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	<title>Misobitácora de Misósofos</title>
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	<description>Elevando el intelecto al grado de pornografía</description>
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		<title>Cómo mejorar el programa Erasmus</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Jul 2009 23:15:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Misosofos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Erasmus en París]]></category>

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		<description><![CDATA[Me preguntaron, cómo podría mejorarse el programa Erasmus En un cuestionario que nos obligan a rellenar, para entregarnos la última parte de la beca respondí por escrito y con toda la sinceridad del mundo:
&#8220;Poniendo un mono con una pandereta en la oficina de Relaciones Internacionales. Éste resolvería igual de bien nuestros problemas que el personal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me preguntaron, cómo podría mejorarse el programa Erasmus En un cuestionario que nos obligan a rellenar, para entregarnos la última parte de la beca respondí por escrito y con toda la sinceridad del mundo:<br />
&#8220;Poniendo un mono con una pandereta en la oficina de Relaciones Internacionales. Éste resolvería igual de bien nuestros problemas que el personal de dicha sala y en lugar de un sueldo, sólo tendríamos que darle plátanos. No se mejorará nada, pero al menos se ahorrará dinero del contribuyente.<br />
La respuesta a la ineficacia inherente al funcionariado español, es la construcción de una página web que facilite todos los procesos a realizar y la información pertinente vía telemática. De este modo la lacra que supone depender de un puñado de personas sin ganas de trabajar, quedaría suprimida.&#8221;</p>
<p>Luego por supuesto, borré lo escrito en el procesador de textos. No era cuestión de que los que aún deben ingresarme el último pago de la beca, se supieran tan insultados por mí. Además, soy un ser humano egoísta. Para mí ya se ha acabado el Erasmus, y en cuanto a los que vengan detrás, que cada palo aguante su vela.</p>
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		<title>Sandía sin semillas</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jul 2009 12:16:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Científico]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[
Entre estación y estación, vi uno de tantos anuncios que prometen felicidad sin límites, o bien,  que promocionan algún evento al cual se debe sin duda asistir. Sin embargo, como es el caso de muchos de estos desplegados de papel, algunos gozan de mayor presupuesto que otros, tanto para su diseño, como para la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;"><span lang="es-ES">Entre estación y estación, vi uno de tantos an</span><span lang="es-ES"><span style="text-decoration: none;">uncios que prometen felicidad sin límites, o bien,  que promocionan algún evento al cual se debe sin duda asistir. Sin embargo, como es el caso de muchos de estos desplegados de papel, algunos gozan de mayor presupuesto que otros, tanto para su diseño, como para la calidad de sus colores. Me detuve entonces frente a un gran camaleón que ostentaba, pantagruélico, una gama de colores entre el amarillo, el azul y el rojo. Me miró, o al menos esa sensación tuve, y me aprestaba a preguntarle “¿qué vendes?”, cuando uno de sus ojos independientes me dirigió hacia tres círculos de borde verdoso con centros amarillo y rojo. Volví a mirar al camaleón, y él, pensando quizás que debía ser tonto, hizo saltar un poco su otro ojo para dirigirme hacia las tres o cuatro palabras que figuraban en el cartel. </span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Caí en cuenta inmediatamente. No se trataba de un cuadro de la vanguardia rusa, como aquellos que se presentaron en París  hacía apenas dos o tres meses. No era un Malevich que hubiese perdido la cuadratura. Eran tres rebanadas de sandía sin semilla promocionadas por un camaleón. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Varia preguntas vinieron a mi mente: ¿cuál es el vínculo semántico entre esas dos especies separadas por la evolución hace millones de años? Sin el camaleón, ¿habrían vendido igual número de sandías? Y sobre todo, ¿para qué sirve una sandía sin semillas?<span id="more-1914"></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Para responder a la primer pregunta me acerqué a la poderosa wikipedia, sin obtener ninguna respuesta que incluyese a ambas especies en el mismo artículo. Posteriormente, hice una búsqueda de términos por separado que desplegó una cantidad de información relativa a la descripción botánica y zoológica respectivas. Seguía sin comprender, así que decidí ir más lejos, escribiendo camaleón+sandía. Pero todo fue en vano. Google se declaró incapaz dar alguna luz que me guiase hacia alguna respuesta convincente. De esta manera me vi obligado a aceptar dogmáticamente su cohabitación en aquel cuadrilátero del metro parisino.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">La segunda pregunta, requeriría del acceso a la base de datos de la compañía, para hacer un análisis diacrónico de la evolución de las ventas anteriores y posteriores a la asociación gráfica sandía-camaleón. Sin embargo, mi nula injerencia en la administración de dicha compañía, me impidió obtener dichas cifras, y por lo tanto, declararé la respuesta como inalcanzable.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Para hacer contrapeso a la frustración de la segunda pregunta, trataré de ser claro en la respuesta de la tercera, desde mi humilde y e ingenieril punto de vista.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Un fruto partenocárpico, es, en términos agronómicos, aquel óvulo fecundado y maduro que no posee semillas. Dicha cualidad, es alcanzada mediante manipulaciones de cruce de variedades de una misma especie que conducen a la obtención de frutos incapaces de reproducirse, es decir, híbridos asexuados que han sido producidos mediante técnicas distintas a la germinación natural de las semillas. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Sin embargo, esta definición no responde aún a nuestra pregunta. Como dije anteriormente, la respuesta es simple. Y es un fruto sin semilla no sirve para nada. Respuesta que puede parecer parca, pero que proviene de la autoridad moral de mi maestro de fruticultura. Así lo profesaba él, investigador en mejoramiento genético: “Es como muchas cosas en la vida”, decía, “¿cuántas de las cosas que se venden tienen en realidad una finalidad?”. De lo que hablaba en el fondo dicho profesor, era que ese tipo de productos van dirigidos para personas que buscaban el mínimo esfuerzo, la evasión de cualquier sensación desagradable, y por lo tanto indeseable, como lo es, tener que expulsar las semillas desagradablemente negras, de sus bocas inmaculadas; tener que agarrarlas con sus limpios dedos, para, finalmente, ponerlas sobre un plato que después habría que vaciar en el bote de la basura y lavar. Y a pesar de que la sandía podrá ser disfrutada sin interrupción alguna, eso no quiere decir que las sandías sin semilla “sirvan” para algo. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Es claro, se trata de una aplicación más de la ciencia en pro de una satisfacción total, donde sandías brillantes, con tejidos a punto de explotar en una fuente de azúcares y colores, podrá ser mordida, parte por parte, sin que la persona deba detenerse. Hasta que la saciedad prometida por el camaleón llegue al hipotálamo y diga: “es la mejor sandía del mundo”.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Si hay lectores que sean adeptos a este tipo de productos y que consideren que este punto de vista es retrógrada, les haré recordar algunas sensaciones que se perderán de su memoria al consumir estos productos.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;"><em>Retrato de una sandía no partenocárpica</em></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Las semillas negras, con su capa ligera y húmeda que las hace escurridizas, tratando de escapar de nuestros dedos, como un pez que ha sido sacado del agua. La corteza medianamente dura de una semilla que se ha logrado sujetar, no sin gran dificultad, y que es guillotinada por los dientes haciendo salir la pepa color blanco hueso. Sandías no germinadas, siendo tamizadas ágilmente por nuestra lengua y dientes, separando por una parte el jugo y la pulpa dulce, y por otra, las semillas. Los dedos pegajosos que un niño no duda en chupar hasta que todo rastro de sacarina ha sido lamido. La cara moteada de una rebanada vista de frente, el contraste del rojo y el blanco de la parte cercana a la cáscara. Y el verde duro, ligeramente lignificado para proteger su descendencia que duerme al interior. El sonido de un sorber del jugo que amenaza con escapar a la mordida para caer al suelo, o a la mano que tratará de evitar que caiga al suelo junto con los puntos negros. Las pequeñas balas que se proyectan cuando se las presiona entre los dedos, llevándolas siempre hacia una trayectoria azarosa que incluso los lanzadores más experimentados en sandías, penan para controlar. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><span style="font-size: small;">Que cada quién coma lo que quiera, pero no me digan que eso sirve para algo. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;" lang="es-ES">
<p style="margin-bottom: 0cm;">
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		<title>Fumar cannabis en París</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Jun 2009 23:46:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Misosofos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Erasmus en París]]></category>

