Adiós, Corazones

30 Agosto 2008

Soy un corazón vagabundo en el valle Malas Putas. Tengo una postal de Nueva York que dice: “Ven y búscarme; si me encuentras, soy tuya.” Pero no voy, ni me muevo, pues prefiero ser un corazón vagabundo para así vagar de nuevo.

Hoy he hallado una carta de hace cuatro años, escrita en la lengua de Molière y con una dirección en Besançon. Le he escrito y a la escasa semana me ha contestado una exadolescente francesa, que conocí cuatro años atrás, aunque sólo por correspondencia. Me ha invitado en una segunda carta, a la que he contestado afirmativamente, prometiéndole encontrarnos. Uso traje de marca Solemne Hijo de Perra.

Tenés que contame Oliverio, cómo se hace para burlar al tiempo poseyendo un corazón oscuro con alumbrado recién inaugurado. Debés decirme, Oliveira, cómo se encuentra a una maga en la capital parisiense. Merci bien a vuestra puta madre. Soy un troyano que  nunca quiso regalos de los griegos.

Víctima de un avión de Spanair

28 Agosto 2008

Un día un vuelo por vaya usted a saber qué problema, se accidenta, matando a la inmensa mayoría de la tripulación.

Los periódicos, los programas televisivos y los portales del estilo de meneame, no dejan de sacar a relucir noticias al respecto: Primero especulan sobre el número de los muertos, luego hablan de las posibles causas o del dolor de los familiares de las víctimas. El portavoz de todos los damnificados mientras tanto, se dedica a pavonearse de televisión en televisión, pidiendo lo mismo.

20minutos, el diario en línea de pacotilla más de moda en España, tiene a cuatro becarios que no trabajan en otra cosa: Remover la mierda del accidente.

A un comentarista británico, se le ocurre hacer humor negro: Tiene más agujeros que un avión español. Pero no se da cuenta de que esos chistes no quedan bien, mientras la desgracia se palpa aún tan fresca.

Personalmente yo, no comprendo por qué se le da tanta importancia a los creo que, 150 muertos (o por ahí andaba el número). Todos los días mueren miles de personas no por un error  humano, como el del avión, sino porque los dejamos morir ya que están lejos, o no son “españoles” (interesante concepto, ese de ser español); o simplemente porque preferimos mantenerlos pobres y explotados.

La hipocresía como siempre, frivoliza hasta el extremo gracias a los sentimientos contradictorios o más bien estúpidos, de gente que no sabe qué es realmente preocuparse por el prójimo.

No dudes en follar

28 Agosto 2008

Nos empeñamos en mantener relaciones extrañas entre nosotros. La mayoría de las veces ellas, ¿para qué engañarnos?

Una chica hermosa lo quiere como amigo, pero él la quiere por ser una chica hermosa sobre todo. Ella cree que puede ser su mejor amiga y para él es la mejor, pero sobre todo por eso que la distingue de sus amigos.

¿Y no podremos follar porque sí, sin pararnos a pensar en ninguna otra cosa; o por ver qué pasa, o porque es lo mejor que podría haber pasado si no iba a pasar ninguna otra cosa, simplemente por hacer un estudio anatómico, cuidar la próstata y regalar orgasmos?

Tal vez mientras está con él piense en otro; tal vez acabe por pensar en él, olvidándolo todo; o deje de pensar, que bien pensado, es lo mejor que podemos pensar. Ninguna excusa es buena para no echar un polvo.

Y si finge sus gemidos y él se corre antes de tiempo o si se aburre de penetrarla y no quiere seguir mateniendo la erección; si ella no va a quedarse acurrucada después a su lado y lo único que le pedirá será un cigarrillo; o si ya no se acuerda de su nombre, o porque seguro que les sale hasta mejor.

Sexo es lo mejor que pueden hacer individuos de distinto sexo; sexo con su piel, sexo con sus bocas, sexos con las manos desnudas, sexo con sus sexos; sexo antes del sexo, sexo después del sexo, sexo cuando extenuados ya no quieran más sexo; sexo mecánico, sexo romántico, sexo vicioso, sexo a espuertas, sexo y sólo sexo.

Un regreso inesperado

27 Agosto 2008

Y de pronto vuelves, como si nunca te hubieras ido y me dices cuatro palabras, que no son las que quiero oír, pero que aún así llenan nuevamente de ti todos los lugares que aún no te llevé a visitar, los chistes que aún no me contaste y las líneas que todavía no escribimos.

Es como si toda la película se parara cada vez que a un espectador incómodo le diera por salir al ambigú a por palomitas, o ir al servicio; o simplemente porque al señorito se le antoje fumarse un pitillo en la escalera de incendios. Un tarro lleno de galletas de chocolate de las cuales sólo una de cada tres lo contiene, imagen de ensueño que se esfuma con el más mínimo vendaval y que sólo regresa cuando todo está en calma.

