lo “verdadero” se desgaja, como el árbol más débil frente a un rayo de morales distintas y convincentes que no se conocían de cerca.

Borrarse es morder tu propia mano hasta que el hueso de la muñeca, más fuerte que la mandíbula, desencaje el maxilar.

Borrarse es deslizarse cuesta abajo por una ciudad cuya pendiente empedrada siempre nos ha gustado, es dejarse rodar hasta que llegue una jauría de perros a roer la carne que la pendiente no hubiera arrancado, y ver a las ratas masticar la parte del cerebro que ha quedado sobre una piedra gris, sin saber -porque ¿qué saben las ratas sino ser desagradables?- que estará comiendo la parte donde de encontraba un recuerdo placentero, así como una acción motriz que no se utilizó durante los años de burócrata o autómata.

Borrarse es olvidarse de sí mismo. Suena sencillo, pero no lo es. Borrarse es ceder a la entropía del mundo sin que sea importante.

Borrarse es fluir, sin dolor, con el río absurdo del mundo de los hombres, y no sufrir por la presencia de esa sinrazón, sino caminar a su lado,  al menos por un instante que sea eterno.

Borrarse es como morir, el orgasmo también, es como borrarse. Y si A=B y B=C, entonces, ya saben, se pueden hacer juegos de palabras. Morir es como el orgasmo de un borrador que se viene. El orgasmo es borrarse, sin morir, para que el orgasmeado-moribundo no se borradorice y se muera, sin morir, es decir, después del orgasmo y el borrador, es decir, del “borrarse”, el orgasmeador pasará con la muerte, pero no va a morir, porque la muerte viene por un orgasmo, para borrarse un poco de sus deberes, aunque aseguran -¿quienes lo aseguran?: no lo sé, supongo que los que harán reír a la muerte un día- que para la muerte, el orgasmo está en cada vida que borra, ese es su goce - cuentan. 

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Be the first to comment - What do you think?  Posted by pavelg - 22/07/2010 at 00:21

Categories: Literatura, Pequeños relatos, Personal, Sociedad, Texto explicativo   Tags:

26 años

Pues sí, estoy viejo. Tanto como cuando estaba comiéndome un polo con sabor a fresa mientras hacía girar con mi pierna una especie de tiovivo; entonces aparecía un adulto de veintiseis años. Alto, con barba. Con pinta de ir a hacer algún negocio o comprarse alguna casa. ¿Así estoy yo de viejo? Claro, pero no compro casas ni tengo asuntos importantes. ¿Me hace eso menos viejo? Para nada.

Es curioso cómo la percepción de la juventud va cambiando para adecuarla a nuestra edad. Nosotros siempre somos jóvenes. Los más jóvenes que nosotros son muy jóvenes y los menos jóvenes que nosotros son viejos; y eso es así hasta que somos tan viejos que los más viejos que nosotros han muerto. Si llegamos a esa edad ya no podremos pensar en nuestro futuro, sino recordar nuestro pasado. ¿Qué se sentirá en semejante situación?

Antes era joven e inexperto y los años me han enseñado a ser menos joven. La verdad es que ahora mismo no me apetece imaginarme cuando sea mayor de lo que ahora soy. Prefiero hacer cosas que hace ocho años me parecían bien y que a aquella edad no hice.

Es por eso que este año no voy a darle el habitual tono catastrofista a mi aniversario. Mentiría si dijera que no he encontrado motivaciones en todo este tiempo. Entre ellas está escribir en esta página y el hecho de que un proyecto que tenía hace tiempo está casi concluido: he escrito ochenta páginas hablando sobre el mismo tema.  Y por otro lado, hay algo aún mejor: este artículo (al igual que muchos otros); ha sido programado para publicarse hoy. Yo no estoy aquí escribiendo, sino en París. Mañana saldremos de viaje a Bruselas y de ahí iremos a Alemania. (O tal vez al revés, no sé muy bien en qué orden están colocados los países más al norte de Francia.) Por último iremos a la que yo considero la meca de la Misosofía: ¡Amsterdam! Pienso acudir a una manifestación para la ilegalización de la marihuana en los Países Bajos. Aboliremos el derecho a fumar marihuana también en esa tierra.