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		<description><![CDATA[Un lugar seguro para fumar sin ser molestado. Es fácil de encontrar, pues se halla en cualquier parque, en cualquier calle poco transitada, en el ángulo muerto desde el balcón que se forma al pie de un monumento erigido con gran altura. ¿Por qué hay que esconderse? La policía. Los gendarmes, la guardia, los soldados, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un lugar seguro para fumar sin ser molestado. Es fácil de encontrar, pues se halla en cualquier parque, en cualquier calle poco transitada, en el ángulo muerto desde el balcón que se forma al pie de un monumento erigido con gran altura. ¿Por qué hay que esconderse? La policía. Los gendarmes, la guardia, los soldados, ¡la hostia de gente! Todo armados con pistola para protegernos de los demás y de nosotros mismos. Sin saberlo, Pavel el Chilango Cabrón Culero y yo, éramos peores que los asesinos en serie, los maridos maltratadores, los proxenetas de más baja calaña y los traficantes que manejan volúmenes cuantiosos de cifras con demasiados ceros para permitir dormir a cualquier tipo de fuerza del orden con un mínimo de conciencia.</p>
<p>Sólo nos fumábamos unos petas. Y puede ser que los hubiéramos acompañado con unas chelas (seguro) o que yo hubiera hecho algún comentario obsceno acerca de alguna de las féminas que se abrían como flores a la llegada de la primavera, con cuyos pétalos me sacaría el semen después de una inmensa corrida para después mearme en sus raíces y pudrirlas. Es decir, que en cuanto a lo que a la sociedad respectaba, no representábamos ningún peligro serio ni debiera asignarse a nuestra custodia más de un agente por cada mil individuos como nosotros.</p>
<p>Sin embargo fueron seis. O siete, o un millón. Todo eran uniformes y una demostración de poder, que eclipsaba a todos los que estaban sentados en el prado, a más de cincuenta metros. -Lo puedo jurar, señor agente. Ni siquiera una ventosidad de Pavel molestaría a nadie a esta distancia, ¿cómo podría hacerlo un canuto con maría mojada, que casi ni siquiera coloca?- La cuestión era que fumar cannabis no está permitido en Francia, y que, según el que más mandaba de entre aquél grupo de payasos -véase, policías-, nos obligó a agradecer el hecho de que no nos llevara a la comisaría. -Merci, Monsieurs-, como si nos hubieran permitido el comer postre el resto de la semana, en lugar de robarnos tiempo y dinero, al encasquetarnos unas cuantas horas en prisión preventiva y quién sabe si una multa exorbitada para aquellos en cuyos bolsillos campan los céntimos espaciosamente.</p>
<p>Dejamos el parque de Buttes Chaumont como el que desenvuelve un caramelo para chupetearlo en clase, sin hacer el menor gesto o movimiento con la boca, que lo señale como culpable. Tal vez ni siquiera nadie se hubiera dado cuenta de lo que fumábamos. Quizás aún de haberlo sabido, no les hubiera importado. Sin embargo, la ley nos aplastaba como una bota gigante que se ensaña con una hormiga, deteniéndose a instantes antes de machacar contra la calzada nuestro esqueleto. Sólo nos quedaba una alternativa. Debimos ir a visitar al jamaicano. Uno de esos jamaicanos arquetípicos que venden hierba en una gran urbe en la que sólo están de paso unos años. Nos volvió a cobrar, por la hierba que los oficiales nos hicieron destruir pisándola contra el césped, o como dirían los mexicanos &#8220;el pasto&#8221;. Aunque nos la hubieran quitado de nuestros bolsillos, ningún cuerpo policial consiguió sacarla de ese otro mercado ilegal que abunda en la calle.</p>
<p>Días después, en Amsterdam, no he sido capaz de sentirme seguro. Barruntaba que en cuaquier momento las fuerzas del orden vendrían a censurar mi práctica. Pero os juro que ni siquiera la gente me miraba raro. Os aseguro que existían cartas con listas de precios por gramo para cada una de las variedades cannábicas conocidas. El porro era el emblema bajo cuerda de un país que presumía de tener un menor porcentaje de fumadores de hierba que Francia. La prohibición no le interesaba a una alianza férrea entre gobiernos y narcotraficantes. ¿A cuánto asciende la multa, por vivir engañado proporcionando dinero a quienes nos oprimen por sus propios intereses? ¿Y a quién habríamos de cobrársela? Seguramente nos acabaríamos enredando en la burocracia antes de dar con el responsable.</p>
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		<title>Essai d&#8217;épuisement d&#8217;un journal gratuit parisien I:Qu&#8217;est-ce qu&#8217;un «transformer» et pourquoi est-il en train de casser la première page à coups de poing?</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Jun 2009 15:05:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Nous sommes le mardi vingt juin. La météo avait prévu du beaux temps mais ce fut faux. Je rentre dans le métro, et, allongé sur un siège d&#8217;un métro quasi vide de onze heures du soir, je vois un journal gratuit que quelqu&#8217;un avait dû dédaigner, le laissant à la portée de ma main. C&#8217;est [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Nous sommes le mardi vingt juin. La météo avait prévu du beaux temps mais ce fut faux. Je rentre dans le métro, et, allongé sur un siège d&#8217;un métro quasi vide de onze heures du soir, je vois un journal gratuit que quelqu&#8217;un avait dû dédaigner, le laissant à la portée de ma main. C&#8217;est lorsque je le saisît que ces histoires commencèrent.</span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Un «transformer» était, à la base, un jouet créé par une compagnie japonaise vers les années quatre-vingt. La caractéristique qui les rendît populaires étant leur capacité d&#8217;être un double objet: «voiture-humanoïde, camion-humanoïde, etc&#8230;». Cette transformation ludique ouvrit le marché japonais et américain à ces jouets qui furent, par la suite, repris comme des personnages pour une série de dessins animés , dont Marvel détient les droits et qui connût un succès mondial dans les années quatre-vingt.<span id="more-1901"></span></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">En ce qui conerne l&#8217;univers de l&#8217;histoire, il s&#8217;agit de robots extraterrestres venus afin d&#8217;empêcher les forces du mal de nuire à la Terre. Pour atteindre leur but, ils possèdent des capacités mécaniques leur permettant de se camoufler à l&#8217;aide d&#8217;un scanner, qui fait prendre l&#8217;apparence de l&#8217;objet. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">C&#8217;est peut-être pour cela que j&#8217;en vois un accroché à la première page de mon journal. Cependant, ceci ne suffit pas justifier sa présence. Creusons donc encore. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">En 2007, les dessins animés furent retouchés à l&#8217;ordinateur, ou plutôt refaits pour correspondre à la demande d&#8217;une esthétique numérique en vogue depuis presque quinze ans, en ce qui concerne le milieu de l&#8217;animation. Ayant été un enfant qui grandît avec la télévision publique, la curiosité de voir «l&#8217;évolution» des personnages m&#8217;apprenant l&#8217;ultime recours à la force pour la survie, m&#8217;amenât dans une salle mexicaine admirer mes héros.</span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Ainsi, j&#8217;ai pu tirer deux conclusions de cette séance cinématographique:</span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">1.- Il faut laisser les beaux souvenirs être ce qu&#8217;ils sont, c&#8217;est-à-dire des images floues construisant notre passé et forgeant notre rapport au bonheur. Mes souvenirs d&#8217;enfance, devinrent deux heures de vacarme , avec combats à gogo et bruit infernale de balles sans aucune justification. Des courses poursuites interminables permettaient au public d&#8217;aller aux toilettes et revenir sans qu&#8217;elles eurent finies. Ce qui resplendissait dans ma mémoire comme des héros bienfaisants nous voulant du bien, se transformèrent – et à ce propos je ne peux me plaindre de la véracité du titre- en humanoïdes pensants et assimilant toute l&#8217;idiosyncrasie conservatrice américaine post-«11 septembre». Il s&#8217;agissait, comme dans tout film financé par les rois du cinéma – et surtout de la distribution-, d&#8217;une histoire simple où l&#8217;on trouve un méchant et sa contrepartie. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Un adolescent, auquel ses parents achètent sa première voiture – rite initiatique pour rentrer dans le clan- se retrouve confronté aux vicissitudes qui lient de manière très forcée les mondes humain et robotique. Bien évidemment, le film avait aussi son ingrédient sexuel dans la forme délicate d&#8217;une actrice de beauté standard – pour des fins de distribution mondiale- qui est arrivée, comme il se doit dans le marché des films pour adolescents, à tomber amoureuse du «souffre-douleur» de la classe – jamais remarqué par elle auparavant-, laissant d&#8217;un côté tous les préjugés sociaux que son statut de « cheer leader » lui faisait revêtir. C&#8217;est simple, le bien triomphe. Mais le massacre des souvenirs se déclara dès la sortie de la salle.</span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">2.- Les effets spéciaux en mettent plein la vue: explosions, missiles, bagarres entre deux voitures qui deviennent des démiurges; et se transforment ensuite en objet d&#8217;apparence trompeuse. Des animations brillantes, reconstitution des textures. Cependant, la technique ne fait pas tout le travail du peintre, et malgré la vraisemblance visuelle des objets inexistants, le manque d&#8217;une histoire solide, rendait le travail technique vain. Le film n&#8217;avait rien à dire. La conclusion était claire: «on nous prend pour des cons, et le pire, en assistant par millions aux salles pour s&#8217;en prendre plein la vue, nous alimentons une industrie qui confond divertissement et stupidité». </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Ce n&#8217;est pas alors à cause des capacités mécaniques des matériaux, qu&#8217;un transformer est en première page, même avant les informations du monde, de la politique, de l&#8217;économie, du sport, et même avant la séance de Sarkozy au congrès de Versailles. C&#8217;est parce que les producteurs des films nous demandent directement: «Tu veux de la violence, des effets spéciaux, et voir une fille bien belle?&#8230; Les voilà! Mais il faut que je le dise à tout le monde: la première page c&#8217;est un bon plan!».</span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Naïvement, je crus qu&#8217;un journal était avant tout cela, tel que des souvenirs d&#8217;enfance sont ce qu&#8217;ils sont. Je failli presque oublier, mis en confiance par l&#8217;omniprésence de ces tas de papier encré, qu&#8217;un objet qui est gratuit, doit forcément me demander quelque chose en retour. Et, une page supplémentaire vaut bien un «transformer» pour annoncer qu&#8217;ils veulent encore nous prendre pour des cons: «Transformers 2». </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm"> </p>
