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	<title>Misobitácora de Misósofos &#187; Texto explicativo</title>
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	<description>Creedme cuando os digo, que es el mismo Dios quien me ha dotado con la capacidad para demostrar su inexistencia.</description>
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		<title>Borrarse</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Jul 2010 22:21:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[  Borrarse, diluirse, saltar a un momento sin tiempo. ¿Qué hay detrás de ese deseo? Un olvido, como querer olvidarse de sí mismo, voltearse como una calceta, oreando las entrañas al aire. No hay método. El estado de trance no sirve para estos fines porque es sobre todo una relación con el cuerpo, que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p>Borrarse, diluirse, saltar a un momento sin tiempo. ¿Qué hay detrás de ese deseo? Un olvido, como querer olvidarse de sí mismo, voltearse como una calceta, oreando las entrañas al aire. No hay método.</p>
<p lang="es-ES">El estado de trance no sirve para estos fines porque es sobre todo una relación con el cuerpo, que se convierte en una cuerda y vibra hasta la última falange.</p>
<p>Borrarse es más complicado y tampoco hay droga que valga. Hay que desmontar el armazón del ser, con la atención de un niño y la finura de movimientos de un relojero, para esparcir los pedazos y ver qué hay dentro. No es para limpiar la carcasa y las junturas internas, sino para elucubrar una razón para que la vida que uno tiene, sea como es, y no de otra manera.</p>
<p>Borrarse es también dejar de comer o, más precisamente, perder el apetito y sentirse débil apenas; es poner el estómago en la palma de la mano y esperar que algo llegue con el viento para alimentarnos, cual heno, y que, al tocar una pared, la pepsina, si es que no se degrada con el aire, roa la superficie de yeso o concreto y nos permita, no sentirnos fuertes, sino apenas seguir deambulando.</p>
<p>Borrarse es fundir los recuerdos y las sensaciones, confundirlas, confundiéndonos a nosotros mismos: una nalgada propinada en el lugar de la madre, a la propia madre que luce, no como uno mismo, sino como otro niño que, a su vez, pertenece a otro universo temporal, aunque, ¿qué quiere decir esto si todo lo que fue ya está muerto?</p>
<p>Borrarse es mezclar los recuerdos, confundirlos, fundirlos, amasarlos, unirse a esa masa y cocerse en un horno hasta que la última ceniza sea llevada por el viento que dejará correr el panadero de un lugar que, quizás, se habrá visto de paso en algún viaje que no debía ser, pero fue.</p>
<p lang="es-ES">Borrarse en mezclar las sensaciones, el amor por tal o cual persona que se creía al otro lado de la envergadura de nuestros brazos, que creían abrazar el amor; es ver actuar las palabras y gestos de alguien a quién se ama, puestos en la boca y cuerpo de alguien que se conoce poco, y descubrir que se ama también a esa persona, tal vez por lo que evoca de otra, pero ¿no es todo el amor una idealización narcisista?</p>
<p lang="es-ES">Borrarse es borrar por dentro las barreras, romper los diques que dejaban correr el flujo de la moral, cerrar los ojos y ver cómo lo “verdadero” se desgaja, como el árbol más débil frente a un rayo de morales distintas y convincentes que no se conocían de cerca.</p>
<p lang="es-ES">Borrarse es morder tu propia mano hasta que el hueso de la muñeca, más fuerte que la mandíbula, desencaje el maxilar.</p>
<p lang="es-ES">Borrarse es deslizarse cuesta abajo por una ciudad cuya pendiente empedrada siempre nos ha gustado, es dejarse rodar hasta que llegue una jauría de perros a roer la carne que la pendiente no hubiera arrancado, y ver a las ratas masticar la parte del cerebro que ha quedado sobre una piedra gris, sin saber -porque ¿qué saben las ratas sino ser desagradables?- que estará comiendo la parte donde de encontraba un recuerdo placentero, así como una acción motriz que no se utilizó durante los años de burócrata o autómata.</p>
<p lang="es-ES">Borrarse es olvidarse de sí mismo. Suena sencillo, pero no lo es. Borrarse es ceder a la entropía del mundo sin que sea importante.</p>
<p lang="es-ES">Borrarse es fluir, sin dolor, con el río absurdo del mundo de los hombres, y no sufrir por la presencia de esa sinrazón, sino caminar a su lado,  al menos por un instante que sea eterno.</p>
<p lang="es-ES">Borrarse es como morir, el orgasmo también, es como borrarse. Y si A=B y B=C, entonces, ya saben, se pueden hacer juegos de palabras. Morir es como el orgasmo de un borrador que se viene. El orgasmo es borrarse, sin morir, para que el orgasmeado-moribundo no se borradorice y se muera, sin morir, es decir, después del orgasmo y el borrador, es decir, del &#8220;borrarse&#8221;, el orgasmeador pasará con la muerte, pero no va a morir, porque la muerte viene por un orgasmo, para borrarse un poco de sus deberes, aunque aseguran -¿quienes lo aseguran?: no lo sé, supongo que los que harán reír a la muerte un día- que para la muerte, el orgasmo está en cada vida que borra, ese es su goce - cuentan. </p>

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		<title>Si has llegado hasta aquí, probablemente Dios no existe</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 15:48:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Misosofos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Misosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[Bien, una vez que estás aquí, habrás leído la frase que acuño como lema y notado la bandera bajo la que me sitúo. Hasta hace poco tenía la certeza de que Dios no existía, pero dado que las visitas de esta página han bajado al diez por ciento, supongo que Dios ya me está enviando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Bien, una vez que estás aquí, habrás leído la frase que acuño como lema y notado la bandera bajo la que me sitúo.<br />
Hasta hace poco tenía la certeza de que Dios no existía, pero dado que las visitas de esta página han bajado al diez por ciento, supongo que Dios ya me está enviando sus plagas. ¿Querrá acabar después conmigo?</p>
<p>Por si acaso, prometo que si de aquí a tres meses las visitas aumentan a su antigua cifra, le pondré una vela a nuestro señor Jesucristo, que compraré previamente en la primera tienda de chinos que vea y que posteriormente iré a colocar en el primer altar o en la primera habitación presidada por figura religiosa cristiana. Ni que decir tiene (y espero que Dios entienda que no lo amenazo, sino que sólo lo coacciono un poco) también quitaré la frase de la cabecera.<br />
Lo que me motiva tanto para escribir esto, es ante todo el miedo al altísimo y también en un plano secundario, que pagar por escribir es muy triste.</p>
<p>Si de aquí a tres meses y un día, no he obtenido los resultados esperados, este año participaré en el ramadán y oraré cinco veces al día mirando a un McDonalds en el que no sirvan hamburguesas de cerdo. Espero que Mahoma y Alá entiendan que como no estoy debidamente instruido en la fe musulmana y no sé leer el corán en versión original, no empiece haciéndolo bien todo. Cuando vivía en París conocí a un moro llamado Bassem Trikki que me enseñó algunas cosas chulas del islam, así que tengo que darle una oportunidad. Por poner un ejemplo, me dijo que las mujer que se casara conmigo había de ser virgen; la razón era que en el caso de que no supiera hacer una práctica correcta de las artes amatorias, al menos la agraciada se quedaba sin un punto de referencia. Por otro lado también es cierto que eso de ayunar unos días, aumenta la potencia sexual y que volverme musulmán converso, me abriría un nuevo mercado de mujeres serviciales. Para no seguir apartándonos del objetivo que nos ocupa, baste añadir que yo por mi bitácora hago lo que sea.</p>
<p>A Mahoma le otorgaré seis meses, de los cuales serán de prácticas los tres primeros. Si tampoco me ha solucionado el problema de marras o no ha obrado un milagro (¿habrá de eso en el islam? Había oído algo de que no) como subirme el <em>pagerank</em> a 6, le daré una oportunidad al budismo. De ese sé aún menos. Quizás sea porque en el <em>Collège Néerlandais</em> no había amables señores con una peca en mitad de la frente, ataviados con joviales túnicas naranja mandarina y vertiéndose leche todo el día por lo alto. Pero en cualquier caso prometo a San Buda que beberé sólo leche de cabra o por si las moscas de soja. Y también me iré a construir farmacias a la India; o aprenderé hindi, o veré una película de Indiana Jones. ¿Alguien que me indique una guía de inicio rápida para que no tenga que estudiar mucho?</p>
<p>A Buda le daré nueve meses y espero encontrar alguna otra fuente alternativa de calcio. Quizá si empiezo a comer vaca, sea lo más parecido a beber leche; pues similar a devorar el producto, será engullir a la fuente productora. A los nueve meses y un día me volveré judío. Incluso donaré algo de mi bolsillo a una mezquita y me pondré un sombrerito tapándome la coronilla, que seguramente inventó alguien que tenía problemas de calvicie y así me voy cuidando ya para el futuro. Además leeré torás de esas con sus dos rollos de papel higiénico, estudiaré hebreo y le construiré un becerro de oro a Abrahán, que recuerdo que me contaron que le gustaba en una misa.</p>