Y aquí pongo como el que no no lo pretende, Perico y Scottex. Mi primera y única obra por el momento.

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5 comments - What do you think?  Posted by Misosofos - 16/04/2010 at 00:00

Categories: Pequeños relatos, Personal   Tags:

Todos los puercos son escrupulosos

Hace un par de años, recuerdo que un amigo me decía que había optado por alquilar un piso para él solo. Pagaba nada más y nada menos que quinientos euros al mes, con lo cual la mitad de su sueldo desaparecía junto a una llamada del casero, que visitaba a mi amigo para cobrar en metálico.

-¿Pero por qué no compartes piso?- le pregunté. Por aquel tiempo vivía con una chica rubia casi en exclusiva. El otro compañero de piso tenía quehaceres más importantes que vivir con nosotros, y ambos lo odiábamos un poco por su dejadez a propósito de las tareas domésticas. A decir verdad, desde el día que vi un anuncio en Internet y fui a conocerla, supe que tendría que limpiar mucho. El suelo estaba brillante y mis zapatillas chirriaban al pisarlo, todo era luminoso y aún así hubiera hecho falta un equipo de especialistas para hallar una mota de polvo. El hornillo refulgía y vi mi cara reflejada entre los quemadores. Lo reconozco: yo era materialmente incapaz de hacer algo así.

-Porque estoy harto de aguantar a la gente- respondió.

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3 comments - What do you think?  Posted by Misosofos - 06/04/2010 at 02:42

Categories: Granada, Pequeños relatos, Personal   Tags:

Alcoholes

Embriagado, no sé si de alcohol o del aroma a escape, a colilla y orines, miro la bolsa plástica asirse, férrea, al árbol. No sé si ella me hipnotiza a mí o yo a ella.

No es culpa de nadie si no hay artículo neutro en español y debemos humanizarlo todo. Porque ¿qué nombramos que no esté cargado de sexo? Los vapores de mi propio aliento me remontan a las fosas nasales y me pregunto: ¿estoy ebrio? Nunca he podido determinar el punto en que se está ebrio. Todas las fronteras tienen el pecado de depender de la medición: todo tiende hacia lo infinitesimal: ¿cuándo acaban los decimales que llevan a uno?: a 1: 0.9, 0.5, 0.4, 0.1,  0.01, 0.00000000000001, ad infinitum. ¿Y a uno mismo? Yo diría que el ego no se llena nunca, puede ser un monstruo o al menos un gigante pantraguélico insaciable. Las dictaduras y los imperios dan fe de ello, los celos también.

Me gusta beber, pero no ver las botellas en mi cuarto. Siempre me han hecho pensar en cadáveres; en cuerpos yacentes de cristal, como si yo fuera ellos y me diera miedo pisarlos. O quizás simplemente porque atestiguan mi fatuidad, mi vanidad, mi vacuidad, “dades”. En todo caso menos constructivas que las “turas” de Cortázar.

Nunca he disfrutado de los alcoholes fuertes, me dan agruras y una cruda más moral que física. Cuando bebo cerveza, que es lo que me gusta, vino a veces, puedo hacer ciertas pendejadas, pero no tantas. Con las “espirituosas” (menudo nombre para llamar a los demodios que  invocan a  las tristezas humanas) es más violento, se pude perder el control, como una droga dura. Por eso no me gusta. Supongo que soy demasiado vanidoso para beber de verdad, para aceptar la desconexión, un azar, la entrega al inconsciente. Y no es  sólo eso, sino la idea de ponerse en evidencia, en falta, frente al juzgado de quién sabe qué jueces inclementes. Puras pendejadas, pero que bastan para preferir la cerveza.

Pero esos cadaveres… Trato de sacarlos como el náufrago que levanta el agua con las manos, haciendo cuenca con las palmas hacia el sol, pero son demasiados.