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		<title>Formas de llegar tarde estando en el lugar de la cita I: Por confiar en los demás</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Jun 2009 13:02:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[Lucía se comía las uñas cada vez que estaba nerviosa y, parada frente al edificio donde debía pasar una entrevista de empleo, era una de esas ocasiones. Cotejó tres veces el número del edificio con el que tenía anotado en su agenda: coincidía, y sus uñas comenzaban a caer al suelo en una pequeña lluvia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Lucía se comía las uñas cada vez que estaba nerviosa y, parada frente al edificio donde debía pasar una entrevista de empleo, era una de esas ocasiones. Cotejó tres veces el número del edificio con el que tenía anotado en su agenda: coincidía, y sus uñas comenzaban a caer al suelo en una pequeña lluvia de pedazos. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">A pesar de la certeza de que aquel inmueble era un edificio de oficinas, como lo demostraba la persona del mostrador un poco más allá del umbral de la puerta, el guardia vestido de negro, vigilando a las personas, y la puerta automática que le faltaba cruzar, ella tenía la sensación de haberse equivocado. Ninguna palabra que colgase sobre las paredes de mosaico brillante, le indicaba que la empresa que buscaba se encontrara ahí, aunque <em>Google maps</em><span style="FONT-STYLE: normal"> le hubiese informado lo contrario en su búsqueda por internet la noche anterior.<span id="more-1895"></span></span></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Revisó por última vez que el maquillaje estuviera bien extendido por su rostro blanco, que pretendía ser moreno a fuerza sobreponer capas de polvo, con ayuda de un espejo pequeño. Pasó la mano por su saco y falda, tratando de eliminar cualquier pliegue que estropease su imagen, y se sintió lista para ir hacia la recepción.</span></p>
<ul>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Buenos días – le dijo una voz de un hombre, cuando ella se disponía a entrar, el cual la había estado observando desde una lejanía, mientras fumaba un cigarrillo, antes de entrar a la oficina. ¿Le puedo ayudar?</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Eh – dudó Lucía. Sí, supongo que sí. Tengo cita con una persona que se apellida Zeig.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Seig ha dicho? Seig no trabaja aquí, esa persona trabaja en la misma empresa pero en el edificio de al lado.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Pero – intentó interceder Lucía, sin lograr cortar la palabra a su interlicutor; y no se atrevió a entrar en detalles de ortografía de apellidos que le parecían alemanes, porque no conocía nada en esa lengua, así que lo dejó terminar.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Viene usted por alguna de las plazas que vacantes? En fin, no la detengo más. Cuando entre al edificio, suba hasta el tercer piso y gire a la izquierda; es la segunda puerta. Buena suerte – dijo el hombre y siguió su camino hacia el interior, saludó al guardia y desapareció, tragado por el elevador que hizo « tlín », como saben hacer los buenos ascensores.</span></p>
</li>
</ul>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Lucía se quedó con la sensación de que le habían impuesto una respuesta. Pero al mirar el reloj se dió cuenta de que no le quedaban más que tres minutos para la hora de la cita. Evitó pensar en el número del edificio, que permanecía colgado sobre el cristal de la puerta, y caminó hacia el edificio contiguo. La entrada era una réplica del edificio frente al cual había estado comiendo sus uñas durante quince minutos. Cruzó el umbral, y sin pedir ninguna indicación, subió al tercer piso.</span></p>
<ul>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Toc, toc, toc – percutió la puerta.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Entre – respondió una voz gruesa que atravesó la madera y dio luz verde a Lucía.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Buenos días, me llamo Lucía Borja; vengo a la entrevista de trabajo.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Entrevista? – respondió la cara nueva y regordeta del señor Seig. Pero yo no tengo ninguna entrevista el día de hoy.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Sí, pero&#8230; </span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Debe haberse equivocado – le cortó la palabra. Quizás tiene cita con el señor Zweig. Es probable que le hayan informado incorrectamente. Suele pasar; ya casi nadie sabe pronunciar el alemán.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Y dónde puedo encontrar al señor Swaig?</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Zweig – corrigió el señor Seig.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Eso – dijo Lucía un poco apenada por la aclaración. ¿Dónde puedo encontrarlo?</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">En el edificio contiguo, suba al tercer piso, es la segunda puerta al girar a la izquierda. ¿No se le ocurrió escribir el apellido? En esta empresa necesitamos personas </span><span style="font-size: small;"><span lang="es-ES">precavidas</span></span><span style="font-size: small;"> que piensen un movimiento antes.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Lo siento, pero lo que pasa es que&#8230;</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Sí, sí. No le pasó por la cabeza – dijo el señor Seig con enfado y le señaló la puerta, indicándole que se fuera. Estaba de mal humor porque se había terminado el café en todo el edificio.</span></p>
</li>
</ul>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Lucía salió sintiendo una rabia inmensa colmar su cabeza, como un cancer momentáneo que hace desfilar ideas sádicas por la cabeza. Deseó mandarlo a la mierda, pero debía concentrarse en llegar rápido al lugar donde estaba primero, preocupada porque comenzaría una entrevista de trabajo con un punto negativo: el haber llegado tarde. Maldijo también al hombre que le dió información equivocada: « quizás por burlarse de mí, &#8216;joe puta », maldijo Lucía olvidando completamente que el hombre le había parecido atractivo. Bajaba y se imaginaba debiendo justificarse ante un desconocido. Terminó de descender y se encontró de nuevo en la calle. Caminó a la puerta del gemelo de concreto y cristal, y entró ignorando el saludo del guardia negro, de traje negro, con un perro negro, que cuidaba la cuidaba de la puerta. Apretó el botón del ascensor hasta que este hizo « tlín » y ella pudo ascender. « Segunda a la izquierda, segunda a la izquierda; aquí ».</span></p>
<ul>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Toc, toc, toc -intercedió nuevamente una puerta por ella.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Sí? Entre por favor.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Buenos días? – preguntó Lucía, en lugar de saludar normalmente, al encontrar de frente al señor Zweig. </span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Veo que nos encontramos de nuevo -respondió él con una ligera sonrisa iluminando su rostro. Entonces usted buscaba al señor Zwieg y no al señor Seig.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Sí, supongo – respondió Lucía, en cuyo rostro se leía todo el color rojo de la vergüenza, ¿de qué? De liberarse de un pequeño odio que antes iba dirigido a un desconocido, quien quizás no habría querido enviarla a un lugar erróneo, sino por el contrario, simplemente ayudarla. </span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">No se preocupe, no le voy a pedir explicaciones. Tome asiento por favor. </span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Gracias.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Entonces dígame, ¿por qué puesto viene?</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Asistente de Recursos humanos – respondió ella sin poder eliminar el color rosado de su cara que se quería morena.</span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Ya veo, eso es aquí, vamos a comenzar la entrevista&#8230;</span></p>
</li>
</ul>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm"> </p>
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		<title>Formas de llegar tarde levantándose temprano IV: Por una paloma muerta</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2009 11:26:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Texto explicativo]]></category>