<p>Por último, si ninguna de las opciones anteriores da resultado al cabo de un año más&#8230; Supongo que no me quedará otra que ponerme una vela al arcángel <em><a href="http://www.google.es">Google</a></em>. Prometeré serle fiel siempre. Me encanta su Gmail y prometo instalarme el Google Desktop el día que no me ralentice el cacharro. Y hasta seguiré una lista de mandamientos: Jamás me haré clic en mis propios anuncios Adsense, no realizaré búsquedas en otros motores de la competencia y cuando se me rompa el HTC Magic me compraré otro teléfono móvil que traiga el sistema operativo Android. Además Google Chrome es lo máximo e incluso podríamos declarar vigilia permanente sobre la ya mastodóntica y ralentizada por mil extensiones Morcilla Firefox.<br />
Instalarme Google Picassa me iría muy bien para recordar quién soy y de dónde vengo, al tener organizadas fantásticamente las fotos. Leería todos los días algo que encontrara en Libros Google y hasta me abriría una cuenta en Adworks. Hace mucho que vengo utilizando el sistema de Análisis de Tráfico Web de Google y de vez en cuando, hasta uso el Calendario de Google y el GTalk. Casi todos los días uso el Youtube y alguna vez he pensado en meterme a monje y ver algo en Google Videos, pero lo he descartado porque no me va el celibato. Pensándolo bien, con Google llevo teniendo relación desde hace mucho tiempo. Para más INRI, es el que ha dejado de mandarme gente.</p>

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		<title>Sandía sin semillas</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jul 2009 12:16:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Científico]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[Entre estación y estación del metro, vi uno de tantos anuncios que prometen felicidad sin límites, o bien, que promocionan algún evento al cual se debe sin duda asistir. Sin embargo, como es el caso de muchos de estos desplegados de papel, algunos gozan de mayor presupuesto que otros, tanto para su diseño, como para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;"><span lang="es-ES">Entre estación y estación del metro, vi uno de tantos an</span></span><span style="font-size: small;"><span lang="es-ES"><span style="text-decoration: none;">uncios que prometen felicidad sin límites, o bien,  que promocionan algún evento al cual se debe sin duda asistir. Sin embargo, como es el caso de muchos de estos desplegados de papel, algunos gozan de mayor presupuesto que otros, tanto para su diseño, como para la calidad de sus colores e ingenio de las campañas. Me detuve entonces frente a un gran camaleón que ostentaba, pantagruélico, una gama de colores entre el amarillo, el azul y el rojo. </span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;"><span lang="es-ES"><span style="text-decoration: none;">Me miró, o al menos esa sensación tuve, y me aprestaba a preguntarle “¿qué vendes?”, cuando uno de sus ojos independientes me dirigió hacia tres círculos de borde verdoso con centros amarillo y rojo, y que se encontraban a un costado de él. Volví a mirar al camaleón, y él, pensando quizás que debía ser tonto, hizo saltar un poco su otro ojo para dirigirme hacia las tres o cuatro palabras que figuraban en el cartel además de los círculos antes mencionados.<span id="more-1914"></span></span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Caí en cuenta inmediatamente. No se trataba de una pintura de la vanguardia rusa, como aquellos que se presentaron en París  hacía apenas dos o tres meses. No era un Malevich que hubiese perdido la cuadratura. Eran tres rebanadas de sandía sin semilla promocionadas por un camaleón. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Varias preguntas vinieron a mi mente: 1.- ¿cuál es el vínculo semántico entre esas dos especies separadas por la evolución hace millones de años? 2.- Sin el camaleón, ¿habrían vendido igual número de sandías? Y sobre todo, 3.- ¿para qué sirve una sandía sin semillas?</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Para responder a la primer pregunta me acerqué a la poderosa wikipedia sin obtener ninguna respuesta que incluyese a ambas especies en el mismo artículo. Posteriormente, hice una búsqueda de términos por separado, la cual desplegó una cantidad de información relativa a la descripción botánica y zoológica respectivas. Seguía sin comprender, así que decidí ir más lejos, escribiendo camaleón+sandía. Pero todo fue en vano. Google se declaró incapaz  de aluzar el camino que me guiase hacia una respuesta convincente. Por lo tanto, me vi obligado a aceptar dogmáticamente su cohabitación en aquel cuadrilátero del metro parisino.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">La segunda pregunta, requeriría del acceso a la base de datos de la compañía vendedora de sandías, con el objetivo de hacer un análisis diacrónico de la evolución de las ventas anteriores y posteriores a la asociación gráfica sandía-camaleón. Sin embargo, mi nula injerencia en la administración de dicha compañía, me impidió obtener la información necesaria, y por lo tanto, declararé la respuesta inalcanzable. La oscuridad de la ignorancia continuaba ganando espacio, y las preguntas, continuaban siendo sólo eso, sin su complemento de réplica que se esperaría para todo pregunta formulada en el mundo.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Para hacer contrapeso a la frustración de la segunda pregunta, trataré de ser claro en la respuesta de la tercera, desde mi humilde y e ingenieril punto de vista.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Un fruto partenocárpico, es, en términos agronómicos, aquel óvulo fecundado y maduro que no posee semillas. Dicha cualidad, es alcanzada mediante manipulaciones de cruce de variedades de una misma especie que conducen a la obtención de frutos incapaces de reproducirse, es decir, híbridos asexuados que han sido producidos mediante técnicas distintas a la germinación natural que es menester de toda semilla. Sin embargo, esta definición no responde aún a nuestra pregunta. Como dije anteriormente, la respuesta es simple. Y es que un fruto sin semilla no sirve para nada. Sentencia que puede parecer parca, pero que proviene de la autoridad moral de mi maestro de fruticultura. Así lo profesaba él, investigador en mejoramiento genético: “Es como muchas cosas en la vida”, decía, “¿cuántas de los alimentos que se venden tienen en realidad una función real? Nutracéuticos, con un menor contenido de grasas, con mayor contenido de agua, con aspartame, con empaques complicados, etc., para qué sirven”. De lo que hablaba en el fondo dicho profesor, es que ese tipo de productos van dirigidos para personas que buscaban el mínimo esfuerzo, la evasión de cualquier sensación desagradable, y por lo tanto indeseable, como lo es, tener que expulsar las semillas desagradablemente negras, de sus bocas inmaculadas; tener que agarrarlas con sus limpios dedos, para finalmente, ponerlas sobre un plato que después habría que vaciar en el bote de la basura y lavar. Y es que, a pesar de que la sandía podrá ser disfrutada sin interrupción alguna, eso no quiere decir que las sandías sin semilla “sirvan” para algo. Filosofía agronómica pura y dura.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Esta más que claro, se trata de una aplicación más de la ciencia en pro de una satisfacción total, donde sandías brillantes, con tejidos a punto de explotar en una fuente de azúcares y colores, podrá ser mordida, parte por parte, sin que la persona deba detenerse. Hasta que la saciedad prometida por el camaleón llegue al hipotálamo y diga: “es la mejor sandía del mundo”.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Si hay lectores que sean adeptos a este tipo de productos y que consideren que este punto de vista es retrógrada, les haré recordar algunas sensaciones que se perderán de su memoria al consumir estos productos.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;"><em>Retrato de una sandía no partenocárpica</em></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Las semillas negras, con su capa ligera y húmeda que las hace escurridizas, tratando de escapar de nuestros dedos, como un pez que ha sido sacado del agua. La corteza medianamente dura de una de los cientos de gotas oscuras que se ha logrado sujetar, no sin gran dificultad, y que es guillotinada por los dientes haciendo salir la pepa color blanco hueso. Sandías no germinadas, siendo tamizadas ágilmente por nuestra lengua y dientes, separando por una parte el jugo y la pulpa dulce, y por otra, las semillas. Los dedos pegajosos que un niño no duda en chupar hasta que todo rastro de sacarina ha sido lamido, y las pepas escupidas con la dificultad de sus labios neófitos . La cara moteada de una rebanada vista de frente, el contraste del rojo y el blanco de la parte cercana a la cáscara, con el verde duro, ligeramente lignificado que proteger la descendencia que duerme al interior. El sonido de un sorber del jugo que amenaza con escapar a la mordida para caer al suelo, o a la mano que tratará de evitar que caiga al suelo junto con los puntos negros. Las pequeñas balas que se proyectan cuando se las presiona entre los dedos, llevándolas siempre hacia una trayectoria azarosa, que incluso los lanzadores más experimentados en sandías, penan para controlar.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Que cada quién coma lo que quiera, pero no me digan que una sandía sin semillas sirve para algo. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES">
