El mejor vídeo porno de Internet

El mejor vídeo porno de Internet

Aprender a descargar material de Internet le costó mucho trabajo. Cuando por fin lo consiguió, se convirtió en una especie de enfermedad para él: no podía dejar de bajarse porno. Una vez que ya manejaba el programa JDownloader, acabó sumergido en una página web con caracteres orientales y la imagen de una chica en el centro de la misma, bajo la cual se mostraba un icono de un disco duro al lado de la palabra “download”. Le encantó la tía, así que acabó por descargarse el archivo de un servidor de descargas extranjero, después de una espera de sesenta segundos que se le hicieron eternos.

Lo comenzó reproducir por aburrimiento. Era una china disfrazada de escolar con leotardos blancos y una falda escocesa. La camiseta le dejaba la barriga al descubierto y tenía un par de enormes melones. Al final acabó tan encandilado con el descubrimiento, que dejó de descargar más material pornográfico: simplemente se encontraba ante el mejor vídeo porno de toda Internet. Al cabo de unas semanas, dejó de llamar a su novia. Hasta ese día Julián hablaba unas cuatro veces con con ella por teléfono. Una cuando se aburría estudiando en la biblioteca, otra cuando se quedaba durmiendo en la taza del váter de la biblioteca y las dos restantes antes y después de cagar, cosa en la que tardaba dos horas contando el tiempo que pasaba después de terminar la deposición, con el culo remojándose en el bidé y gastando para secárselo medio rollo de papel higiénico. Así es como se estudian unas oposiciones.

Al notar la novia de Julián que el ritmo de sus llamadas decaía, no pudo más que pensar que se estaba viendo con otra tía. Lo llamó. Pero Julián no respondía… Porque estaba en el salón, haciéndose una paja con el portátil que ella misma le había regalado. El portátil de Julián había dejado de ser un portátil. Se transformó en un instrumento de visionado de un archivo de vídeo titulado young asian girl fucks a lot.avi sencillamente porque en su cuarto la señal inalámbrica no era tan buena. Regresó a la habitación y observó dieciocho llamadas perdidas en el móvil: -¡Toñi!- exclamó. Todas fueron realizadas durante los últimos diez minutos.

Después de llamarla una vez y consumir los noventa minutos, que pagan los clientes de la operadora Vodafone por efectuar llamadas entre ellos, colgó y la volvió a llamar durante otros noventa, terminando exactamente en el segundo treinta y tres del minuto ochenta y nueve. Ambos enterraron el hacha de guerra y Toñi acordó ir con él a pasar unos días juntos. Julián salió y compró unos filetes de lomo ibérico, salchichón, una caña de lomo, cinco kilos de gambas tigre y se puso a hacerse un par de chuletas de cerdo al tiempo que consideraba seriamente limpiar el piso para que su novia lo encontrara digno de ella.

Toñi llegó al día siguiente y Julián salió a recibirla a la Estación de Autobuses de Granada, en su legendario Volkswagen Polo desprovisto del logotipo de la uve doble entre los faros. No era consciente de ello, pero sin embargo había pasado dos meses y medio de su vida buscando la persona que le había robado la uve doble y dos años buscando otros coches Volkswagen Polo para robársela él. Mientras la observaba bajar del autobús que venía de Sevilla, no dejaba de buscar diferencias entre ella y la escolar asiática. Indudablemente la chica del vídeo le gustaba más.  Toñi y Julián  se abrazaron y entraron en el coche hasta llegar al piso.

Diez minutos más tarde las ollas hervían y toda la casa olía a marisco.

-¡Mira qué gambas más buenas he comprado! ¡Tigre! ¡Frescas! – decía Julián.

Pero Toñi no se interesaba demasiado por las gambas. A decir verdad nada de lo que había comprado le hacía tanta ilusión como un polvo. Los polvos de Julián habían ido decayendo en número y duración desde que se acostaran juntos por primera vez, de manera que estaba más que harta. Su novio parecía haberse transformado en una máquina de devorar cerdo, comprar ropa de marca y dar gritos por los motivos más inverosímiles. Además su concepto de la limpieza le resultaba insuficiente; incluso tenía la teoría de que había mojado el suelo con lejía aromatizada, dándose con ello por satisfecho.

¡Un mes sin verse! Llevaban un mes sin verse y Toñi no estaba dispuesta a soportar que Julián no cumpliera como un soldado.

-¡Déjame en paz!- le decía cada vez que ésta se le acercaba mostrando su afecto. -Estoy enfermo, me duele la cabeza y no tengo ganas de nada- mientras decía esto revolvía un cajón inmenso lleno de medicamentos de los cuales la mitad estaban caducados. Tomaba pastillas contra la aerofagia, unos sobres con un líquido lechoso que le evitaban ardores e indigestiones, hojas adquiridas en un herbolario que clamaban paliar los síntomas de la sinusitis, supositorios para bajar la fiebre y paracetamol. Colocó todas las medicinas sobre la mesa y comenzó a tomarlas sin decir palabra mientras se sonaba la nariz y se quejaba -¡Ay, qué malo estoy!-

Toñi se despertó a las tres de la mañana y comprobó que no dormía junto a su novio. Temía que sus desavenencias intestinales lo mantuvieran recluso en el cuarto de baño, así que fue a mirar. Al abrir la puerta lo encontró en la ducha, con el portátil puesto sobre el lavabo. Se la estaba cascando con las dos manos y el vídeo se repetía una y otra vez en la pantalla. Puesto que se había acostado insatisfecha, aquella situación clamaba al cielo. -¡Pero serás cabrón!- acertó a injuriarlo.

Julián ya no se la cascaba, sino que comenzaba a gritar para martirio de la vecina franquista del sexto. En mitad de la discusión se asomó y lo reprendió: ¡loco, cállate! Pero ni Julián ni Toñi la oyeron. Probablemente el problema de aquella mujer era la desatención.

-¡Mira tía, que ya estoy harto de ti! ¡Lo dejamos! Ya no te necesito.

-¿Cómo que no me necesitas, hijo de puta?

-Ahora tengo un vídeo porno.

-¿Me estás diciendo que me dejas por un vídeo porno, subnormal, trastornado?

-¡Te dejo por un vídeo porno que es mucho mejor que tú!

Julián jamás podría llevar una vida en pareja con su vídeo porno. Tal vez pudiera copiarlo en un lápiz de memoria. Se lo colgaría al cuello e irían juntos al cine y lo presentaría a su madre. Seguramente una asiática fuera bien acogida en un pueblo como Zalamea de la Serena: lleno de salidos y con tanta gente que come ganadería porcina. Cuando saliera de viaje para no pasar demasiado tiempo sin verlo, siempre lo llevaría con él… Al fin y al cabo, la chica del vídeo porno no envejecería, jamás le causaría ningún problema y nunca le pediría ni más ni menos sexo del que quisiera.

-El error principal que puede cometer un hombre, es buscar una forma demasiado complicada de correrse. ¡¡El vídeo porno me gusta más que tú!!

Pero Toñi ya no lo oía. Andaba sola por las calles de Granada, como tantas otras ocasiones en las que se había disgustado con él. Contaba evidentemente con que Julián viniera a buscarla y a disculparse. Al fin y al cabo siempre lo hacía y hoy no estaba especialmente raro.

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