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		<description><![CDATA[Eran las ocho y diez de la mañana, el aire comenzaba a hacer bailar las bolsas ambulantes que los transeúntes habían dejado caer al regresar del mercado. Las personas avanzaban frenéticas como si fuesen atletas, que al sentir la cercanía de la entrada del metro, acelerasen el paso tratando de ganar unos segundos al cronómetro. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Eran las ocho y diez de la mañana, el aire comenzaba a hacer bailar</span><span style="font-size: small;"> las bolsas ambulantes que los transeúntes habían dejado caer al regresar del mercado. Las personas avanzaban frenéticas como si fuesen atletas, que al sentir la cercanía de la entrada del metro, acelerasen el paso tratando de ganar unos segundos al cronómetro. El pequeño carro del ayuntamiento pasaba ya recogiendo los primeros cadáveres de basura del suelo y Gustavo los miraba, hundido en el ritmo de una canción de hip-hop que se <span lang="es-ES">materializaba</span> en los audífonos de su reproductor de MP3. No podía evitar mover ligeramente la pierna mientras la voz del grupo <em>Nick Ta Mère</em> lo llenaba de energía suburbana con bases de sintetizador.<span id="more-1888"></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">El tranvía se acercaba, deslizándose por los rieles como una gran serpiente, y él se preparó poniéndose de frente al que sería el lugar de llegada de los vagones. Fue entonces cuando un sonido seco percutió el suelo cercano a sus pies, haciéndolo mirar hacia el suelo, a pesar de estar aislado en su música. El cuerpo de una paloma yacía sobre la rampa de acceso a escasos cuarenta centímetros de él. Era una paloma cualquiera, con plumas ligeramente tornasol y una escala de grises tapizando sus cuerpo. Gustavo la miró de la cabeza a los pies. Los ojos estaban abiertos, y el cuerpo, estaba recostado sin hacer ningún movimiento. Llegó hasta las patas y descubrió que una ellas carecía de falanges. Parecía el muñón de un cojo. Gustavo sintió un poco de asco al ver la piel rojiza, ligeramente rosada, y la textura rugosa de la piel del ave. El tranvía estaba frente a él, y despertando de un pequeño letargo, se acercó a la multitud que impedía la salida de los pasajeros que bajaban en aquella estación. Se dió cuenta, entre los gritos, reclamos e insultos de los que quería bajar y que eran detenidos por pasajeros demasiado impacientes, que sería imposible subir a aquel tren y regresó cerca de la paloma.</span></p>
<ul>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">¿La va a dejar ahí? – preguntó una mujer negra de caderas enormes que portaba un vestido de flores que cubriría una cama de una plaza.</span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">¿Perdón? – respondió Gustavo quitándose los audífonos que le impedían comunicar con el mundo de los sonidos. </span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">La paloma, ¿la va a dejar ahí? – repitió acercándose hacia él.</span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Pues, sí. No es mía – espetó con un tono de adolescente rebelde que no era; escondiendo su desconcierto por la situación.</span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">No sea ingrato – le dijo la mujer, quien le hablaba de frente, haciendo explotar un aliento a carne cocida en la cara de Gustavo. Agárrela y llévela a un jardín. No la deje ahí tirada para que las personas la pisen. </span></p>
</li>
</ul>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Mientras la mujer seguí hablando, él pensaba en lo que diría a su jefe para explicar su retraso. « Las plantas no esperan », solía decirle su patrón en esas circunstancias; « a las plantas, hay que darles de comer y de beber a tiempo, si no, no estarán listas para ser vendidas. Esto es un negocio, no un hospicio ». El huerto de agricultura orgánica, donde trabajaba Gustavo, se encontraba a escasas cinco estaciones de su casa. Pero a Gustavo no le gustaba caminar; era mas bien regordete y sus pies se fatigaban rápidamente, a fuerza de cargar su cuerpo grueso de piel negra y brillante. Una vez más tendría que inventar alguna excusa. «El jefe la trae conmigo », explicaba Gustavo a su madre casi todos los días, « dice que por ser el más joven debo tener más energía, pero cómo quiere que mucha tenga energía si peso el doble que él y no me da el tiempo suficiente para comer bien. ». Tenía diecisiete años aquella mañana en que la paloma se postraba frente a sus pies sin que él pudiera evitar verla. Había abandonado el bachillerato « porque los estudios no eran para él »; y desde entonces había probado una decena de empleos que nada tenían que ver los unos con los otros. Se aburría con facilidad y eso lo llevaba a cambiar. « Soy joven », argumentaba ante su madre, cuando esta le cuestionaba su falta de perseverancia. </span></p>
<ul>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Pero, ¿con qué la voy a levantar? – respondió Gustavo ante la petición de la mujer.</span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Algo se le va a ocurrir – respondió ella y se perdió entre el hormigueo de las personas que al fin había logrado entrar al tranvía.</span></p>
</li>
</ul>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Gustavo quiso responder algo, pero la mujer se había ido y lo había dejado frente a la paloma que le parecía cada vez más repugnante. Miró el reloj y se dio cuenta de la inminencia de su retraso. Calculó el tiempo que le tomaría llegar al trabajo si hubiese subido en el tren que ya se había ido: el resultado fue una mentira. Sacó el teléfono portátil de su bolsillo y marcó el número de su jefe para mentir. Dijo que estaba en el tranvía que lo llevaría con una hora y diez minutos de retraso. No sabía por qué mentía, por qué no confesaba que había dejado pasar el tranvía en el que decía que ir y el retraso no sería menor a dos horas. Colgó el teléfono y miró a su alrededor para ver si alguien había escuchado la conversación con la señora africana. Pero nadie lo miraba, todos estaban absortos en la lectura de diarios gratuitos que vagabundean por toda la ciudad. Pensó en irse, en regresar a casa, como en una cinta de video al revés, hasta llegar a su cama y dormir. Estaba a punto de dar media vuelta cuando vio, frente a él, en la parada que llevaba en la otra dirección, a la mujer de vestido florido que le sonreía. </span></p>
<ul>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">¡Ah, ya sé! – gritó la mujer, atrayendo la atención de todas las personas que esperaban en tranvía. Pensaba irse y dejarla ahí. ¿Qué le cuesta llevarla a los arbustos de ahí atrás?</span></p>
</li>
<li>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Pero – dijo Gustavo, como un niño que es sorprendido a mitad de una travesura, y después se quedó callado, hundido en una vergüenza insospechada. La, la voy a recoger – balbuceó Gustavo mientras unas ganas infinitas de llorar le venían desde las entrañas. </span></p>
</li>
</ul>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Qué culpa tengo yo de que una paloma haya caído del suelo. Maldita señora, qué le importa; y si tanto le preocupa, por qué no la recoge ella. Y todos ustedes, gente aburrida, por qué no dejan de mirarme. La señora sonrió cuando lo vió buscar con la mirada a su alrededor, suponiendo que estaría buscando algún objeto para levantarla. Los demás protopasajeros se engancharon a sus movimientos con la misma mirada aferrada que dirigen al televisor, ávidos de sucesos. Bola de chismosos. Ojalá no tarde el tranvía para que se los lleve. Gustavo encontró una bolsa de plástico, y al agacharse para recogerla, no pudo no ver el reloj. Suspiró y pensó en que la mentira que había dicho era doblemente mentira. Las miradas seguían pendientes de sus movimientos y el tranvía no llegada, ni de uno, ni del otro lado. Se acercó a la paloma, puso la bolsa plástica sobre su mano y sintió algo inesperado: el calor del cuerpo estaba aún sobre el plumaje, irradiando energía al viento de lo que otrora fue vida. Las plumas brillaban igual que cuando volaron en otro tiempo. La señora sonrió cuando vió a Gustavo levantarla con cuidado. Puta madre, se siente raro. El cuello de la paloma se torció hacia el borde de la palma de Gustavo como si descansara sobre ella. Los propopasajeros de enfrente se volvieron pasajeros y desaparecieron llevándose entre ellos a la mujer del vestido florido. Y ¿qué hago ahora con ella? Está muy blanda. Se siente raro. ¡Joder!</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"><span style="font-size: small;">Mientras se alejaba, volteó hacia la estación y encontró sonrisas que no pudo menos que responder. Sonrisa con sonrisa se paga y Gustavo se alejó caminando, sin sentir sus pasos, como si flotara en una felicidad enorme que casi ap<span lang="es-ES">enas cabía</span> en su pecho. ¿Qué voy a hacer con ella? El tranvía que lo llevaría al trabajo con dos horas de retraso, se fue sin él, pero él, no pudo dejar a la paloma y la llevaba a pasear, por última vez, por la ciudad antes de cubrirla con la hojarasca de la sombra de un árbol en un parque público.<br />
</span></p>
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		<title>Preparativos para un suicidio</title>
		<link>http://misosofos.com/2009/06/preparativos-para-un-suicidio/</link>
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		<pubDate>Tue, 16 Jun 2009 11:52:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[«Tout le monde viendra me voir pendu, 
sauf les aveugles, bien entendu»
Georges Brassens
 