<p style="margin-bottom: 0cm;">

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		<title>Formas de llegar tarde estando en el lugar de la cita I: Por confiar en los demás</title>
		<link>http://misosofos.com/06/2009/formas-de-llegar-tarde-estando-en-el-lugar-de-la-cita-i-por-confiar-en-los-demas/</link>
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		<pubDate>Sat, 20 Jun 2009 13:02:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[Lucía se comía las uñas cada vez que estaba nerviosa y, parada frente al edificio donde debía pasar una entrevista de empleo, era una de esas ocasiones. Cotejó tres veces el número del edificio con el que tenía anotado en su agenda: coincidía, y sus uñas comenzaban a caer al suelo en una pequeña lluvia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Lucía se comía las uñas cada vez que estaba nerviosa y, parada frente al edificio donde debía pasar una entrevista de empleo, era una de esas ocasiones. Cotejó tres veces el número del edificio con el que tenía anotado en su agenda: coincidía, y sus uñas comenzaban a caer al suelo en una pequeña lluvia de pedazos. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">A pesar de la certeza de que aquel inmueble era un edificio de oficinas, como lo demostraba la persona del mostrador un poco más allá del umbral de la puerta, el guardia vestido de negro, vigilando a las personas, y la puerta automática que le faltaba cruzar, ella tenía la sensación de haberse equivocado. Ninguna palabra que colgase sobre las paredes de mosaico brillante, le indicaba que la empresa que buscaba se encontrara ahí, aunque <em>Google maps</em><span style="FONT-STYLE: normal"> le hubiese informado lo contrario en su búsqueda por internet la noche anterior.<span id="more-1895"></span></span></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Revisó por última vez que el maquillaje estuviera bien extendido por su rostro blanco, que pretendía ser moreno a fuerza sobreponer capas de polvo, con ayuda de un espejo pequeño. Pasó la mano por su saco y falda, tratando de eliminar cualquier pliegue que estropease su imagen, y se sintió lista para ir hacia la recepción.</span></p>
<ul>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Buenos días – le dijo una voz de un hombre, cuando ella se disponía a entrar, el cual la había estado observando desde una lejanía, mientras fumaba un cigarrillo, antes de entrar a la oficina. ¿Le puedo ayudar?</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Eh – dudó Lucía. Sí, supongo que sí. Tengo cita con una persona que se apellida Zeig.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Seig ha dicho? Seig no trabaja aquí, esa persona trabaja en la misma empresa pero en el edificio de al lado.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Pero – intentó interceder Lucía, sin lograr cortar la palabra a su interlicutor; y no se atrevió a entrar en detalles de ortografía de apellidos que le parecían alemanes, porque no conocía nada en esa lengua, así que lo dejó terminar.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Viene usted por alguna de las plazas que vacantes? En fin, no la detengo más. Cuando entre al edificio, suba hasta el tercer piso y gire a la izquierda; es la segunda puerta. Buena suerte – dijo el hombre y siguió su camino hacia el interior, saludó al guardia y desapareció, tragado por el elevador que hizo « tlín », como saben hacer los buenos ascensores.</span></p>
</li>
</ul>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Lucía se quedó con la sensación de que le habían impuesto una respuesta. Pero al mirar el reloj se dió cuenta de que no le quedaban más que tres minutos para la hora de la cita. Evitó pensar en el número del edificio, que permanecía colgado sobre el cristal de la puerta, y caminó hacia el edificio contiguo. La entrada era una réplica del edificio frente al cual había estado comiendo sus uñas durante quince minutos. Cruzó el umbral, y sin pedir ninguna indicación, subió al tercer piso.</span></p>
<ul>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Toc, toc, toc – percutió la puerta.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Entre – respondió una voz gruesa que atravesó la madera y dio luz verde a Lucía.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Buenos días, me llamo Lucía Borja; vengo a la entrevista de trabajo.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Entrevista? – respondió la cara nueva y regordeta del señor Seig. Pero yo no tengo ninguna entrevista el día de hoy.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Sí, pero&#8230; </span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Debe haberse equivocado – le cortó la palabra. Quizás tiene cita con el señor Zweig. Es probable que le hayan informado incorrectamente. Suele pasar; ya casi nadie sabe pronunciar el alemán.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Y dónde puedo encontrar al señor Swaig?</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Zweig – corrigió el señor Seig.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Eso – dijo Lucía un poco apenada por la aclaración. ¿Dónde puedo encontrarlo?</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">En el edificio contiguo, suba al tercer piso, es la segunda puerta al girar a la izquierda. ¿No se le ocurrió escribir el apellido? En esta empresa necesitamos personas </span><span style="font-size: small;"><span lang="es-ES">precavidas</span></span><span style="font-size: small;"> que piensen un movimiento antes.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Lo siento, pero lo que pasa es que&#8230;</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Sí, sí. No le pasó por la cabeza – dijo el señor Seig con enfado y le señaló la puerta, indicándole que se fuera. Estaba de mal humor porque se había terminado el café en todo el edificio.</span></p>
</li>
</ul>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Lucía salió sintiendo una rabia inmensa colmar su cabeza, como un cancer momentáneo que hace desfilar ideas sádicas por la cabeza. Deseó mandarlo a la mierda, pero debía concentrarse en llegar rápido al lugar donde estaba primero, preocupada porque comenzaría una entrevista de trabajo con un punto negativo: el haber llegado tarde. Maldijo también al hombre que le dió información equivocada: « quizás por burlarse de mí, &#8216;joe puta », maldijo Lucía olvidando completamente que el hombre le había parecido atractivo. Bajaba y se imaginaba debiendo justificarse ante un desconocido. Terminó de descender y se encontró de nuevo en la calle. Caminó a la puerta del gemelo de concreto y cristal, y entró ignorando el saludo del guardia negro, de traje negro, con un perro negro, que cuidaba la cuidaba de la puerta. Apretó el botón del ascensor hasta que este hizo « tlín » y ella pudo ascender. « Segunda a la izquierda, segunda a la izquierda; aquí ».</span></p>
<ul>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Toc, toc, toc -intercedió nuevamente una puerta por ella.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Sí? Entre por favor.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Buenos días? – preguntó Lucía, en lugar de saludar normalmente, al encontrar de frente al señor Zweig. </span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Veo que nos encontramos de nuevo -respondió él con una ligera sonrisa iluminando su rostro. Entonces usted buscaba al señor Zwieg y no al señor Seig.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Sí, supongo – respondió Lucía, en cuyo rostro se leía todo el color rojo de la vergüenza, ¿de qué? De liberarse de un pequeño odio que antes iba dirigido a un desconocido, quien quizás no habría querido enviarla a un lugar erróneo, sino por el contrario, simplemente ayudarla. </span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">No se preocupe, no le voy a pedir explicaciones. Tome asiento por favor. </span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Gracias.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Entonces dígame, ¿por qué puesto viene?</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Asistente de Recursos humanos – respondió ella sin poder eliminar el color rosado de su cara que se quería morena.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Ya veo, eso es aquí, vamos a comenzar la entrevista&#8230;</span></p>
</li>
</ul>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm"> </p>

