Tengo los dientes podridos,
un agujero en una muela,
grietas en otras,
por donde entra en agua,
el frío y una electricidad con aguijón o rayo
que quema en seco,
hasta el pie,
la cadera,
el puño,
los ojos.
El dolor es el retrato del olvido
y el desdén
por mi cuerpo;
pequeñas ganas de morir
o de una muerta chiquita;
da igual, mueren mis dientes en sus tumbas
de tantos consultarios dentales,
escarbando (me), desgranando
la mazorca de la boca,
pedazos de cuerpo
fuera, afuera, si fuera:
como si un brazo,
la vesícula
o un pulmón,
yacieran inertertes sobre una bandeja de aluminio
oxidándose, coagulando la sangre
hasta la putrefacción

Debería haber ido usted al dentista más a menudo, lic.