Desprovisto de cualquier beneficio social, de cualquier posibilidad de comunicación, y del contacto con ningún conocido que tuviese el mismo origen que él, la lengua le había sido demasiado difícil. Así sucede, algunas veces no se puede más, y para él era ese [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="right"><span style="font-size: small;"><em><strong>«Tout le monde viendra me voir pendu, </strong></em></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="right"><span style="font-size: small;"><em><strong>sauf les aveugles, bien entendu»</strong></em></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="right"><span style="font-size: small;">Georges Brassens</span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Desprovisto de cualquier beneficio social, de cualquier posibilidad de comunicación, y del contacto con ningún conocido que tuviese el mismo origen que él, la lengua le había sido demasiado difícil. Así sucede, algunas veces no se puede más, y para él era ese cuarto de sirvienta, bajo una escalera parisina donde se envolvía su hartazgo, entre sonidos de tubería que dejaban pasar las descargas de los sanitarios y duchas, por un conducto al pie de su cama.</span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Mientras prepara la soga, recuerda a sus amigos que le decían que los franceses eran fríos y que no había muchos coterráneos para ayudarle; pero él insistió en que, a pesar de tener cincuenta años, nunca era tarde para salir del « transpatio de Europa », como él mismo solía llamar a su país.<span id="more-1876"></span></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Su oficio de taxista de nada le sirvió, en un medio de transportistas extremadamente calificado y certificado, con papeles que él no poseía, y que aunque en nada disminuían su conocimiento del oficio, su permiso de conducir no valía de nada porque « la legislación europea aún no lo incluía como un individuo apto para ejercer un oficio », de acuerdo a la declaración en lo que respectivo a los países del Este. Por eso tuvo que dormir en la calle, él viajó creyendo que todos estarían al tanto, y por primera vez conoció el hambre. La estación del Este se volvió su casa, hasta que se dio cuenta de que estaba recogiendo un emparedado de la basura. Lo dejó en su sitio, miró a su alrededor y se fue apenado a llorar bajo un puente. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Logró encontrar un trabajo de cargador donde había solamente rumanos. El francés pasó a segundo plano, para aprender rumano con tal de poder pagar una habitación. La espalda le ardía, ya no tenía veinticinco años y siempre había trabajado sentado. Pero la primera noche que durmió en una cama, disfrutó el sabor de la fruta del trabajo. El dolor valía la cama. En algunos meses aprendió el idioma suficiente para poder comunicarse con los demás compañeros de trabajo quienes lo veían con buenos ojos y le enseñaban a decir todas las groserías que podían recordad, y que él aprendía con gusto. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Pero las malas casualidades suelen ocurrir, y en ese tiempo, un atentado fue efectuado en el aeropuerto, del cual los sospechosos eran rumanos. Los controles recrudecieron, la policía siempre sabía dónde buscar a la gente que deseaba créer aunque les dejaba pensar que eran completamente libres. La empresa donde laboraba él fue registrada y los papeles de los trabajadores revisados uno a uno. Entre ellos Justin a quien el policía miró a los ojos e hizo una pregunta que él no comprendió. La pregunta fue repetida con una articulación lenta y una voz más firme. Pero él no comprendió y fue por lo tanto condujeron a una furgoneta junto con otras cuatro personas a quines conocía y que trataban de explicarle en rumano que estaban en problemas.</span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">En la comisaría le fue llevado un traductor y un abogado se puso a su servicio por parte del Estado. Los policías no estaban al corriente del reciente ingreso de una decena de países a la unión europea. « Es una vergüenza », pensó Justin, y el abogado le aseguró que no habría problema en liberarlo, « además a su edad », dijo el hombre de traje negro y lo dejó algunos minutos solo en al sala de detención. Justin se sintió preso, violentado, puesto en entredicho por el solo hecho de estar en un lugar con personas de cierto tipo que se parecían a los « malos ». Por eso y porque no había tenido la ocasión de aprender francés para poder responder a la pregunta que se aclaró en sumento cuando ya estaba dentro de la furgoneta y cuya respuesta era sólo « sí ». « ¿tiene usted papeles? », tendría que haber respondido que sí, pero no lo hizo mas que para sus adentros. </span> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Al día siguiente la empresa había cerrado y había tan pocos como él en la ciudad que le sería difícil encontrarlos para pedir ayuda. Necesitaba refuerzos para el ajedrez del peregrinaje sin rumbo, sin hijos ni mujer que había emprendido. Era un hombre nómada que no ha podido aterrizar la espada. El tiempo había ido demasiado rápido y le parecía que cuando le habían comenzado a gustar las mujeres, ya era demasiado viejo. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Después de conocer todas las provincias de su país, de haber manejado por sus calles, llevando a las personas a casa, aprendiendo rutas todos los días, caminos que difícilmente olvidaba, en Francia no podía ejercer su oficio, el único que había conocido. Tenía el mapa de su país en su cabeza y sólo necesitaba tener combustible para ir por doquier. Pero igual que un rompecabezas, cuando el cuadro sido completado, no se puede hacer nada con él y se debe pasar a otra cosa. Justin cumplió cincuenta años cuando acabó de armar el rompecabezas y necesitaba otra cosa. Por eso París, porque siempre había querido ir ahí. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Cruzar las fronteras le fue fácil, pero cuando llegó a la estación de Norte, no sabía hacia dónde ir. Cualquier calle le dio igual, sin embargo, la <em>calle cualquiera</em> duró demasiado tiempo y él comenzó a dejar de comprender a las personas y a odiar los coches que otrora hubiese querido conducir.</span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">En empleo había estado ahí desde hacía un año y medio y se había esfumado como su nunca hubiese existido. Estaba en la calle, igual que al inicio, pero con un alquiler que pagar. Intentó buscar otra cosa, vendió castañas, pero la mafia hindú consideró que daba mala imagen al gremio y le fue saboteado su fogón improvisado con un carrito de supermercado y un cilindro metálico. Después intentó vender rosas, pero fue echado fuera dos veces en una semana, y aunque pudo vivir de ello la mitad de un mes, debería pagar las multas. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">En el fondo de su pudor, pensó en pedir limosna, acostarse y dejar que el dinero llegase. Creyó incluso que podría pagar la renta con lo que le fuese dado en la calle; pero abandonó la idea rápidamente y se buscó otro oficio, viendo con disgusto la prostitución de la pobreza. Por eso perdió la barriga que acompañó su vida hasta antes de aquella aventura malograda, puesto que comía poco. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Algunas veces por la madrugada, se despertaba y se quedaba soñando con la idea de aprender a tocar la guitarra para poder tocar en el metro. Creía que los músicos siempre tenían la gracia suficiente para encantar a la gente. Y otra idea le venía después que le decía suavemente « ya estás muy viejo Justin, regresa a tu país ». Entre uno y otro, el sueño se volvía plano y él se deslizaba en él olvidando ambas ideas. </span> </p>
<ul>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Mi mayor desventaja, se dice Justin mientras verifica el nudo alrededor de su cuello, es que no tuve oído para la lengua; desde pequeño me consideraron medio atolondrado, y la verdad es que sí lo era un un poco. Pero es que ¡hay que ver! cómo hablan estos franceses con sus sonidos de besucón marica. Y luego con los rumanos&#8230; Pero al menos ellos eran amables. En fin, dice y verifica entonces que sus zapatos brillen como si fueran nuevos, y que el gancho en el techo sea resistente.</span> </p>
</li>
</ul>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Vinieron entonces los seis meses que se mantuvo arreglando motores en un garaje cuyo dueño era rumano también y le ofreció un empleo, viendo con buenos ojos el que hablase un poco de su lengua. Sin embargo, no tardó en cargar el trabajo sobre él, sin pagarle una quinta parte del tiempo que pasaba en el taller. Fue corto como una frase su pasaje por la línea trece del metro que lo llevaba a aquel traspatio transformado en taller. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Cuando regresó el día de la discusión con el dueño, quien terminó por darle un puntapié, después de haber visto treinta vagabundos camino a casa, trescientas fachadas de piedra que sólo le mostraban la cara y no las ideas de su interior; después de cruzar tres mil autos brillantes, de desfilar entre restaurants tentadores e inasibles con aroma fronterizo cuya línea no podía franquear; caminó directo a casa, cruzando más caras embellecidas, rostros de hadas y príncipes, botes de leche pantagruélicos, perdido entre la náusea de la ciudad orinada por el exceso, pestilente por vejigas rebosantes de cerveza y vino, subió al primer tren que apareció frente a él, y aunque lo vio todo repentinamente borroso, logró coger la maneta y cayó de bruces frente a una anciana. Se recuperó de inmediato con un golpe de adrenalina venido de algún rincón animal que le indicaba que estaba en peligro. La náusea estaba ahí, estaban también las personas que no eran él, que querían cosas que él no quería, que no le dirigían la palabra y la vibración del metro, taladrándole los oídos. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Bajó en la siguiente estación y trató de calmar su respiración, se acurrucó en un rincón, en el último asiento del pasillo, para mirar sus manos y verificar que no temblase. Miró al suelo y encontró un teléfono portátil, lo recogió y más tranquilo regresó a su cuarto. </span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Dio vuelta al cerrojo y recordó que debía lavar los trastes. Siempre lo olvidaba. Puso el teléfono sobre la pequeña mesa al fondo y comió pan con queso. Moviendo los trastes sucios encontró un vaso, lo lleno con agua, se sentó sobre la cama y miró el foco brillar como una luciérnaga, iluminando sus recuerdos, hasta que el celular sonó.</span> </p>
