Perdiéndolo todo

Perdiéndolo todo

Es tarde sólo porque me levanté temprano. Odio la sensación de que me están robando mi tiempo y que yo ahora, tengo que dormirme. Justo cuando iba a tener una gran idea, o quizás no. Tal vez no la tengo, porque me lo impide la fatiga.

Mañana puede que sea otro día, pero se cierne sobre mí la sensación acuciante de que será demasiado tarde. Soy un obsesivo para todo lo que me gusta. Nunca he parado hasta que lo que hago me ha parecido perfecto, o al menos lo mejor posible. El problema viene cuando ya no puedo hacer lo que me gusta, porque me veo obligado a dedicarme a menesteres más prácticos. Las acciones que un hombre lleva a cabo para pagar el alquiler, comer y vestirse son casi tan indignas como no poder pagar el alquiler, ni comer, ni vestirse. Creo que me lo han hecho pagar todo demasiado caro.

La amistad me costó cara. Tanto que no les dirijo la palabra a los usureros que consideré erróneamente mis amigos. El trabajo es demasiado pesado y me parece una gran estafa. Creo que el peor ultraje que me ha infligido la sociedad, ha sido el convencerme de que no haga las cosas a mi manera: de que no piense a mi manera, de que no actúe a mi manera, de que no cague a mi manera. Quisiera reinventar la rueda para hacerla más redonda o menos, pero ser el autor indiscutible de la misma.

Nunca he sido todo lo que quería. Nunca he podido serlo. Nunca me han dejado serlo. Nunca supe cómo serlo. Lo único que me ha hecho olvidarlo todo siempre ha sido una buena botella y un buen par de tetas. Quizás también un porro. Me encanta cultivarlos yo. Pero las mujeres son algo tan deseable, que el alcohol y la droga sólo son aderezos; que de nada sirven por sí solos. Odio cada vez que una mujer se casa. Cada vez que se queda embarazada y cada vez que se echa novio. La religión judeocristiana ha hecho más daño a la raza humana que el ébola, la peste bubónica y las bombas nucleares. Un buen día siempre comienza con olor a sexo y no sabiendo con quién acabarás acostándote.

Me han engañado para que deje de ser yo mismo. Yo también me mentí, cuando me dije que sobrevivir era mi último objetivo. Fue un momento en el que dejé de ansiarlo todo, para conformarme con algo, con tal de no quedarme con nada. Pero todas estas cosas no pienso que sólo me ocurran a mí, sino a todos. Me da más pena ver a una chica bonita acompañada de un imbécil, que verme envejecer a mí mismo. Todos se dejaron convencer igual que yo, pero luego parecieron olvidarlo, embargados por el triunfo que supone haber elegido el mal menor.

La humanidad se ha vuelto conformista. Acaso sólo quedan un puñado de genios que ya no son, la mayoría de ellos pensadores inmortales que expiraron en su día. ¿Cuántos de ellos están aún entre nosotros? ¿Cuántos quedan por nacer? ¿Cuántos se convirtieron en gente corriente, como tú, como él y como yo? Tal vez todos teníamos los ingredientes para ser incluso más de lo que soñamos, pero nos acabamos vendiendo al mejor postor en una subasta que terminó antes de recibir la última puja.

Desvarío. Es el cansancio… Es la certeza de estar en un error. Uno propio o insuflado por otros. ¿Qué más da? Todavía me queda sangre fría para asesinar a alguien. Pero no sé a quién merece la pena matar, en un mundo donde simplemente respirar el aire que no debes, puede costarte mucho más que la vida y el juicio.

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