No son los envases, no son ellos los que se acumulan, sino los mililitros de vida que desfilan: la ventana abierta, la bolsa fijada al árbol de la calle: los rumanos instalados a dos pasos, los mendigos, la mugre: mi mugre, la mugre que soy para otros.

Nunca me he puesto a pensar hasta qué punto seré un ser indeseable para otros. Trato de no serlo, trato de ser transparente aunque nadie nos enseña a serlo. Se trata de enseñar la equidad, cierta forma de justicia y transparencia: lo mejor es no existir, o existir sin hacer ruido, casi transparencia. Incluso el vidrio peca de ruidoso porque su transparencia no es inexistente. Su límite es traicionado por lo tangible. Ser transparente se vuelve entonces insuficiente.  Me he equivocado de deseo.

No se puede vivir sin la violencia del  tintineo de las botellas que evito pisar. Si sólo desaparecieran sin dejar rastro también me sentiría incómodo porque se habrían borrado los únicos y tristes pasos que me hacen escuchar las campanas y las palomas como gritos enardecidos en el embudo de las orejas.

 Sin violencia no se puede vivir. El sexo también es violencia, no agresión, sólo violencia. El movimiento también es violencia, es violentar la pasividad; la dinámica lo es por analogía. La estática no existe mas que en nuestas cabezas y nuestras maquetas del universo; claro, en modelos definidos e inexistentes.

Somos maquetas, dibujos, esbozos, simulaciones. Estas palabras son la simulación de un discurso diferido en el tiempo: un intento de discurso, un intento de grito o de bostezo. Más lo último, cual grito que se pudiera encerrar en el puño después de ser pronuciado. Las botellas son así cuando caen, aunque me caen mal por la tragedia de su caída. Me sobrecoge no poder agarrarlas cuando sé que van a caer, cuando las pateo y tengo la certeza, por una fracción indefinible de tiempo, cercana a cero, de que van a caer y que rebotarán contra el suelo de pseudo-marmol, sin que pueda evitarlo.

No las pateo a propósito, pero me recuerdan cuán pequeño soy, qué tan incapaz de evitar la más simple caída, soy. En esas ocasiones me siento un dibujo mal parido, una caricaruta demasiado sardónica para ser terminada.

Ayer un cristal crujió y lo percibí frente al otro  cristal, el de mi ventana, y luego pateé una lata que crujió con un poco menos de violencia que el vidrio. No tuve tiempo de percibir la fuente del crujido externo, Imaginé entonces que habría sido algún Rom partiendo un vidrio, un cristal que al morir se cuadricularía inofensivamente. Recordé que no tenía carro y, concentrado en el mal humor de haber vertido un chorro de cerveza, dejé pasar la posibilidad de algo infinitesimal.

“ Qué más da”, me dije, absorto en el calor que trepa por el cuerpo cuando uno está “caliente”, de alcohol o animalidad. Afortunadamente, un pajaro blanco y negro, seguramente patrocinado por algún amante de la fotografía y poseedor de un laboratorio biotecnológico, vino a cagar a mi balcón (que no es mío, pero la costumbre traiciona) y me alegré de que viniera, porque en ese momento comenzaba a pensar en la falta de cerveza, en la tienda cerrada, en mi falta de dinero.

Afortunadamente llegó a cagar porque eso me recordó las cagadas de Gargantúa, y sobre todo la meada que se echó en la explanada de Nôtre-Dame, inundando un París medival con sus orines que hicieron oleaje junto al Sena.

Afortunadamente, aquel ave tenía un pecho que se debatía entre lo blanco y lo negro, que me hizo sentir un pendejo por mi necesidad de moralizarlo todo y tratar de encontrar un sentido del bien y el mal en un sistema biótico provisto de plumas.

¡Qué bueno que llegó! porque la botella de metal raspó el suelo, porque la bolsa amarrada al árbol no se iba a ir y yo ya comenzaba a impacientarme, porque todo era demasiado sonoro aquel día y sus dos colores eran más cercanos al silencio. Porque era una caricia a través del ojo. Del izquierdo, porque cuando voy borracho, no me gusta ver por el derecho porque soy diestro.