<ul>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;">Recuerdo bien la llamada, piensa Justin al mismo tiempo que se acomoda la corbata y verifica que el mensaje esté bien ajustado con las alpargatas que ha comprado para ello; la dejé pasar una vez, y lo cogí en la segunda llamada. No fue la culpa de quien llamó, pero me exasperó tanto escuchar a aquella mujer, usando los mismos sonidos que escucho todos los días y que no comprendo. « Vaya a la mierda », recuerdo que eso le grité, lo grité muchas veces y tan fuerte que el vecino llamó a la policía; y como ya estaba encarrerado, pues le grité al policía. ¡Hé! Pero eso ya no importa, y la dueña del apartamento que quería echarme. « No señora, por favor », le dije pero no entendió, « mañana viene la policía », me dijo la desgraciada, « ya sont tres meses ». ¿Qué no ve que voy a mi ritmo?, siempre he sido un poco lento. Pero ahora le voy a pagar de inmediato. Habría que estar vivo para verle la cara que pone cuando lea el mensaje en mi pecho « aquí le dejo el alquiler », ¡Ni siquiera el hijo Calas<span style="FONT-STYLE: normal">!.. La cara que va a poner. Un último grito y y quedo a mano con el mundo&#8230;</span></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"> </p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="center"><span style="font-size: small;"><span style="FONT-STYLE: normal">« ¡Vayan todos a la puta mierda! ».</span></span></p>
</li>
</ul>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm; MARGIN-LEFT: 0.64cm" align="justify"> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-size: small;"><span style="FONT-STYLE: normal">El estruendo se escuchó en todo el edificio, pero nadie salió al pasillo investigar, y mucho menos fueron a tocar a su puerta, como la última vez que se había puesto a gritar por teléfono. Los del quinto piso pensaron que ahora sí se habría vuelto loco y negaron con la cabeza, mientras se miraban hacerlo y se convencían de que eran una buena pareja. Los del cuarto creyeron que alguien escuchaba el televisor demasiado fuerte y pensaron en insinuarlo a los del quinto para saber si eran ellos. Los del tercero dormían placidamente y sólo el gato erizó un poco la cola, pero acabó por ceder a su lecho suave. En el segundo piso, el grito abismal de Justin hizo eco en las paredes del apartamento vacío hasta que el aire volvió a su estado transparente y lo olvidó. En el primer piso, la casera estaba demasiado dopada por los barbitúricos que le recetaban en una clínica de cienciología para poder adelgazar y acercarse a Dios, por lo tanto, tampoco lo escuchó mientras eran mandados a la mierda por haberlo dejado fuera en diplomática representación de todo el mundo. Pero la casera deberá ir algún día a buscar el alquiler. </span></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="center"> </p>
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		<title>Formas de llegar tarde levantándose temprano III: Por Schwarzenegger y Fito Páez</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jun 2009 10:34:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Emilio no es antisemita en ninguna de sus variantes, ni tampoco antihomosexual, ni anticatólico. Él es una persona tolerante y de mente abierta. Él sólo odia a Schwarzenegger con todas sus tripas y eso le ha costado llegar cuatro horas tarde a la oficina.
Aquella mañana las noticias sonaban en su piso mientras él se preparaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Emilio no es antisemita en ninguna de sus variantes, ni tampoco antihomosexual, ni anticatólico. Él es una persona tolerante y de mente abierta. Él sólo odia a Schwarzenegger con todas sus tripas y eso le ha costado llegar cuatro horas tarde a la oficina.<span id="more-1873"></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Aquella mañana las noticias sonaban en su piso mientras él se preparaba para salir a trabajar. El agua para té bullía, lista para <span lang="es-ES">infusionar</span> cualquier planta y acabó por teñir la cocina con su aroma a <em>earl gray.</em><span style="FONT-STYLE: normal"> Últimamente no había pensado en su archi enemigo Terminator. Lo había dejado en el olvido y lo evitaba en cualquiera de sus apariciones públicas en la radio, la televisión y el internet. Simplemente lo evitaba a pesar de que le gustaban las películas de balas interminables para pasar inútilmente una tarde de domingo. Emilio odiaba el sueño americano del cual se sentía excluído. Siempre le había gustado el dinero, lo había buscado, creía haber hecho los estudios necesarios, en administración de empresas, para poder alguna vez comprar to cuanto que deseara. Pero no fue así, y en cambio, era auxiliar del director de un supermercado de las afueras de las ciudad.</span></span></span></p>
<p style="FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Él vio crecer al alterofilista para convertirse en estrella de cine, en millonario, en el sueño los extranjeros. Emilio también había probado la tierra prometida del capitalismo, la meca de la plusvalía, en una experiencia de ilegalidad. Había cruzado la frontera buscando, a largo plazo en sus sueños, poder dirigir alguna empresa y ganar un salario en dólares. Pero la policía fronteriza lo había encontrado comprando una hamburguesa y simplemente les pareció sospechoso, lo detuvieron y deportaron. No le quedaron ganas de regresar después de los días que pasó en un centro de detención para migrantes ilegales. Sentirse un delincuente, no le había gustado. Regresó en menos de dos meses, con la cabeza gacha y con un sabor a derrota en el paladar. Por eso odiaba al sueño estadounidense. </span></span></p>
<p style="FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Cuando lo detuvieron sólo pudo pensar en una canción escuchada en el transporte público de la ciudad de México; los Tigres del Norte cantando monotonamente « Yo no crucé la frontera, la frontera me cruzó »; letra se repetía en su cabeza hasta que llegó al aeropuerto de la ciudad con una carta del gobierno estadounidense donde se le anunciaba que si intentaba regresar ilegalmente, sería encarcelado durante seis meses. Disuación efectiva en una persona sensible al encierro como Emilio.</span></span></p>
<p style="FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Si un anuncio de película del austriaco nacionalizado aparecía frente a él en el metro, él volteaba la mirada hacia cualquier parte, cualquier cosa menos ver al hijo pródigo del libre mercado. Se tapaba los oídos cuando se hablaba de él en la radio; cerraba los ojos si aparecía en la pantalla del televisor. Poco a poco, aprendió a hacerlo de mejor manera, casi podía verlo en una pantalla y borrarlo de su mente al entrar en sus ojos. « De acuerdo, puede parecer exagerado, pero así soy », había argumentado en una plática con amigos, cuando alguien mencionó en la sobremesa alguna película que estaba en cartelera. Él sabía que tal vez su aversión había ido demasiado lejos, pero la neurosis no era un problema en su celibato. Gruñía sin temer que fuese desagradable para otra persona y así se había forjado una parte de su personalidad. </span></span></p>
<p style="FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Pero esa mañana, después de haber logrado estar casi un año sin recordar que no tenía lo que quería en la vida, casi un año sin saber nada de la máquina de dar golpes y matar villanos, de androides que vienen a salvar el mundo de nuestras propias máquinas, de hombres que se embarazan; casi un año sin pensar en que no había tenido el coraje necesario para volver a cruzar la frontera esperando poder al fin dirigir una empresa. Volvió entonces en la figura de un hombre vestido de traje, mano al corazón, cantando el himno estadounidense como si recitase uno de los tantos falsos diálogos solemnes del tipo Steven Spielberg. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><span style="FONT-STYLE: normal">Sí, el aceptaba que era a causa de anti schwarzeneggerismo que ya no veía la televisión, ni escuchaba la radio. Era también por eso que había dejado de ir al cine. Pero esa mañana, para sentirse acompañado, había encendido el televisor que le entregó, azarosamente, un acto público del G</span><em>overnator. </em><span style="FONT-STYLE: normal">No estaba al tanto, de hecho estaba desconectado, y por eso fue tan grande su sorpresa, que dejó caer sobre su pie la plancha con la cual estaba desarrugando su pantalón. </span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><span style="FONT-STYLE: normal">El golpe fue seco y la quemadura instantánea. Sin embargo, él no reaccionó de inmediato, de hecho no reaccionó. Se quedó mirando el televisor hasta que un hormigueo se transformó en ardor, su piel diciéndole «¡Ey, estoy quemada! », pero él no lo sintió sino hasta que se sentó sobre el borde de la cama, pensativo, sintiendo que el mal había ganado una vez más. Él tenía más poder, más fama, él poseía todo lo prometido por los dioses de la globalización, tenía la </span><span lang="es-ES"><span style="FONT-STYLE: normal">bendición</span></span><span style="FONT-STYLE: normal"> de los dioses en turno, y era intocable como cualquier semidios-semihombre griego. Emilio, por su parte, era cada vez menos alguien, más nadie con el paso de los días. « ¿Qué hice para merecer esto? », se preguntó Emilio como si fuese un niño que pide con enfado una explicación a la profesora que lo castiga al final de la clase.</span></span></span></p>