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		<title>Formas de llegar tarde levantándose temprano IV: Por una paloma muerta</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2009 11:26:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[Eran las ocho y diez de la mañana, el aire comenzaba a hacer bailar las bolsas ambulantes que los transeúntes habían dejado caer al regresar del mercado. Las personas avanzaban frenéticas como si fuesen atletas, que al sentir la cercanía de la entrada del metro, acelerasen el paso tratando de ganar unos segundos al cronómetro. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Eran las ocho y diez de la mañana, el aire comenzaba a hacer bailar</span><span style="font-size: small;"> las bolsas ambulantes que los transeúntes habían dejado caer al regresar del mercado. Las personas avanzaban frenéticas como si fuesen atletas, que al sentir la cercanía de la entrada del metro, acelerasen el paso tratando de ganar unos segundos al cronómetro. El pequeño carro del ayuntamiento pasaba ya recogiendo los primeros cadáveres de basura del suelo y Gustavo los miraba, hundido en el ritmo de una canción de hip-hop que se <span lang="es-ES">materializaba</span> en los audífonos de su reproductor de MP3. No podía evitar mover ligeramente la pierna mientras la voz del grupo <em>Nick Ta Mère</em> lo llenaba de energía suburbana con bases de sintetizador.<span id="more-1888"></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">El tranvía se acercaba, deslizándose por los rieles como una gran serpiente, y él se preparó poniéndose de frente al que sería el lugar de llegada de los vagones. Fue entonces cuando un sonido seco percutió el suelo cercano a sus pies, haciéndolo mirar hacia el suelo, a pesar de estar aislado en su música. El cuerpo de una paloma yacía sobre la rampa de acceso a escasos cuarenta centímetros de él. Era una paloma cualquiera, con plumas ligeramente tornasol y una escala de grises tapizando sus cuerpo. Gustavo la miró de la cabeza a los pies. Los ojos estaban abiertos, y el cuerpo, estaba recostado sin hacer ningún movimiento. Llegó hasta las patas y descubrió que una ellas carecía de falanges. Parecía el muñón de un cojo. Gustavo sintió un poco de asco al ver la piel rojiza, ligeramente rosada, y la textura rugosa de la piel del ave. El tranvía estaba frente a él, y despertando de un pequeño letargo, se acercó a la multitud que impedía la salida de los pasajeros que bajaban en aquella estación. Se dió cuenta, entre los gritos, reclamos e insultos de los que quería bajar y que eran detenidos por pasajeros demasiado impacientes, que sería imposible subir a aquel tren y regresó cerca de la paloma.</span></p>
<ul>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">¿La va a dejar ahí? – preguntó una mujer negra de caderas enormes que portaba un vestido de flores que cubriría una cama de una plaza.</span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Perdón? – respondió Gustavo quitándose los audífonos que le impedían comunicar con el mundo de los sonidos. </span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">La paloma, ¿la va a dejar ahí? – repitió acercándose hacia él.</span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Pues, sí. No es mía – espetó con un tono de adolescente rebelde que no era; escondiendo su desconcierto por la situación.</span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">No sea ingrato – le dijo la mujer, quien le hablaba de frente, haciendo explotar un aliento a carne cocida en la cara de Gustavo. Agárrela y llévela a un jardín. No la deje ahí tirada para que las personas la pisen. </span></p>
</li>
</ul>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Mientras la mujer seguí hablando, él pensaba en lo que diría a su jefe para explicar su retraso. « Las plantas no esperan », solía decirle su patrón en esas circunstancias; « a las plantas, hay que darles de comer y de beber a tiempo, si no, no estarán listas para ser vendidas. Esto es un negocio, no un hospicio ». El huerto de agricultura orgánica, donde trabajaba Gustavo, se encontraba a escasas cinco estaciones de su casa. Pero a Gustavo no le gustaba caminar; era mas bien regordete y sus pies se fatigaban rápidamente, a fuerza de cargar su cuerpo grueso de piel negra y brillante. Una vez más tendría que inventar alguna excusa. «El jefe la trae conmigo », explicaba Gustavo a su madre casi todos los días, « dice que por ser el más joven debo tener más energía, pero cómo quiere que mucha tenga energía si peso el doble que él y no me da el tiempo suficiente para comer bien. ». Tenía diecisiete años aquella mañana en que la paloma se postraba frente a sus pies sin que él pudiera evitar verla. Había abandonado el bachillerato « porque los estudios no eran para él »; y desde entonces había probado una decena de empleos que nada tenían que ver los unos con los otros. Se aburría con facilidad y eso lo llevaba a cambiar. « Soy joven », argumentaba ante su madre, cuando esta le cuestionaba su falta de perseverancia. </span></p>
<ul>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Pero, ¿con qué la voy a levantar? – respondió Gustavo ante la petición de la mujer.</span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Algo se le va a ocurrir – respondió ella y se perdió entre el hormigueo de las personas que al fin había logrado entrar al tranvía.</span></p>
</li>
</ul>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Gustavo quiso responder algo, pero la mujer se había ido y lo había dejado frente a la paloma que le parecía cada vez más repugnante. Miró el reloj y se dio cuenta de la inminencia de su retraso. Calculó el tiempo que le tomaría llegar al trabajo si hubiese subido en el tren que ya se había ido: el resultado fue una mentira. Sacó el teléfono portátil de su bolsillo y marcó el número de su jefe para mentir. Dijo que estaba en el tranvía que lo llevaría con una hora y diez minutos de retraso. No sabía por qué mentía, por qué no confesaba que había dejado pasar el tranvía en el que decía que ir y el retraso no sería menor a dos horas. Colgó el teléfono y miró a su alrededor para ver si alguien había escuchado la conversación con la señora africana. Pero nadie lo miraba, todos estaban absortos en la lectura de diarios gratuitos que vagabundean por toda la ciudad. Pensó en irse, en regresar a casa, como en una cinta de video al revés, hasta llegar a su cama y dormir. Estaba a punto de dar media vuelta cuando vio, frente a él, en la parada que llevaba en la otra dirección, a la mujer de vestido florido que le sonreía. </span></p>
<ul>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">¡Ah, ya sé! – gritó la mujer, atrayendo la atención de todas las personas que esperaban en tranvía. Pensaba irse y dejarla ahí. ¿Qué le cuesta llevarla a los arbustos de ahí atrás?</span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Pero – dijo Gustavo, como un niño que es sorprendido a mitad de una travesura, y después se quedó callado, hundido en una vergüenza insospechada. La, la voy a recoger – balbuceó Gustavo mientras unas ganas infinitas de llorar le venían desde las entrañas. </span></p>
</li>
</ul>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Qué culpa tengo yo de que una paloma haya caído del suelo. Maldita señora, qué le importa; y si tanto le preocupa, por qué no la recoge ella. Y todos ustedes, gente aburrida, por qué no dejan de mirarme. La señora sonrió cuando lo vió buscar con la mirada a su alrededor, suponiendo que estaría buscando algún objeto para levantarla. Los demás protopasajeros se engancharon a sus movimientos con la misma mirada aferrada que dirigen al televisor, ávidos de sucesos. Bola de chismosos. Ojalá no tarde el tranvía para que se los lleve. Gustavo encontró una bolsa de plástico, y al agacharse para recogerla, no pudo no ver el reloj. Suspiró y pensó en que la mentira que había dicho era doblemente mentira. Las miradas seguían pendientes de sus movimientos y el tranvía no llegada, ni de uno, ni del otro lado. Se acercó a la paloma, puso la bolsa plástica sobre su mano y sintió algo inesperado: el calor del cuerpo estaba aún sobre el plumaje, irradiando energía al viento de lo que otrora fue vida. Las plumas brillaban igual que cuando volaron en otro tiempo. La señora sonrió cuando vió a Gustavo levantarla con cuidado. Puta madre, se siente raro. El cuello de la paloma se torció hacia el borde de la palma de Gustavo como si descansara sobre ella. Los propopasajeros de enfrente se volvieron pasajeros y desaparecieron llevándose entre ellos a la mujer del vestido florido. Y ¿qué hago ahora con ella? Está muy blanda. Se siente raro. ¡Joder!</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Mientras se alejaba, volteó hacia la estación y encontró sonrisas que no pudo menos que responder. Sonrisa con sonrisa se paga y Gustavo se alejó caminando, sin sentir sus pasos, como si flotara en una felicidad enorme que casi ap<span lang="es-ES">enas cabía</span> en su pecho. ¿Qué voy a hacer con ella? El tranvía que lo llevaría al trabajo con dos horas de retraso, se fue sin él, pero él, no pudo dejar a la paloma y la llevaba a pasear, por última vez, por la ciudad antes de cubrirla con la hojarasca de la sombra de un árbol en un parque público.<br />
</span></p>

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		<title>Formas de llegar tarde levantándose temprano II: Por un acostón con un desconocido</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jun 2009 15:48:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[  Marta cerró la puerta de Ulises y se sintió tranquila. No era la primera vez que despertaba al lado de algún chico desconocido, pero seguía sintiendo algo de vergüenza al despertarse en el espacio de alguien más. Quizás ella hubiese deseado que él saliese rápidamente, si la cama hubiese sido la suya. Por eso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Marta cerró la puerta de Ulises y se sintió tranquila. No era la primera vez que despertaba al lado de algún chico desconocido, pero seguía sintiendo algo de vergüenza al despertarse en el espacio de alguien más. Quizás ella hubiese deseado que él saliese rápidamente, si la cama hubiese sido la suya. Por eso decidió partir temprano; por eso y porque quería cambiar de ropa. Siempre había pensado que los demás pensarían que se había acostado con alguien por el solo hecho de no cambiar de atuendo. Porque ella piensaba eso de los demás.  <span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Sobre todo en un lugar donde las oficinas pululaban de hombres ataviados aún al estilo inglés; donde la vestimenta era parte del trabajo.</span></span></span></span><br />