Quízás, si fuera zurdo, sería diferente, pero no lo soy, así que la pregunta está de más. No conozco un alcohol que se lleve con la posibilidad. La vida te la bebes o no te la bebes; claudicas o no; te acojonas, te acobardas, o no; pero no a medias. Bebes o no, pero no se hace la pantomima de la caída. Eso es, en verdad, triste. No hay nada peor que los pájaros que fingen volar. Mira a las gallinas. Qué pena me dan. Y se podrá reprochar la humanización de aquellas aves, es decir, de la lástima. Porque, ¿quién lo sabe? quizás algún día antepodrían alguna pluma para hacer pinza con ella. En todo caso me dan pena y asumo la humanización, la bêtise, esa palabra me gusta, la bestialidad para denominar la pendejez.

Es una pendejez humanizarlo todo, las gallinas, las bolsas, las latas y las botellas. Es triste buscar sentido en todo esto. Pero, las imágenes y las palabras, es todo lo que queda. En estado bruto como piedras no talladas o metales dispersos en la piedra.

Bonne nuit

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1 comment - What do you think?  Posted by pavelg - 29/03/2010 at 22:27

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Poner tu cara en Facebook y en Twitter

Llega un momento en la vida de todo hombre, en el que éste se pregunta: ¿qué sabrá Google sobre mí? Si alguna vez dejamos un currículo, puede que sea lo primero que busquen los encargados de recursos humanos. Además, desear permanecer en el anonimato no parece una opción del todo mala. Por eso de que cualquier cosa que se diga por internet queda dicha y asociada a su persona y a lo mejor nadie se para a revisar contextos. Y Misósofos es sólo un personaje que aparece numerosas veces en mis relatos. También es mi pseudónimo, pero no por ello me puedo sentir identificado con cuanto dice y hace.

Ya me denegaron un trabajo en Francia, a pesar de que parecía cumplir sobradamente todos los requisitos. Y ahora tengo miedo de que me buscaran en Google. Esto me ha hecho reflexionar sobre el drama que he ido creando por diversos foros de Internet. Inventando historias y trolleando por los foros, que son una evolución de los mentideros en el siglo de pirita español. El hecho de que mi cara salga escribiendo Misosofos, no me ha agradado en absoluto.

Por otra parte mi actividad en Facebook era realmente insólita, agregando gente indiscriminadamente con la sola obsesión de recuperar las visitas que San Google que me había arrebatado, procurando expandir cuanto escribo. Después de hacerlo durante un tiempo moderado, me vi en la obligación de adjuntar en Facebook un mensaje que  no recuerdo exactamente, pero que sonaba tal que: “Utilizo Twitter como un cuaderno de notas; asimismo lo tengo enlazado a Facebook y pretendía que este fuera mi currículo para trabajar en algo que me ayudara a profesionalizarme y pulir la técnica.”

Más de mil trescientos amigos eran un público demasiado numeroso. Aunque la mitad me hubiesen tachado como pesado y ocultado mis frases por abundantes, y el resto se dividiera entre mujeres que pensaban que era un pervertido, colectivos étnicos ofendidos, personal de las instituciones que cualquier día podría ponerse en mi contra… Bueno, quizás unas veinte personas en total leyeran las cosas que escribo. Seguía siendo un público más que respetable para presentarles textos que están sin corregir, y que encima a veces deberían ser más catalogados como notas personales.

El sueño de publicar un libro lo dejo por ahora. Ha quedado en un borrador. Algún día lo corregiré, añadiré muchas más cosas y quitaré otras tantas. Entonces debo empezar a difundirlo. De Twitter he quitado mi careto (aunque ya no haya remedio) y lo sigo utilizando para anotaciones y frases cortas. Mi principal prioridad ahora es acabar la dichosa carrera de Filología Francesa. Sé que ella terminará acabando conmigo si no hago un esfuerzo demencial. Es una locura el trabajo que cuesta sacarse una carrera y cómo lo que me empecé tomando como una actividad ociosa se ha convertido en mi mayor quebradero de cabeza y en lo que más me quita el sueño.