<p style="FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Había elegido la evasión, evitar ver lo que le era desagradable para no sentirse mal, no había mejor cura, y por eso no se había enterado de la campaña y la victoria política del musculoso actor. Pero esa mañana ya no podría caminar, estaba quemado, porque después de concentrarse para tratar de reír por la ironía de la situación, sin mucho éxito, se había dado cuenta de que algo le dolía en el cuerpo, y de que una parte de su piel exponía una cara que, se suponía, debía ser cubierta por otra capa de piel que ahora estaba pegada a la plancha. El escozor le subió desde el pie hasta el cerebro en una fracción ínfima de tiempo. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><span style="FONT-STYLE: normal">Miró el reloj, el pantalón en el suelo, la plancha calentando el piso, acabando de quemar el pedazo de piel que le había quitado con un beso. Tendría que haber cogido sus cosas y haber partido desde hacía diez minutos. Iba retrasado y nada estaba listo como debía estarlo. En ese momento debería estar cogiendo el autobús de las siete cincuenta y tres, el número noventa y nueve. Pero en vez de eso estaba escuchando a Schwarzenegger prometer una política antimigratoria dura, y lo veía apretar el puño que en otro tiempo sujetó barras de metal con muchos kilos encima, los cuales después de ser levantados le valían medallas de oro. La filosofía de la barra, eso debía ser la mente del </span><em>governator</em><span style="FONT-STYLE: normal">, pensaba Emilio. ¡Cuántas cosas se pueden hacer con una barra!, exclamó mientras apagaba el televisor. </span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><span style="FONT-STYLE: normal">Cojeando se dirigió al otro extremo de la casa, encendió la computadora y puso una canción en el modo « aleatorio » del reproductor güindous media pléyer. Fito Páez salió de una carpeta virtual y se instaló para tocar en los altavoces del ordenador. </span><em>Es sólo una cuestión de actitud, no tener nada y tenerlo todo », </em><span style="FONT-STYLE: normal">fue todo lo que Emilio le permitió decir antes le lazarle un zapatazo que no destruyó la canción, ni golpeó el rostro de Fito. Fito era sólo una capeta virtual, no le hablaba a él, no se burlaba de él. Pero Emilio lo tomó personal y lanzó el zapato que golpeó la pantalla de plasma, proyectándola hacia el vacío fuera del escritorio. La computadora se abrió como una sandía que se revienta contra el suelo, lanzando partes de ella por toda la habitación. </span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><span style="FONT-STYLE: normal">Emilio se quedó sentado y por un momento pensó que no era posible que hubiese lanzado el zapato con tanta fuerza, « pero es que también me viene Fito con esas pendejadas a esta hora de la mañana ». </span></span></span></p>
<p style="FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Aquella mañana, la partida fue para Schwarzenegger y Fito Páez, ninguno fue rozado por la rabieta de Emilio. En cambio él cojeaba e iba tarde para el trabajo. Pero de ninguna manera había tirado la toalla.</span></span></p>
<p align="justify">
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm">
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		<title>Teléfono y música: cerveza o ginebra.</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2009 15:26:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pavelg</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Pequeños relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Giros, dar media vuelta y ver qué pasa alla afuera&#8230; No todo el mundo tiene primaveras, aseguraba Fito Páez en todo el cuarto de él. Las palabras eran la única manera de comunicarse que tenía, pero eran todas prestadas; incluso aquellas con las cuales pretextaba un paseo por la ciudad luego de escuchar al argentino cantar. Ponía mucha atención en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><em><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Giros, dar media vuelta y ver qué pasa alla afuera&#8230; No todo el mundo tiene primaveras</span></span></em><em><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><span style="FONT-STYLE: normal">, aseguraba Fito Páez en todo el cuarto de él. </span></span></span></em><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Las palabras eran la única manera de comunicarse que tenía, pero eran todas prestadas; incluso aquellas con las cuales pretextaba un paseo por la ciudad luego de escuchar al argentino cantar. Ponía mucha atención en las palabras. A veces le pesaban. Era como si tuviese que poner aquellas que conocía mejor, en un armario, en el silencio de pensar en una lengua y tener que usar otra para hablar con los demás. Era extranjero.<span id="more-1864"></span></span></span></p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Acaba de llegar del metro. Tuvo que salir a trabajar bajo la lluvia tibia de verano, debiendo oler los sopores de una ciudad matutina que hormigueba su piel recién tostada, bajo el enjuague del cielo, y que murmuraba apenas por con el raspar de las ruedas de los vagones, único estertor. Así: shhhhhhhhhhhh, venía de ver una ciudad donde nadie se atrevía a decir ninguna palabra que no fuese de amabilidad. </span></span> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">El siguiente trabajo no comenzaría sino hasta la tarde. Pero él ya quería salir de su casa y ver qué pasaba allá afuera. Los compañeros de piso no estaban esa mañana, no había tenido tiempo de prevenirlos, de decirles que afuera el tiempo estaba fatal y que con la humeda que había ese día, salen los fantasmas de la metafísica a roer los pensamientos de los urbanos – raza solitaria por sobrepoblación. No pudo alertarlos para que, quizás, se hubiesen quedado en casa. Pero no tuvo tiempo y en lugar de eso Fito Paez sustituía a todos los seres humanos desde los altavoces de la computadora.</span></span> </p>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Cogió el telefono cuando pasó frente a él para ir a orinar. El café es diuretico e hizo aparecer al artefacto lleno de posibilidades, en su camino al orinal. Lo miró rehuyendo a su presencia, pero al salir del baño volvió a plantarse frente a él. &#8221;Es una llamada nada más&#8221;, se convencía Hugo. Sólo una llamada a un amigo. Marcó el teléfono y el hilo se tejió esperando al otro lado. Él, en su diminuto apartamento parisino, tendiendo una solicitud de voz a alguien que sólo existía en su memoria a menos que&#8230;</span></span> </p>
<ul>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Bueno, abrió el sonido una voz alegre.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Hola, soy Hugo.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¡Hugo!, ¡pero qué milagro! Hombre, me había estado acordando de <span lang="es-ES">tí.</span> Lo siento, no te he escrito correos últimamente, pero&#8230;</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">No te preocupes, ya sabes que a mí tampoco me gusta mucho, ni eso, ni el messenger. Bueno aunque también podríamos hablar por video llamada.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">El problema es que nunca coincidimos. Pero qué bueno que has llamado.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Cómo estas?, preguntó Hugo.</span></span></p>
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<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Bien – mintió Daniel como un amante, pero por amistad, reclamo en el fondo por ser escuchado, pero antes pretendido, con el interés que sólo esa persona le podía otorgar.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Cómo te va en la vida?</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Pues no me quejo, he cambiado de empleo con frecuencia en los dos años que llevas fuera. Eso me tiene siempre activo. Pero si quieres la verdad, creo que en vez de progresar, retrocedo en todo lo que hago. Los empleos son cada vez más duros. Cargar cajas, abrir un hoyo a las orillas de una carretera a punta de pico; velador a medio tiempo&#8230; Todo va para atrás, porque gano menos cuando trabajo más. Y eso me da para abajo. ¿Comprendes?</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Sí, te comprendo. Pero tú nunca has querido venir para acá.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Ya sabes lo que pienso de eso, respondió Daniel con un tono que se quería autoritario. ¿Para qué me voy a ir yo a un lugar donde ni siquiera hablo la lengua? ¿Para hacer los mismos trabajos que aquí?</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Pero mejor pagados, interrumpió Hugo.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Me llamaste para convencerme de que me vaya contigo? ¿por qué? ¿te sientes solo?</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Sí. Lo siento, sé que tú te sientes mejor allá. Pero ¿cómo puedes decir que no te gustaría si no lo has probado?</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Quién te vendió ese argumento?, inquirió Daniel cortando la palabra a Hugo, ¿un vendedor de droga? Mira, es sencillo, hay personas que necesitan saber qué hay en otros lugares, y a mí, Tehuacán ya me basta; de hecho algunas veces todavía me pierdo en esta pequeña ciudad. Porque las cosas pasan muy rápido y cuando cruzo por la misma calle, algún tiempo después, ya han cambiado las casas y no reconozco más las zonas. Tener que vivir eso, pero en un lugar más grande, me desorientaría. ¿Y tú? ¿Cuándo vienes?</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Cuando tenga dinero para el boleto de avión.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">No, lo que pasa es que no quieres venir porque te da miedo aceptar que hay personas a quienes extrañas, como yo, por ejemplo, dijo Daniel con una falta de modestia voluntaria que provocó la risa de Hugo. </span></span><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Te va bien por allá?</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Puedo decir que sí, tengo trabajo, soy legal, trabajo poco, o al menos no tanto como tú. </span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Y las personas?</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Ya no sé, cuando fui la última vez a Tehuacán, y volví, tenía la sensación de que ya no sabía exactamente cómo era yo. En las calles, las reglas flotan de diferente manera cuando das el salto del mar. La cuestión es que, lo que era una sensación, se convirtió en algo que no acabo de definir, como si no fuese completamente yo, pero tampoco igual a los otros de aquí. Me tomó cinco años aprender a hablar la lengua, y ahora, ya no tengo a nadie con quién hablar.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Sigues solo?</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Sí, ya sabes, lo de siempre, una semana es mi máximo. Todo por la soledad. Pero cuando estoy sólo, me siento triste.</span></span></p>