<span id="more-1854"></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Subió a un autobus que la llevaría al otro lado de la ciudad, sintió y olió el ajetreo de todos aquellos que ya iban a sus trabajos. No como ella que comenzaba a las diez. Privilegios de la constancia y de un encuentro casual con un Jefe menor del banco que después ascendió de puesto. Bien o mal, a ella le había gustado aquella noche cuando se llevó a cabo una cena de fin de año en un bar de la ciudad. Después había llegado con una carta donde se le anunciaba una reducción de una hora de trabajo con goce de sueldo. La había llevado personalmente a pesar de haber podido dejado para el correo interno. Se sintió prostituida, o bien, como si la hubiesen premiado con algo que no había pedido; festejada por entrar a un harén. El nuevo jefe se quedó con una cara retraída de quien espera una respuesta de alegría, pero ella se limitó a exclamar: « ¡qué bien! », tomó la carta e ignoró para siempre a aquel hombre En fin, entraba a las diez y podía darse el lujo de viajar en autobús; era un lujo entre tres horas de trayectos cotidianos por galerías que alternaban oscuridad y exceso de luz, como en experimentos con ratones fotofóbicos.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">El autobús se vació en el centro y pudo sentarse sola en un asiento doble. Se colgó los audífonos al oído para amenizar su viaje con Nora Jones que era dulce como la textura de terciopelo del asiento sobre el cual estaba apoyada su mano y dijo en voz baja:</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">- Tengo que enviar un mensaje a&#8230;¡Mierda, he dejado el teléfono!, gritó Marta provocando que el conductor la escuchase para después clavarle una mirada. Pero ella lo ignoró y apretó el botón para bajar en la siguiente parada. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Dos cosas la preocupaban: primero la idea desagradable de regresar a casa del tipo que le había ofrecido un café insípido y que insistía en ir a buscarla a la salida del trabajo. Tendría que tocar a su puerta, y él quizás pensaría que quiere acostarse de nuevo con él. Pero no había otra solución. Cruzó la calle caminando de prisa, pasando junto a más y más hombres en traje sastre que le recordaron su oficina, y entró al metro. Miró su reloj de pulsera y calculó los minutos para llegar hasta a casa de él, de quien ni siquiera podía recordar el nombre. Parecía un cliché de serie americana, Marta lo pensaba también, salir, emborracharse y caminar por París antes de vivir con su sexo por algunos minutos. El anonimato le gustaba para el sexo, pero en aquel vagón, y en ese momento, donde las caras grises maniquí la circundaban y donde el más cuerdo le parecía que era el vagabundo alcohólico con sus bolsas plásticas a cuestas, le hubiese gustado sentir la seguridad de unos ojos conocidos. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">El metro se detuvo más de lo que ella hubiese querido. Sacó un espejo de su bolsillo, y se miró con detenimiento: perfil izquierdo, luego derecho, y concluyó que el maquillaje necesitaba un retoque. Volvió a mirar el reloj para descubrir que los minutos le habían tomado la delantera. Agitó la pierna izquierda como lo hacía cuando estaba ansiosa, se mordió las uñas, respiró hondo muchas veces, le encantaba ser un cliché toda ella. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">El retraso era inevitable y el pensar en ir a cambiarse de ropa, era una idea que se había desvanecido durante el viaje en el metro. Deberá ir con la misma ropa y se sentirá incómoda, paranoica y un poco sucia. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Tocó a la puerta y una voz ronca de cerveza y cigarro en exceso, le preguntó que quién era. Ella se anunció con una pequeña descripción en caso de que él también hubiese olvidado su nombre. Quería que todo terminase rápido; le explicó lo que pasaba con palabras que se sucedieron unas a otras hasta el final de la explicación. En aquel momento pasó por su cabeza el temor de que quizás él habiese recibido la llamada de su novio; o que tal vez hubiese visto sus fotos en el portátil, o los videos, o los mensajes; había demasiada información de su vida en un aparato demasiado pequeño. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">La voz le pidió que esperara, que se iba a vestir. « Ahora le da pena », pensó Marta con gesto de ironía. Miró el reloj y calculó que tendría una hora de retraso. Él abrió la puerta, le sonrió y le preguntó si quería quedarse a desayunar de verdad, habiéndose disculpado por su actitud de desgano unas horas antes. la propuesta le rompió el esquema, le rompió el recuerdo de él, le curó la borrachera y no pudo evitar sonrojarse. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Iba tarde para el trabajo, pero él le reiteró su invitación y ella pensó que una mañana de sexo y hambre saciada, por un regaño en la oficina, era un buen comercio. </span></span></p>

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		<title>Formas de llegar tarde levantándose temprano I: Por las llaves</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jun 2009 14:40:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[  Con un movimiento ciego, Joel apagó el despertador de su celular que había dejado escuchar dos alarmas ya. Sabía lo que se hacía en esos casos, así que se levantó con dificultad y tomó una ducha, habiendo antes puesto a calentar el agua para el café. Se vistió mientras echaba un vistazo al reloj [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
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<div><span style="font-family: Arial, sans-serif;"></span></div>
<p><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;"></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Con un movimiento ciego, Joel apagó el despertador de su celular que había dejado escuchar dos alarmas ya. Sabía lo que se hacía en esos casos, así que se levantó con dificultad y tomó una ducha, habiendo antes puesto a calentar el agua para el café. Se vistió mientras echaba un vistazo al reloj del portátil. Los pasos estaban aprendidos: En caso de tercer alarma, se debe sacrificar el pan tostado, repetía una voz gruesa en su cabeza, se puso los zapatos, lustrados antes de dormir, mientras miraba el capítulo de alguna serie en internet y que había dejado a medias la noche anterior. Estaba listo, sólo le faltaba preparar el café, ponerlo en el termo y salir. <span id="more-1848"></span></span></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Durante el tiempo en que esperaba a que el aroma denso del café <span lang="es-ES">invadiera cuarto y pasillo,</span> decidió buscar las llaves para ganar un poco de tiempo. Las llaves, las llaves. ¿donde están las putas llaves?, vociferó Joel, Las llaves. El pantalón; no. Entonces en el portafolios. Tampoco. Sobre la mesa de noche. ¡Puta madre! Todo iba tan bien. En la sala de baño. No, pero nunca las pongo ahí&#8230; quién sabe. No. ¿entonces dónde?, preguntó Joel en voz alta, contrayendo sus manos como un artrítico en signo de rabieta solitaria. Bajo la pantalla de la computadora. No. Detrás del escritorio. No. Debajo de la almohada &#8211; ¿por qué estoy buscando bajo la almohada?, se preguntó. No, evidentemente no. Pero quizás&#8230;No, entre los libros, hacía meses que no los tocaba, ¡qué idea! Pero revisó de cualquier manera y al leer los títulos que no podía evitar descifrar de paso, las historias leídas le vinieron a la memoria, pero las llaves no estaban entre ellas. Al menos de las suyas no se hablaba en ellos.</span></span> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Hurgó bajo la cama, entre las cobijas, en el saco del día anterior. Inclusive miró en la puerta, pero fue en vano. Parecían haberse esfumado con la noche. Registró los cajones con una rabia hija de la impotencia. Era como un muro que no cedía y se le plantaba frente a su vida simple, en la cual no hacía daño a nadie, &#8220;y tenía que pasarme a mí&#8221;, reclamó Joel y dio un puñetazo sobre la pared, sentía ansiedad.</span></span> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Se sentó en el sofá-cama que ocupaba cuatro de los dieciocho metros cuadrados del estudio donde vivía. Abrió la ventana y pensó que si no existiesen los celulares, él podría haber pretextado no tener manera de comunicar su retraso. Imaginó a su padre en la misma situación, buscando las llaves y debiendo salir para encontrar un teléfono público; y en su bisabuelo, quien seguramente no habría tenido manera de informar, y en el campo, se hubiesen quedado esperando a que llegase para cultivar el maíz.