Te he soñado tanto entre mis sábanas, impregnando de ti mi existencia, llenándome los bolsillos de ideas y nuevas palabras; quisiera que me hablaras de las psicología barata que hoy se vende y de las minas antiintelectuales, contraintelectuales e inintelectuales que lo inundan todo haciéndonos creer historias estrafalarias que estallan nuestros cerebros como el absurdo karma o las exóticas y archiconocidas interpretaciones pseudocientíficas de los sueños, que tantas veces he malinterpretado para acabar durmiendo en el felpudo como un perro, oliendo a alcohol y a frustración.

Lo malo de tu vuelta, es que es una vuelta distante, una que te trae a una distancia menos sorprendente desde el punto de vista de alguien que no se atreve a conducir el coche, porque teme que el mundo no será mundo si sólo hace cien metros con él;  y que no obstante es lo suficientemente remota como para que estés lejos y nos separe una línea tan somera como las aguas entre Marruecos y España; una línea que igualmente consigue que se considere cualquier acercamientro por parte de los apestados al sueño europeo,  una transgresion oficialmente punible.

El paroxismo de lo sentimental, lo masco en el aire; me basta con dar rienda suerta a mi apetencia mitad animal, mitad vicio social malsano que me hace recordar tus pechos entre mi mano, como un juego de niños; o tu pelo en mi pecho, mientras se me molían los huesos en un esfuerzo por prolongar el momento perfecto. Me hacía sentir tan útil, de algún modo la potestad de ablandarte entre mis manos como plastilina de parvulario que no se ha usado durante las vacaciones de verano; o agarrarte del cuello para que no rehuyeras ningún beso; simplemente, decirte lo que quisiera en la completa certeza de que lo estarías escuchando sin opción a ninguna otra cosa. Era una semidominación de algo por su naturaleza indomable; un facsímile hecho a medida del comprador y titulado La chica que siempre soñó, pero que nunca dejaba de ser un dibujo, en tanto que la modelo existía, aunque para mí, sólo lo hará por siempre como dibujo; como ser intangible. Exactamente igual que en una fotografía de carné, que sugiere tu cara a menor escala y a la que no le queda más remedio que carecer de tu tacto, de tu voz, de tu mirada, de tu calor; por ser una fotografía y no ser tú.

Viéndote tan lejos, tan tan a lo lejos, como a los bandoleros, el año de la hambre, o la guerra civil; diría que estoy sobradamente capacitado para recorrer el mundo con medio paso, de ir a desayunar en París y volver a Granada para el bocadillo de media mañana; o sentarme en un banco de los juegos olímpicos chinos y gritarles a los de seguridad: -¡No merecía la pena comprar la entrada! ¡Tenía que irme de todos modos, porque me he dejado una pizza en el horno! Y luego partir a nado, y sumergirme en el agua con la fuerza necesaria para que ni el mar más insondable y vasto sea capaz de impedir a mis brazos abrirse paso hasta ti.

Los ochenta

27 Agosto 2008

Todavía no se había prohibido lo ilegal, porque se estaba descubriendo:

Los jipis plantaban marihuana en ventanas que daban a la calle y los pastilleros se metían en macrosalas de música máquina para flipar, practicar sexo desinhibido; los estudiantes tomaban anfetas y aprobaban sus exámenes y se convertían en abogados que creían en el consumo responsable de drogas.

El sida no existía y bastaba con correrse fuera para que no hubiera embarazadas; las medias de multicolores y los cabellos teñidos en azul, amarillo fosforito o rosa fluorescente. Los fachas estaban en el bar o en la iglesia y se olvidaban de cortarles por fuerza las greñas a los adolescentes que no veían entrar por la ventana de madrugada.

O algo así me contaron. Yo no era más que un criajo que veía Mazinger Z, Heidi, Scooby Doo, Mc Gyver, El Equipo A y se dedicaba a garabatear caligrafías rubio, o escribir en hojas de grandes cuadrículas con cenefas mis primeras letras.

Yo y tú

27 Agosto 2008

Yo siempre aparece después en las enumeraciones de personas, si el que enumera no es un animal algo menos noble que el caballo.

Sin embargo, surge primero en el vocabulario, tan naturalmente como el egocentrismo. Y en la conjugación verbal y en todas las gramáticas de cualquier lengua.

Luego, aparece el nosotros, pues el colectivo más importante, es aquél en que se halla el yo.

Siempre ha de pasar

26 Agosto 2008

Júrote que aunque pase el tiempo que sin duda siempre ha de pasar  y te haya añorado, unos ratos más que otros; jamás me he olvidado de ti.