</li>
</ul>
<ul>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Eso se llama círculo vicioso. ¿Para qué hacerse el valiente? Ya regresa, aquí hay mucho trabajo. El hermano de Luis va a abrir una consultora y necesita gente que hable idiomas. </span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Pero tú sabes que no me gusta el trabajo de oficina. Es en parte por eso que estoy aquí: sólo encontraba ese tipo de empleos allá.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¡Eres un holgazán!, exclamó Daniel entre verdad y mentira.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Por qué vivir mal si se puede vivir mejor?</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Eso lo dices por mí, supongo, reprochó puerilmente Daniel.</span></span></p>
</li>
<li>
<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">No lo tomes a mal, hablo por mí. Me refiero a que creo que se vive mejor aquí, pero hay cosas en las que nunca se acaba de entrar. La manera de ser siempre será extranjera, aunque uno trate de fundirse, hay palabras que te das cuenta que no conoces, porque no naciste hablando este idioma. A final de cuentas, la felicidad siempre está en otra parte, dijo Hugo mientras Daniel encendía un cigarrillo que fue escuchado del otro lado del mar, con la piel de la deducción que dibujó el chistar de un encendedor. Se entendían, conocían sonidos similares, aromas y &#8230; palabras. </span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Este año no te has propuesto dejar de fumar?, dijo Daniel en un tono burlón.</span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">No, este año decidí que soy un fumador, respondió Hugo mientras buscaba su paquete de cigarrillos que debían estar entre todos las cartas no abiertas de facturas sin pagar. Hurgó entre ellas y extrajo un cigarrillo que fue encendido con un cerillo. Si los cigarrillos estuviesen perdidos en la habitación de Daniel, Hugo podría </span></span><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">haberlos buscado con los ojos cerrado. Sabía dónde estaba Daniel, conocía su espacio, podría dibujar con lujo de detalle la disposición de los objetos de su amigo, la cama, la sala, el lugar de la bicicleta, el ordenador, los altavoces, los libros, las cajas y el armario donde se guardan las cobijas limpias. todo lo del otro lado del mar que conocía a la parfección y que permitía imaginarlo junto al teléfono. Sin embargo, Daniel no podía decir lo mismo&#8230;</span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Estás escuchando a Fito Páez?, preguntó Daniel; después te preguntas por qué te sientes deprimido, terminó con un tono firme y tierno, como de madre atenta, como de un hermano que deseara su bien. Fito, por su parte, atravesó el Atlántico a la velocidad de la luz para salir, a pequeños borbotones, por el altavoz del teléfono que le cantaba a Daniel al oído.</span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Sí, es para que no se me olvide el español.</span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">¡No digas mamadas<span style="FONT-STYLE: normal">!, intervino Daniel. La lengua no se olvida.</span></span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm; FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Pero yo leí un libro que hablaba de una mujer que no podía hablar su lengua&#8230;</span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm; FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Pues mal por ella. ¿Por qué me cuentas esas cosas? A ver si pones una canción de Charly, mejor. « Fanky », por ejemplo. Porque ya se me está antojando una ginebra. Nada más eso traes a mi vida, Hugo, nuevos vicios, eso sí, te lo agradezco, porque la ginegra es la ley. Y hablando de esto, hay amigos buenos y malos, tú eres un buen amigo, pero como eres un poco destructivo contigo mismo, pues digamos que estás también del lado de los malos. </span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm; FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Sí, qué fácil cabrón, espetó Hugo, entonces yo tengo la culpa de que te guste la marihuana ¿no?, te apunté con una pistola y&#8230;</span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm; FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Ese es un ejemplo de mamá, dijo Daniel rechazando el argumento. ¿Y que pasó con Fanky? ¿No tienes acaso un disco duro de quinientos gigabytes? Algo debes tener de Charly.</span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm; FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Sí. La estoy buscando, pero el ratón está atorado con una mancha de mermelada sobre la mesa y no me permite seleccionar ni deseleccionarnadadenadatodoestapegado.</span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm; FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Pues hazlo con el teclado; ¿para eso estudiaste tanto?</span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm; FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Ya estás de ansioso, aprovecha para servir tu ginebra, yo voy por una cerveza, dijo Hugo cuando ya estaba estirando el brazo para abrir el pequeño refrigerador donde había jugo, mermelada y mantequilla, cohabitando con la luz blanca de una despensa abastecida apenas con unas cuantas cervezas.</span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm; FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">De acuerdo, respondió Daniel y fue hacia la cocina de su apartamento. Miró por la ventana, para verificar que no hubiese nadie, y encontrar, al fondo de la calle, una pelea de perros callejeros que se desataba, y  prometía una gran violencia. Había dos bandos que se disputaban una hembra. Después, volvió a mirar con atención y se dió cuenta de que eran personas, eran dos bandas de los chicos del barrio, quienes acababan de descubrir la cultura de <em>gang</em> por las series estadounidenses,  se iban a perro-pelear por una mujer-hembra. Daniel lo ignoró, no quería pensar en la inseguridad y la impunidad del lugar donde vivía. No le costaba resignarse con la idea de que no había justicia, de que todo era azaroso en su calle, en las calles. Dejó caer la cortina y continuó caminando hacia la cocina para servirse un vaso de ginegra tonic. Cogió el teléfono y fue atrapado por el ritmo de Fanky que lo sustrajo de pensar en echar el doble cerrojo a la puerta porque « siempre hay ladrones en el barrio como », como decía su vecina. </span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm; FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Salud, dijo Hugo.</span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm; FONT-STYLE: normal" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;">Salud. </span></span></p>
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<p style="MARGIN-BOTTOM: 0cm" align="justify"><span style="font-family: Arial, sans-serif;"><span style="font-size: small;"><em>No puedo parar..,ya no tengo dudas,</em><span style="FONT-STYLE: normal"> terció Charly, y Hugo y Daniel estuvieron de acuerdo en que ya no era tiempo de tener dudas, de hacer planes, sino de escoger. </span></span></span></p>
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</ul>
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		<title>Balance general</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Jun 2009 19:41:59 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Si esta humilde bitácora, aún contara con un número aceptable de visitantes, tal vez estos se hubieran dado cuenta de que últimamente su creador (es decir, yo), no publica nada nuevo. Muy al contrario, las novedades que hay son debidas a Pavel, un mexicano cuya pluma se ha puerto al servicio de rellenar ese enorme [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si esta humilde bitácora, aún contara con un número aceptable de visitantes, tal vez estos se hubieran dado cuenta de que últimamente su creador (es decir, yo), no publica nada nuevo. Muy al contrario, las novedades que hay son debidas a Pavel, un mexicano cuya pluma se ha puerto al servicio de rellenar ese enorme vacío que queda cuando a uno no se le ocurre nada que con llenar las hojas en blanco.</p>
<p>Por otra parte, las impresiones de página, han pasado de casi dos mil diarias a unas escasas doscientas. ¿Será debido a que google ha dejado de amar la Misobitácora? ¿O tal vez porque a causa de la presión policial, me vi en la obligación de acabar por quitar los textos más controvertidos? No tengo la menor idea, francamente. En cualquier caso, he dejado de poseer una página rentable a verme en la obligación de poner dinero de mi propio bolsillo para mantenerla a flote.</p>
<p>A no ser que la crisis que azota Europa y que se ceba especialmente con nuestra querida piel de toro, me obligue a ello, la mantendré en línea durante toda mi vida. Estoy a la expectativa de que algún día se me vuelva a ocurrir alguna idea. Por el momento, hacer cualquier cosa que tan siquiera se asemeje a leer o escribir, me produce urticaria. Supongo que últimamente he estado demasiado ocupado viviendo para dedicarme a estos menesteres.</p>
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