Demasiados hijos de puta

 

Las naciones no tienen grandes hombres más que a pesar suyo. Por lo tanto, el gran hombre es el vencedor de toda su nación.

Charles BAUDELAIRE

Hasta ahora protestar siempre había sido para mí como una fuerza motor. Cuando me cruzaba con alguien que no se comportaba como me parecía que era debido, no podía menos que ponerme a desmenuzar su comportamiento y denunciarlo por escrito. Por una parte con ello pretendía hacer un ejercicio de lógica en el que demostraba si tenía razón y por qué; por otra, era simplemente una forma de reafirmarme en mis pensamientos o de desecharlos por no encontrar el modo de defenderlos.

No obstante, últimamente he de reconocer que me aburre dedicarme a eso mismo. El número de hijos de puta con los que me relaciono se ha multiplicado al cuadrado, el número de idiotas es demasiado elevado y si siguiera en mi antiguo empeño,  sin duda no faltaría quien me acusara de tener una visión sesgada de una realidad que nadie más comparte. Por supuesto, no puedo menos que estar en desacuerdo con tales afirmaciones: a pesar de ser plenamente consciente de mis errores, me gusta pensar que también lo soy de mis aciertos. Y por ello y hasta que alguien demuestre lo contrario con argumentos más sólidos que un tú es que siempre buscas problemas o un claro, hombre, porque tú lo digas; seguiré firme en mi creencia de que tengo razón por encima de quienes ostentan mayor rango o que aquellos otros que dicen hablar con la voz de la experiencia.

He aquí una nueva aplicación de la frase de Baudelaire con la que he comenzado esta entrada: no temas que todos estén en tu contra; ello puede querer decir tanto que estás completamente equivocado, como que tienes toda la razón.

 

Esta entrada fue publicada en Pequeños relatos, Personal. Guarda el enlace permanente.