</span></span> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Pero Joel no podía hacer eso, tenía ya media hora de retraso y las llaves no querían aparecer. Era como buscar duendes burlones que se abandonan a la transparencia hasta que se han saciado de risa y aparecen en el lugar que parece obvio al final. Recordó, mientras sacaba la ropa sucia del cesto, haber visto un reportaje sobre Canadá, donde las personas dejaban la puerta de sus casas abierta. Pero en esta ciudad, pensó Joel, ni loco; con esta bola de desconocidos&#8230; Por eso no podía simplemente dejar la puerta abierta y coger tranquilamente el metro. </span></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Respirando de nuevo, recordó el momento en que se levantó, y en un tiempo que no existe ya, se imaginó habiendo ignorado el despertador, quedándose dormido y reportandose enfermo. Habiendo debido ir al supermercado de la esquina, y sólo entonces, darse cuenta de que las llaves no aparecían, y se habría alegrado por su decisión de no ir a trabajar.</span></span> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">En lugar de ello se había reportado con retraso, habiéndose levantado temprano, en lugar de decir que no iría a trabajar definitivamente y quedarse tranquilo para buscar las pequeñas placas de metal. Si tuviese un imán gigante, pensó puerilmente Joel a sabiendas de que eso no existía en su casa. Así que debía seguir buscando en la habitación y en su memoria, convenciéndose de que las llaves debían estar en el cuarto, ya que de otra manera no hubiese podido entrar la víspera de esa mañana que había comenzado a funcionar sin él. </span></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">« ¡Materialicense! », les ordenó Joel, pero las llaves insistieron en transparentarse como niñas angelicales. Rogó, gritó, ordenó, susurró y gimió; pero al menos es mañana, las llaves no aparecieron en ninguna parte de la Tierra y él no fue a trabajar.</span></span></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p></span></span></p>

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		<title>Reencarnación</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Jun 2009 16:08:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[« Era duro pensar en el momento en el que el martillo golpeara los clavos sobre la madera verde y crujiera el ataúd bajo la esperanza segura de volver a ser árbol. » Gabriel García Márquez Ahora que está en el pueblo donde creció, para ver a su padre convaleciente, los lugares le parecen lejanamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm;" align="right"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">« </span><span style="font-size: x-small;"><em>Era duro pensar en el momento en el que el martillo </em></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="right"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><em>golpeara los clavos sobre la madera verde </em></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="right"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><em>y crujiera el ataúd bajo la esperanza segura de volver a ser árbol. </em></span><span style="font-size: x-small;">»</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="right"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Gabriel García Márquez<br />
</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Ahora que está en el pueblo donde creció, para ver a su padre convaleciente, los lugares le parecen lejanamente propios, y pensó, como cada vez que regresaba, que casi los había olvidado. A pesar de que había pasado una buena parte de su infancia en aquel lugar golpeado sin clemencia por un sol que partía la tierra,  los paisajes se le habían caído de los ojos con el ajetreo del periférico en hora pico de la capital. </span></p>
<p><span id="more-1818"></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Miranda y Julio, su esposa e hijo, esperaban en la sala tristemente vieja, sentados sobre sillones de terciopelo verde, pulidos por los años hasta dejar ver los primeros resortes. Del otro lado la puerta, mientras escuchaba a su padre hablar, él recorría en su cabeza el camino que lo conduciría inevitablemente a pedirle a Miranda que participase en la senilidad de su padre; la petición no había terminado aún; pero algunos minutos más tarde, estaba ahí, flotando y esperando ser recibida por su hijo. Se trataba de una obligación humana, cumplir la última voluntad de un moribundo al pie de la letra. Era lo menos que esperaba de él, al menos a él, como hijo, así le parecía que debía lo consideraría su padre. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">El viejo terminó de hablar, habiendo explicado, con una voz debil, de pulmones carcomidos por el tabaco, las razones de su última voluntad. Él, hijo olvidado por voluntad, que había tomado el primer autobús que pudo pagarse, para poder así poder inventarse la historia que era su actual vida citadina, debía ahora hacerse cargo de un padre que tardó veinte años en perdonar su partida; que prefirió vivir en la miseria con tal de no aceptar nada de su bolsillo. Veinte años de culpa, de tristezas recurrentes, de tener  un cuerpo desprovisto de historia, de pasado, y que le dolió hasta que pudo volve cuando su padre se quedó solo y lo llamó a su lado.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Miranda alzó la voz y él comprendió que debía dar una explicación. Hasta entonces no había aceptado la tarea; había hecho sólo lo que había considerado necesario, escucharlo hablar, sin poder decirle que una parte de él lo odiaba. La voz de Miranda volvió a romper el aire y se escuchó, al mismo tiempo, el sonido rasposo de los neumáticos de un auto sobre la tierra, anunciando, entre el silencio del pueblo, que alguien había llegado. Pensó en salir huyendo; aprovechar la distracción de su padre que se preguntaría quién había llegado, y coger las cosas, llamar a su familia y volver a la casa del DF. No importaba que acabaran de llegar. Se abrió la puerta y se escucharon voces en el otro cuarto, la madera es extremadamente permeable al sonido, era su primo Luis que venía a despedirse de su padre antes de partir de nuevo hacia los estados unidos. La madera es muy permeable, volvería más tarde y se le oyó salir y alejarse en un automóvil.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Su padre tosió y le buscó la mirada, tratando de adivinar una respuesta en su rostro impávido, en su cara de embotellamiento y oficina, gesto de quien no olvida aún la racionalidad cotidiana. Pero la mirada perdida de él no le veía, al contrario de la de su padre, quién no hacía más que mirarlo, tratando de asir algo del hijo a quién había lanzado piedras para que no volviese, en uno de sus intentos tempranos por volver como el hijo exitoso. El viejo desistió entonces y se acomodo con dificultad, haciendo salir una exhalación del colchón que desató un aroma a cama percudida y polvorienta, explosión de aire que hizo erupción en una lluvia de estrellas cenicientas que se encendieron con la luz que penetraba a través de las maderas irregulares de la cabaña de dos piezas.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Miranda se preguntó, desde la primera vez que fue <span style="font-style: normal;">al </span><em>pueblo,</em><span style="font-style: normal;"> cómo habrían hecho para llevar una sala hasta un lugar tan alejado, antes de que se trazara la carretera sin pavimento. Pero nunca tuvo la audacia de preguntar; por eso le desagradaba ir a ese lugar, nunca se sentía en confianza, porque no quería parecer pretenciosa, y aunque él le dijo que su familia vivía así porque quería, y que si comentaba algo que tuviese que ver con su vida de la ciudad, no habría problema, ella no lograba trenzar ninguna conversación. </span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Había pulgas en la cama, los perros entraban a la casa, no había estufa, los cubiertos estaban sucios y los platos llenos de polvo mal enjuagado y ceniza del fogón. Todo tenía una capa de todo lo que ella no era.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">En cada situación en la que se sentía incómoda, volteaba a ver a su esposo y le preguntaba con la mirada « ¿qué hago? »; pero él no tenía cabeza para ella cuando iban a aquel lugar, lejos de cualquier camino pavimentado. Entonces ella debía improvisar, hervía el agua sin pedir permiso, lavaba a escondidas los platos y cubiertos hasta que le parecían los suficientemente limpios; y los colocaba en la misma posición en que los había encontrado. Prefería alejarse entre la hierba del monte para poder cagar, en lugar de utilizar aquella letrina a la cual no podía acercarse por miedo a vomitar, a causa del aroma fétido que se extendía hasta un radio amplio por falta de cal. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Pero él no se daba cuenta de nada de eso; se perdía como si entrase en una nube de contemplación. Durante el camino, antes de llegar, siempre comenzaba una especie de metamorfosis; se le endurecía el ceño y hablaba con una voz más ronca. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">A pesar de la seriedad con la que se atrincheraba frente a su padre, siempre acababa durmiendo tranquilo, como no lo hacía en la ciudad. Se limitaba a hablar para lo estrictamente necesario, como preguntarle a su padre si tomaba sus medicinas, o cuándo había sido su última visita al médico, pregunta ante la cual cual su padre espetaba un « déjame morir tranquilo », que clausuraba cualquier interrogatorio. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Durante los viajes al pueblo, las caminatas por el monte que llevaba hacia un cementerio abandonado, donde los huesos escurrían con la lluvia, eran la única escapatoria para volver a ser la familia que eran. Cada año era proporcionalmente lo mismo,el paisaje árido que en otro tiempo fue bosque, y que cada año eran más laderas deslavadas por la falta de árboles. Pero era paisaje al fin, porque el desierto también se vislumbra para relajar el alma, aunque haya sido a costa de la devastación, y de unos árboles comprados por centavos a campesinos como su padre, frente a cuyos ojos el paraíso se degradó hasta dejar miseria y tierra que derrumbaba a sus muertos de la ladera donde debían descansar; y los hacía pasar frente a sus ojos impotentes, durante los días de lluvia que llevaba a los viejos con rumbo a ninguna parte. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Los antepasados se han ido por vergüenza, tomaron sus huesos y de dejaron llevar por la corriente, cuando vieron que lo que ya era hambre, se convertía en el timo de unos pesos, que transformaron el bosque de pinos, donde reposaban los que fueron, en mesas de centro para una casa de la ciudad, en un escritorio para el director de una empresa de electrodomésticos y el parquet de una casa en California. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Él también se fue por pena y por hambre. Pero su padre seguía ahí, y ahora le pedía que le ayudase a anclarse a la memoria de él, como un huevo intangible, y que le rogaba también que lo comunicase a su hijo y a su esposa, para que a él, viejo perdido en el fondo del pueblo, no le suceda lo que a los  muertos deslavados. Era dar patadas de ahogado para que el olvido no lo engullese. Sin embargo, él no podía ignorarlo, deseaba no escucharlo pero estaba ahí, mirando una silla de carrizo y un ropero que podría derrumbarse en cualquier correr de puertas. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Algunas veces,  sobre todo los primeros años de universidad, cuando ya podía pagarse la vida y había aprendido cómo funcionaban los trabajos de medio tiempo, sus compañeros llegaban a sorprenderlo en recuerdos de hambre, de comida compartida y baños en el río, inspirados por algún aroma o algún silencio que traía de vuelta el pueblo. Pero él evitaba a toda costa contar esa parte de su vida a quien fuese. Se había inventado una historia, una tía que le ayudaba, que le mandaba dinero. Nadie  hacía más preguntas y él aprendió a vivir con una mentira, para evitar apropiarse de la pobreza, huía de ella;  quería sacudirse los recuerdos y pagar una consciencia tranquila con las monedas que ofrecía a su padre. Sin embargo, este nunca lo soltó por completo, porque si hubiese aceptado el dinero, a pesar de que hubiese vivido mejor, hubiese roto el lazo con él. El viejo sabía que si hubiese aceptado su ayuda, él se habría ido definitivamente. Por eso los desplantes, el ruego, la negociación. Pero nada logró doblegar la voluntad durante los cuarenta días que duró la visita satánica del hijo para tentar a su padre-Jesús. Nada doblegó el abnegado rechazo de su religioso padre, quien terminaba cada achaque con un « si no fuera por la virgencita », mientras repetía que no, que no necesitaba su dinero, que vivía muy bien y que si nada más había venido a preguntarle eso, ya había pasado mucho tiempo en su casa.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;">Cuando la compañía telefónica cubrió, a través de un nuevo satélite, aquella zona rural, él insistió en que aceptase un teléfono celular. Y se convenció ingenuamente de que su padre lo aceptaba de buena cara, aunque fuese sólo por curiosidad. Esto le facilitó su figura de hijo, pensaba que ya no sería necesario que fuese a verlo, bastaría con preguntarse cómo se encontraba, coger el teléfono y franquear la distancia con un botón; para, sobre todo, calmar su consciencia que, absorbida entre planos, facturas y llamadas telefónicas; salía a la superfice por un momento, para recordar que había sido un mal hijo, y al mismo tiempo,  tratar de convencerse de que no era así llamando a su padre.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;"><span style="font-style: normal;">Pero su padre no le facilitó la tarea y dejó sólo a dos llamadas iluminar, con su luz ultramarina, la madera grisasea de su habitación, apagando a todos los grillos con el sonido de Nokia</span><span style="font-size: small;"><span style="font-style: normal;">; dos brillos que le aseguraban que su hijo estaría del otro lado. Deseó coger el teléfono, recibir la llamada como una voluntad sincera, y disculparse, como siempre quiso hacerlo, sin lograr nunca romper la nuez del orgullo que le atravesaba la garganta en cada visita de él le hacía; eso y el miedo de perderlo completamente, de que se sintiese libre, y de que esa libertad incluyese vengarse de él con el olvido, con el frío olvido de la muerte anónima en la pobreza. </span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Por eso rompió el artefacto, lo decapitó como a un verdugo en la piedra donde se cortaba la leña en otro tiempo, cuando había quien la cortase; separó de un golpe certero la pantalla donde brillaba el número de su hijo intentando llamarle. Lo dejó sonar tres veces, como si le diese la oportunidad de arrepentirse, de retractarse por tratar de llamarlo en lugar de ir a verlo. Tres veces brilló la luciernaga frente al verdugo, y entonces dió el golpe capital que apagó la luz y convirtió al celular lo que era, un pedazo de plástico y metal que nada tenía que hacer en un lugar donde las estrellas aún reinaban.</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Alguien tocó a la puerta. Era Miranda que quería saber si todo estaba bien. Él mintió, dijo que sí, pero en realidad se sentía terriblemente confundido por las palabras de su padre. Estaba viéndolo morir, esperando, al fin, poder despedirse de él, perdonarlo desde la parte superior de una tumba, acomodarle unas rosas, limpiar los restos de tierra sobre la lápida, para poder irse y entonces no volver más. Pero él no quería dejarlo ir, y además pretendía extender su miedo a la muerte hasta su esposa e hijo.  De todo el asunto, lo que más trabajo le costaba era imaginarse a sí mismo diciendo a Miranda que su padre quiere que lo entierren en el jardín de su casa, y que coloquen dos manzanos, para que las raíces lleguen hasta su médula y lo conviertan en manzana; pero es sobre todo, su voluntad de que se coman las manzanas. Él argumentará que se trata de su última voluntad, pero será en vano, él conoce a Miranda y sabe que ir al pueblo es lo más que haría por él. </span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Rumió por un instante la idea de mentir, de enterrar a su padre a escondidas y cumplir su deseo de seguir viviendo en rojas manzanas dulces que su familia degustaría cada año. Volteó a ver a Miranda, quien no parecía convencida con la primer respuesta, para decirle que todo estaba bien, pero que ella y Julio, debían regresar en autobús porque él iba a llevar algunas cosas hacia la ciudad con el auto. «Sus pertenencias », dijo, e hizo un gesto que daba a entender a Miranda que el viejo estaba un poco loco. Ella puso cara de haber comprendido y  no hizo más preguntas, se despidió de la tía que vivía en la casa contigua y esperó para que él los llevase a la estación. Salía huyendo justo como él había deseado hacerlo. Se despidieron y ella le dijo que manejase con cuidado, él asintió, los besó y volvió al lado de su padre hasta que él se apagó en la cabaña que había construido con sus manos.</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify"><span style="font-family: Calibri,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Cinco años después crecieron las primeras manzanas, y en la casa, donde siempre calienta el sol  en el pequeño jardín, el verano es formidable, y los frutos, tendrán todo el sabor de la reconciliación. </span></span></p>

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		<title>¡Soy el rey!, Facebook me conoce</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Jun 2009 16:52:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Informática]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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		<description><![CDATA[Todos aquellos que aún no han entrado en la nueva comunicación pública de redes como Facebook, no saben el costo social que esta negligencia acarreará a sus vidas. No sólo no serán conocidos por sus amigos, sino que además no podrán saber nada de ellos -aquello que ellos querían ocultar y que usted siempre quiso saber. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todos aquellos que aún no han entrado en la nueva comunicación pública de redes como Facebook, no saben el costo social que esta negligencia acarreará a sus vidas. No sólo no serán conocidos por sus amigos, sino que además no podrán saber nada de ellos -aquello que ellos querían ocultar y que usted siempre quiso saber.<br />