Hacer deberes me aburre de sobremanera. Además no me deja pensar en otra cosa porque me piden que haga muchísimas tareas complicadas que no sé cómo hacer. No puedo sacarme de la cabeza el empezar a trabajar. Tengo que salir de casa de mis padres, vivir por mi cuenta como corresponde a mi edad… No dejo de ver miseria a mi alrededor y no quiero tener que vivirla yo mismo. Llevo demasiado tiempo siendo pobre como para no haberle perdido el gusto. Sólo deseo un trabajo en el que tenga seguridad social, prestaciones por desempleo y que me permita obtener el dinero necesario para hacer mi vida. Ya no me apetece perder más el tiempo. Continuaré utilizando esta bitácora como cuaderno de notas y añadiré un recuadrito en la esquina superior derecha explicándolo. Eso en cuanto acabe de hacer un trabajo de literatura.

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4 comments - What do you think?  Posted by Misosofos - 28/02/2010 at 10:45

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Fiesta con drogas

Voy a salir fuera, hoy que es fiesta
Y voy a coger los cigarros, la botella,
El papel de fumar, la petaca, la grifa

Fumaré la hojarasca de la calle,
El orégano, con tabaco y hierba
Cambiaré caridad por euros al colombiano

Beberé el agua de los ceniceros,
El de aquél gran florero chino
El de mis lágrimas, la lluvia
Tragaré humo de ceniza
Engulliré trozos de pizza
Para recabar algo de fuerza
Y beber más cerveza,
Probar alguna droga nueva
Hacerme una cachimba de salvia
Y ahogarme en vómitos y diarrea

Me pondré mil trajes que ni concibo
Y seré Ingeniero de las Palabras
Paladín chusquero de Cervantes
Me compraré otra chaqueta de Oliverio
De mi nariz brotará algo de sangre
Y alguna vez hallaré la sola dignidad
La última forma de respeto
Morir y olvidar; vivir sin quererte

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1 comment - What do you think?  Posted by Misosofos - 19/12/2009 at 11:06

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Trucos Adsense

Si quieres hacerte rico con Google Adsense, todo es cuestión de tener muchos visitantes. Los propietarios de páginas con millones de visitas, reciben cada mes cuantiosas cantidades que ingresan a través de talón recibido por correo postal o transferencia bancaria. La pregunta es: ¿Cómo conseguir esas visitas?

Mi docta respuesta esclarece totalmente la cuestión: no tengo ni la más remota idea. He buceado en el buscador por antonomasia y al parecer, hay técnicas para conseguir tal propósito. Después de recorrer diversos foros y guías para recabar sobre la cuestión, he instalado una serie de complementos en mi gestor de contenidos, WordPress. También he realizado algunos pertinentes cambios en la hoja de estilos y en la plantilla que utilizo.

Me he quejado en varias ocasiones (por eso ahora he preferido retrasar la queja hasta el tercer párrafo, que luego lo acusan a uno de gruñón), porque pasé de cobrar alrededor de doscientos euros al mes (con casi tres mil visitas diarias); a no juntar más que unos pocos dólares o más bien céntimos de euro, ya que al final Google permitió que las cuentas se configuraran para mostrar las ganancias en euros. ¡Justo ahora que ya no me sirve absolutamente para nada!

En definitiva… Mi crisis personal se une a esa otra generalizada en la que se encuentra sumido el país como una rata en una alcantarilla.
Ojalá el pagar por mantener esta humilde bitácora me motive de alguna manera a cambiar mis letras indecorosas por otras que sean si no de buena cuna, al menos de moisés plegable.