Prométote, que mal que me pese, siempre te tuve presente; a veces

por voluntad propia y otras muy a pesar mío. Que hasta bajé de peso por quererte en vez de comer

y que la vida me pesaba o quizá aún me pese aunque ya no hable de pesares por no parecer pesado.

He llegado a tener cuenta en el estanco, conocer a todos los dueños de bares y cantinas; seducir a las mujeres más ignobles, que en ocasiones intenté dejar que me sedujeran tan torpemente como supieron, como aquél que sucumbe a comer cualquier cosa; he llegado a vender droga, a rezar a dios y ciscarme en sus muertos; más ni por un segundo, dejé de echarte de menos.

Pero un día todo cambia y ya no eres más que un recuerdo al que ni tan siquiera sé extrañar por sí mismo, sino por su misma calidad de recuerdo. Y entonces es de menester construir otra historia y comenzarla bien desde el principio, para seguir así construyendo algo mientras el tiempo como siempre, ha de pasar.

Aprende a vivir

25 Agosto 2008

Si necesitas el tren para llegar lejos

Si no puedes volar sin alas

Si mejor sin café a falta de azúcar

Si sólo sabes ver con los ojos

Si sólo escuchas las palabras

Si has pagado cada beso

Si mides tu tiempo con reloj

Si nunca dijiste un te quiero

Si nunca te contestó yo a ti no

Si acabaste tus juegos en el colegio

Si sólo te atrae el dinero

Si jamás moriste por dentro

Si jamás renaciste de nuevo

Si sólo piensas en el futuro

Si has planificado tus sueños

Si nunca te levantaste al almuerzo

Si no has probado el alcohol

Si tus labios no conocieron cigarrillo

Si jamás olvidaste el condón

Si pasas tu juventud estudiando

Si vas al trabajo con bastón

Si no has comido todavía de prestado

Si has pagado todas tus facturas

Si nunca has pegado a nadie

Si nadie te ha roto la nariz

Si no has contestado al profesor

Si no sabes hacer el bufón

Si no has robado una risotada

Si no has silbado a una que pasaba

Si no has visitado París

Si la coca te da alergia

Si no has probado el speed

Si no te sentiste bohemio

Si no te pareces cada día más viejo

Si te metiste en un gremio

O si no has hecho nada de esto

Tendrás que aprender a vivir

Sequía estival

23 Agosto 2008

Había veces que no tenía ganas de actualizar esta bitácora por simple pereza de vago reincidente.
Ahora, intento hacerlo varias veces al día, pero no se me ocurre nada sobre lo que escribir.
Es lo que tiene el verano; siempre acaba matando mis emociones, con su calor estival.
En invierno, es fácil reflexionar, calentándose en un brasero o estufa, aislado de las inclemencias meteorológicas. Sin embargo durante la canícula, uno puede divertirse o ver cómo los demás se divierten y cualquier tipo de pensamiento más allá de lo superficial, desaparece antes de desarrollarse, como un embrión inviable.

Ya no se sueña, sino que se está siempre despierto, disfrutando o padeciendo. O se come en un chiringuito a pie de playa, o se subsiste, a base de ensaladas y otros cuatro platos fríos.
Los románticos se han ido; ahora sólo quedan quienes follan gratis, se van de putas o se masturban.
Las ilusiones se desmoronan, como una catedral de hielo que no acabó de congelarse; o se digieren, como un helado devorado hace hora y media y que ya nos refrescó cuanto podía.

A estas alturas del año, todo está hecho. Gozamos los frutos de un año de trabajo, éxitos y amistades cosechadas; o nos pudrimos sin vacaciones, trabajando en el peor de los casos o desocupados y rezando por hacer algo que desgarre la monotonía.

Cómo odio el verano…

Perico y Scottex - Capítulo XXIX Perico el deshonroso

20 Agosto 2008

Desde pequeño, fui un cobarde y un pusilánime. No porque contara con menos fuerzas, menos inteligencia o menos maldad que el resto; simplemente, sentía entre vergüenza y miedo de todo el mundo.

Tenía tan poca confianza en mí mismo… Me duró hasta los veinte años. Si aguardaba en una cola y alguien no respetaba mi turno, no rechistaba. Nunca pensaba tener la razón de mi lado: Recuerdo que una vez, un imbécil me golpeó con el puño cerrado en la cara, por haberle tirado sin querer al suelo, un dulce que comía durante el recreo. De buen grado se lo hubiera pagado, en caso de haber llevado dinero encima y a pesar de ser un accidente comprensible; no obstante, se le ocurrió darme un soberano puñetazo y yo me quedé callado, sin mediar palabra, medio humillado y medio avergonzado por mi torpeza.

Claro está, dado mi carácter, tenía una predisposición enorme a que todo el mundo abusara de mí; lo que unido al hecho de que era distinto a los demás, me convertía en el objetivo de todas las burlas e injusticias.