<span id="more-1811"></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify">En este sitio encontrará todo lo que debe saber para enmendar, lo más pronto posible, esta falta. No es tan complicado como parece.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify">Primero se debe entrar en la dirección electrónica que se encuentra al final del manual; deberá escribir sus datos personales - incluido el correo electrónico. El resto casi funciona solo; el programa busca por usted a sus <em>amigos</em>, entre sus direcciones de correo almacenadas, incluídas aquellas direcciones que habrá agregado por mera cortesía, y que, del otro lado, seguramente habrán hecho lo mismo que usted. Filtrar a sus amistades, dependerá de usted; pero  este tema los abordaremos más adeltante.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify">No se ha de generalizar, pero son numerosos los casos en que neófitos de la red aceptan todas las solicitudes, esperando en el fondo alguna recompensa; que alguien a quien conocieron en la educación básica los recuerde y alabe sus cualidades que han mantenido, con virtud, y contra viento y marea, hasta la época actual; o si es posible, alguna amiga de secundaria que haya crecido glamorosamente, y que, ante la abrupta sorpresa de saber de su paradero, le declare su amor, reservado durante todo el tiempo de la separación, y le anuncie que le entregará su cuerpo virginal apenas se encuentren.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify">Este manual pretende prentende ser hecho  con la mayor objetividad posible, es por ello que se advierte que estos mitos del ego son difícilmente realizables si no se ha sido con anterioridad una persona bien parecida. Como anuncia el dicho popular: « aunque la mona se ponga en Facebook; mona se queda ». Es por esta razón que se sugiere desinflar la burbuja de egolatría frustrada, para concentrarse en sus objetivos para este nuevo mundo que es Facebook.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify">A pesar de que el proverbio domina el valle del Facebook con su sabiduría, siempre se pueden dar retoques a las imágenes -a fin de cuentas, nadie se enterará, si acepta sólo a desconocidos, que a usted le da igual ver el horizonte al estilo de Victor Hugo, y con suerte este disfraz le pueda dejar algún beneficio.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify">Pero antes de comenzar se debe decidir quién <em>ser</em> en el Facebook, o dicho de otra manera, ¿quién he querido ser siempre, y no he podido?; y sobre todo,  ¿para qué? Tome en cuenta que pocas situaciones en su vida cotidiana le permitirán, tan cómodamente, reinventarse una vida, un lugar donde puede ser diferente.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify">Sin necesidad de entrar en las cuestiones metafísicas que presenta el ciber espacio, se puede elegir entre dos opciones:</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify">1.- Hacer públicas fotos para personas no conocidas – quienes por lo tanto no lo conocen y qsimilarían cualquier mentira o:</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify">2.- Hacer públicas fotos para personas conocidas – quienes tienen la desventaja de conocer sus defectos, pretenciones frustradas, y por qué no, pueden incluso despreciarle.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify">Esta elección es un buen punto de partida0 para comenzar la construcción de su personalidad del <em>más allá </em><span style="font-style: normal;">donde usted puede ser rey, que es el internet.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-style: normal;">Supongamos que ha preferido el anonimato para no enfrentarse con sus fantasmas. No se sienta apenado, nadie lo estará viendo cuando esté frente a la computadora. Esa es la ventaja mayor, que nadie se dará cuenta de que usted está mintiendo, y además, si tiene el cuidado suficiente, podrá ver información que otros no saben que usted mira, juzgarlos y reírse de ellos con toda impunidad. Es más, si toma el cuidado de abrir una cuenta anónima, y tiene la suerte de que a esa persona le de igual cualquier solicitud de <em>amigo</em>, podrá escribir mensajes degradantes antes de que el actor principal de las fotos lo censure, o claro optar por la cortesía y festejar las fotografías del cumpleaños de Doña Chole.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify">Sólo Sade habría podido inventar una situación tan improbablemente impúdica y sadomasoquista. Seguramente se habría divertido viendo a las personas publicar sus egos, colgándolos para que los demás los laceren a cambio de un poco de lo mismo; el comercio perfecto del <em>quid pro quo</em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify">Para las personas que últimamente no han tenido ganas de ir a trabajar, que la vida les pesa, que nadie los conoce en la calle; Facebook ofrece la posibilidad de tener un espacio para hablar. Al abrir el sitio, un mensaje predeterminado incluye su nombre en un cuadro de dialogo, donde su nombre es intercalado entre frases que incluyen un saludo; y que anuncian cuántos y de qué procedencia son los mensajes en lista de espera. De esta manera podrá leer emotivos mensajes de popularidad o podrá tener un dialogo terapéutico para su soledad:</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-style: normal;">a) </span><em>X persona ha escrito en tu muro</em><span style="font-style: normal;"> – mensaje que puede ser leído desde el correo para mayor comodidad, pero que la mayoría prefiere leer desde el sitio de Facebook, donde puede ver la fotografía del destinatario en una esquina (buena opción para desmemoriados o para Funes nostálgicos de rostros pasados)</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-style: normal;">b) </span><em>¿Qué estás pensando? &#8211; </em><span style="font-style: normal;">Recurso para solitarios empedernidos que ya no pueden más, y que necesitan una palabra de aliento, y sobre todo que necesitan pronunciar algunas palabras que salgan de la amabilidad cotidiana.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-style: normal;">Estas y otras humanas y dulces palabras binarias, podra encontrarlas en este sitio. Es por esto que le recomendamos ampliamente unirse a nuestra red. Estamos ansiosos de saber qué es lo que piensa (pero lo tutearemos hasta que se inscriba). </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-style: normal;">Yo, antes de ser narrador de Facebook, estaba solo, pero ahora, ¡Facebook me conoce! </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-style: normal;">¡Buena suerte! Sólo tiene que pulsar con el desgastado botón, de lo que usted llama </span><em>mouse</em><span style="font-style: normal;">, sobre el vínculo siguiente:</span>          </p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="justify">                                                        <a href="http://www.facebook.com/"><span style="color: #0084d1;"><span style="font-style: normal;"><span style="background: #ffff00;">www.facebook.com</span></span></span></a></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" align="center"><a href="http://www.facebook.com/"><span style="color: #0084d1;"><span style="font-style: normal;"><span style="background: #ffff00;">El Mundo está aquí adentro</span></span></span></a></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify">                                      <span style="font-size: medium;">Y tú, ¿cuántos amigos tienes?</span></p>

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		<title>El oro que robaron los españoles</title>
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		<pubDate>Sat, 16 May 2009 16:38:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Misosofos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Erasmus en París]]></category>
		<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada vez que conozco a algún latinoamericano, no importa su sexo, edad, ocupación social o si es zurdo, diestro o ambidiestro; me acaba insinuando, comentando algo al respecto o preguntando abiertamente: &#8220;¿Dónde está el oro que se robaron ustedes los españoles?&#8221; La verdad, es que nunca he sabido muy bien cómo contestar ante tamaña afirmación. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada vez que conozco a algún latinoamericano, no importa su sexo, edad, ocupación social o si es zurdo, diestro o ambidiestro; me acaba insinuando, comentando algo al respecto o preguntando abiertamente: &#8220;<em>¿Dónde está el oro que se robaron ustedes los españoles?</em>&#8221;</p>
<p>La verdad, es que nunca he sabido muy bien cómo contestar ante tamaña afirmación. Ya he registrado los cajones de mi cuarto, bajo mi cama y hasta he vaciado centenares de botellas de vino, no fuera a ser que el oro estuviera en el fondo. En lo que a mí concierne, justo es subrayarlo, puedo jurar sobre la tumba de mis antepasados, que no vi ni una sola pepita del caro metal. </p>
<p>Por lo tanto, para responder a sus acusaciones, de ahora en adelante, seré yo el que les formule una pregunta: ¿Dónde está el encendedor que se robaron ustedes los latinoamericanos?<br />
Seguramente ellos se defenderán diciéndome: ¿Cuál encendedor? ¿Qué latinoamericanos?<br />
Entonces, les contestaré: Pavel, que era un mexicano buena onda pero algo culero, me lo robó. En vista de lo cual, os hago culpables a todos. Tengo más motivos que vosotros para inculparos, puesto que Pavel es un contemporáneo vuestro y en cambio, las riquezas que los españoles de hace cinco siglos pudieran arrebataros, no fueron sustraídas por mí, ni por mi padre, ni por mi abuelo, ni por mi bisabuelo&#8230; Sino por alguien que tal vez, ni siquiera esté en mi árbol genealógico.</p>

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