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4 comments - What do you think?  Posted by Misosofos - 09/10/2009 at 02:29

Categories: Misosofía, Personal, Sociedad   Tags: , , ,

Habitación en piso compartido

Mi habitación está desordenada exhaustivamente. No es un desorden cualquiera, ya que para aumentar su grado, se necesitarían tres científicos de la NASA y varias redes de ordenadores trabajando interconectadas. Las persianas están tan sucias que para ver de qué época datan las primeras capas de estrato, habría que realizar la prueba del carbono catorce. Encima del armario tengo un mundo desconocido. Cientos de anteriores inquilinos fueron olvidando cosas, algunas de las cuales quedan irreconocibles bajo un prado de pelusa que no me atrevo a perturbar con mi intervención. Las paredes son tan finas que algunos días excesivamente soleados, hasta se puede ver a través de ellas; se oye el ruido de la cisterna (y todos los aparejados al acto de utilizarla), el resuello del vecino que da lugar a elocubraciones sobre los actos impúdicos que pueda estar perpetrando.

Las alarmas del móvil de sus respectivos propietarios despiertan dos veces al día al último de los tres inquilinos que se levanta, cosa que sucede alrededor de las tres de la tarde. Normalmente ese inquilino soy yo, en cualquier día desocupado. El sol sale tras las sucias cortinas, pero sus rayos no llegan vírgenes hasta mi cara; una terrible maraña de polvo en suspensión y algún que otro objeto inidentificado que está adherido a las cortinas ocasiona su propio eclipse de sol a niveles fácilmente observables. La cama está en medio de la estancia, dificultando un poco el acceso a todo, pero permitiendo que cohabiten diversos rincones. En el inferior derecho, están los grandes cojines azules, cuyas fundas lavé en vano, pues de su interior seguía traspirando el polvo y el olor a cuero cabelludo de un cubano; mi maleta, y el cesto de la ropa sucia, coronando la esquina más insalubre de este lugar ya de por sí antiséptico.

Aún no estoy de pie y ya me he visto la mala cara que todos tenemos por la mañana. El espejo que preside la pieza te da el primer espanto de la mañana.  De ruido de fondo y capaz de aplacar cualquier otra banda sonora, surgen los alaridos de un treintañero que se cree pureta y cuyo origen es extremeño. Durante el desayuno, es mejor no prender el televisor pues con la complicada combinación de tres mandos a distancia, la tarea se convierte en un rompecabezas irresoluble. Por suerte uno escapa de aquí a veces. También está la facultad. Y lugares infinitamente más apetecibles para cualquiera, como por ejemplo un campo de exterminio.

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5 comments - What do you think?  Posted by Misosofos - 07/10/2009 at 23:53

Categories: Granada, Pequeños relatos, Personal   Tags: , , , ,

Balance general

Si esta humilde bitácora, aún contara con un número aceptable de visitantes, tal vez estos se hubieran dado cuenta de que últimamente su creador (es decir, yo), no publica nada nuevo. Muy al contrario, las novedades que hay son debidas a Pavel, un mexicano cuya pluma se ha puerto al servicio de rellenar ese enorme vacío que queda cuando a uno no se le ocurre nada que con llenar las hojas en blanco.

Por otra parte, las impresiones de página, han pasado de casi dos mil diarias a unas escasas doscientas. ¿Será debido a que google ha dejado de amar la Misobitácora? ¿O tal vez porque a causa de la presión policial, me vi en la obligación de acabar por quitar los textos más controvertidos? No tengo la menor idea, francamente. En cualquier caso, he dejado de poseer una página rentable a verme en la obligación de poner dinero de mi propio bolsillo para mantenerla a flote.

A no ser que la crisis que azota Europa y que se ceba especialmente con nuestra querida piel de toro, me obligue a ello, la mantendré en línea durante toda mi vida. Estoy a la expectativa de que algún día se me vuelva a ocurrir alguna idea. Por el momento, hacer cualquier cosa que tan siquiera se asemeje a leer o escribir, me produce urticaria. Supongo que últimamente he estado demasiado ocupado viviendo para dedicarme a estos menesteres.

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3 comments - What do you think?  Posted by Misosofos - 13/06/2009 at 21:41

Categories: Erasmus en París, Personal   Tags:

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