Nunca me metí con nadie ni intenté provocarlo y aún así, nadie perdía la oportunidad de darme una colleja, un puntapié, robarme el bocadillo o insultarme. No me habían enseñado a defenderme, siempre había estado sobreprotegido y sobre todo, jamás me había enfrentado a un problema que no solucionaran por mí mis padres. Más miedo que el daño que me pudieran hacer, me daba el que yo le pudiera hacer a los demás; temiendo que albergaran posteriormente aún más ojeriza e inquina en mi contra. Me invadía el sentimiento de culpa que te inculca tu padre cuando te pega sin motivos y encima te obliga a pedirle perdón; se había convertido en horchata la sangre que debería haberme corrido por las venas.

Inesperadamente, algo me indujo a la rebelión en un momento concreto de la adolescencia que no sabría datar. A partir de ahí, contrarresté con muchas palabras, mi falta de arrojo; comencé a levantarme una y otra vez, para que volvieran a pegarme. Eso era lo que exasperaba más a mis agresores, que siempre volviera y protestara sin atreverme a acometer ninguna acción violenta. El motivo, era precisamente que había dejado de tener miedo, y que por poco que aprendiera a usar el cuerpo como un arma y a defenderme, en cambio ellos tendrían muchas razones para tenerlo. Aquél día que sucedió el cambio, no sé qué alto cargo del Ministerio de Educación, pasaba junto a nuestra excursión. Pregunté a un compañero que tenía al lado: -Oye, ¿ese calvo es el no sé qué de educación?- Una hostia me llegó por detrás: -¡No hables así de mi padre!- Ni siquiera había preguntado por el padre de mi agresor, que también se hallaba presente, sólo por el ministro de educación. Tampoco lo había hecho en ningún término despectivo. Pero aquél que me pegó, no buscaba desagravio a causa de un insulto, sino ridiculizarme. Cuando otro adolescente de los que hacíamos cola para entrar a ignoro cual espectáculo, le planteó la supuesta misma cuestión, contestó no pudiendo reprimir una risa socarrona: -Es el calvo ese con gafas.- Fue la última vez que me callé. Intenté reivindicar mis derechos de ser humano por las buenas.
Luego, rumié la escena y la crueldad durante largo tiempo, pero fue aquél instante el que sin duda, años más tarde, me convirtió en alguien capaz de mearse sobre un vencido meramente para demostrar mi superioridad e infundir el pánico del que yo mismo había sido presa.

Cada vez que recuerdo, cómo se reían y mofaban a mi costa, siento ganas de matarlos. No ya de darles una paliza, sino de que sus cuerpos queden inertes, ensangrentados y tendidos en la tierra, junto a mis pies. Podría tomar una botella y rompérsela en la cabeza, o una navaja y cortar sus carnes como mantequilla; como mínimo, está claro que les asestaría un gancho con todo el coraje que acumulé durante todos los años que me sometieron a un yugo invisible sobre mi cuello vergonzoso y carente de hombría… Desgraciadamente, ahora sería aún más irrisorio plantarme ante mis antiguos agresores, tantos años después y sin que ninguno me haya hecho nada aceptablemente reciente para dar pie a la venganza.

O acaso sí. El último hijo de puta que me ha faltado el respeto, es El Etarra. Retiene a mi perro, por una deuda insignificante. También me ha despreciado y menoscabado, dándome droga de mierda y tratándome como a un enganchado. No se trata del abusón que constantemente me hacía sufrir el escarnio público; tal vez, ni siquiera me odie más que a los otros y es de menester aclarar que en ninguna ocasión, se propasó conmigo físicamente. Sin embargo, tengo claro que va a pagar por todos ellos. También por todo aquello: Las palizas sin motivos que soporté sin más que intentar contener o sujetar a quienes me las propinaban; las veces que me desollé los nudillos estrellándolos contra la pared, en lugar de contra la cara de quien me tocaba los cojones; las vejaciones delante de Adriana, que seguramente la habían hecho verme como un pedazo de mierda desprovista del más mínimo vestigio de valentía.

La justicia no existe, así que buscaré una venganza que no es tal, con una cabeza de turco que sólo ha rozado mis pelotas, en comparación con las veces que me las han roto a patadas. Pero ahora ya no me da miedo lo que pueda hacerle a los demás ni las consecuencias; que el profesor me riña por una reyerta escolar, ni que los demás me hagan aún más el vacío. No sólo voy a usar todos los medios que estén a mi alcance para joderlo; sino la experiencia y la mala leche de los años que he mal vivido por mi cuenta, sin protección ni mandato, gozando con fruición del libre albedrío, entre la podredumbre, con los mejores hijos de puta maestros en bregar, timar, engañar y aprovechar cualquier ventaja posible sin importar su decoro.