Un jour comme un autre dans le Collège Néerlandais de Paris
Hoy me he encontrado en el buzón un folio que rezaba lo siguiente:
Une personne mal intentionée a déféqué par terre dans les toilettes, puis a marché dedans, salissant ainsi les douches et tout le couloir du 3ème étage.
Cette attitude est inadmissible et irrespectueuse.
Au prochain incident les femmes de ménage refuseront de nettoyer.
Traducción libre para los que sepan aún menos francés que yo: Alguien ha tenido la brillante idea de cagar fuera de la taza, pisotear la mierda e ir ensuciando los pasillos. Las limpiadoras están indignadas y la próxima vez, prometen dejar el regalito para todos los residentes de la tercera planta (es decir, la mía).
La verdad es que en un sitio como la Cité Internationale, donde se mezclan miles de estudiantes de distintas culturas, credos y lenguas, es algo decepcionante descubrir que siempre hay algún CERDO que no quiere participar de ese clima de civismo y buen rollo.
Sin ir más lejos, la última vez que fui a visitar uno de los baños, había otro cartelito en la puerta:
Nous constatons depuis un certain temps que des plaisantins s’amusent à obstruer les toilettes avec divers objets.
Cela entraîne des débordements imortants qui néccessitent la fermature des toilettes en attendant l’intervention d’une interprise spécialisée.
Pouvez-vous avoir un minimum de sens civique afin que les autres résidentes n’aient pas à constamment supporter les odeurs et les visions d’excréments qui en découlent?
Para los que tampoco lo hayan comprendido, decirles que el asunto es igual de escatológico que el anterior, pero con mayor profusión de detalles en la descripción. Alguien ha atascado a posta el retrete con los consiguientes efectos indeseables.
Cada vez que me cruzo con cualquiera de los inquilinos de mi planta, no puedo dejar de preguntarme si será él el marrano.
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Guía definitiva para el estudiante erasmus en París
París es básicamente una ciudad en la que sobra gente. Al contrario que otras grandes urbes, no ha crecido casi en absoluto en los últimos cuarenta años y el resultado es que, evidentemente, aquí sobra todo el mundo: sobran erasmus, sobran vendedores de mazorcas de maíz, sobran negros, sobran chinos, sobran turistas, sobran extranjeros y por supuesto sobramos tú y yo. Los únicos que faltan son los lugares para alojarse.
La mayoría de los frigoríficos parisienses hace un ruido infernal, lo cual se debe sin duda a que nadie necesitó jamás ponerlos en funcionamiento. Basta con introducir los alimentos dentro y el propio frío que cala los huesos y hasta el alma, se encargará de conservarlos. De hecho, cuando llegué a mi habitación en la residencia del Colegio Holandés (Collège Néerlandais sito en Cité Universitaire); la nevera estaba apagada y así debiera haber seguido, porque nada más encenderla comenzó a moverse con una fuerza virulenta que casi acaba por resquebrajar del todo el edificio en que me hallo y cuya demolición planean el año que viene.
Pensar en demoler una construcción no es moco de pavo por estas tierras. La mayoría están desvencijadas, decrépitas, semi-derruidas y parecieran querer desmoronarse a la más mínima ráfaga de viento. Con lo cual el Collège Néerlandais, que fue construido antes de la segunda guerra mundial, probablemente sirviera de polvorín o de parapeto a las tropas germanas en retirada. Lo único nuevo que hay es algún escaso mobiliario de Ikea.
En cuanto al precio de los alquileres y en el caso más que frecuente de que no nos concedan una residencia del CROUS ni en Cité Universitaire (como a mí, que a pesar de todo, he tenido suerte); suelen ser bloques de pisos llamados clásicos, hechos de madera completamente. Se recomienda no fumar dentro, por claros motivos. Aunque tengamos que pagar nuestro alquiler (loyer) en negro, no es de extrañar que nos pidan un aval francés. Este problema a veces se soluciona recurriendo a una inmobiliaria que nos cobrará sus servicios a precio exorbitado haciéndonos vivir el resto del mes sin comer carne o vendiendo forzosamente algún órgano.
La comodidad suele ser nula. Son pisos sin ratas ni cucarachas, más que por otra cosa, porque decidieron irse a vivir a algún lugar más digno. El precio por vivir en estos cubículos inhabitables, lóbregos y como de otro siglo (se ve en sus puertas que raramente cierran, ventanas de cristales rotos, moquetas llenas de ceniza, pelos de perro, cabellos, vello púbico; cuartos de baño minúsculos con duchas de alcachofas que a penas echan agua de tanta cal como las atasca, tazas de inodoro sempiternamente amarillentas y caseros pendientes de que no se pueda causar ningún desperfecto en su propiedad, como si eso fuera perceptible).
El tiempo pasa lento y mal. Aquellos que se autodenominan gente culta, acuden a museos y exposiciones diversas donde pueden observar lienzos pintados con distintas formas y colores rodeados por un marco, bloques gigantes de piedra de mármol a los que se les ha dado alguna forma. Contemplarlas según su punto de vista, es algo divertidísimo y edificante para el ser humano. Sin embargo, jamás se los ve sonreír.
Los jóvenes normales (es decir, a esos que les gustan el alcohol, las mujeres en sujetador y el sexo sin condón); ven totalmente frustradas sus expectativas. El precio de la cerveza dentro del antro de más mala muerte que pueda imaginarse, supera los cinco euros; excepto en las denominadas horas felices o happy hours, en las que el monto de nuestras consumiciones puede bajar hasta los dos euros y medio o tres cada una, haciéndonos pensar que realmente sea un privilegio beber cerveza mala en un garito lleno de gabachos.
Si a pesar de lo arisca que es la mujer parisina, el erasmus consigue por fin ligarse a alguna (que al fin y al cabo, es el producto nacional y el que todos están deseando probar), ha de saber que son mujeres a juego. Esto es: botas a juego con el cinturón, camisa a juego con la chaqueta y vello en el labio superior denso y áspero en perfecta combinación como el que poseen en el resto del cuerpo. Es por eso que por muy francesas que sean, nunca es conveniente practicarles un francés. Nuestros labios se verían desollados y seguramente tragaríamos tantos vellosidades ensortijadas que acabaríamos echando hasta la primera papilla.
Además, es indispensable dedicar los primeros meses de nuestra estancia a randevús y antretianes. Un randevú y un antretian, vienen a ser lo mismo: Es un acto social destinado a solucionar un problema en el que se encara a un funcionario con pocas ganas de trabajar y menos aún voluntad por ayudar. Normalmente sólo nos conduce hacia otro randevú u otro antretián.
A mí sin ir más lejos, me han hecho irme y volver porque no me permitieron consultar internet para ver la matrícula en mi universidad, por no conocer el código postal de la residencia en la que vivo (era imposible para ellos comprobarlo) y también porque la persona; que me atendía, tenía las puntas abiertas o no se sentía una con el universo. Las colas para cualquier gestión suelen durar unas cuatro o cinco horas y como todos se ven obligados a volver una y otra vez a los mismos lugares, es el sitio más indicado para forjar sólidas amistades con un enemigo común: la burocracia francesa, o como la llaman aquí, la administration française.
En cuanto a los medios de transporte son tan numerosos como caóticos. El principal es el metro. Una especie de gusano que atraviesa todas las entrañas de la ciudad, sin ningún aforo hasta el punto de que se pueden observar a sus usuarios despachurrados contra las ventanillas, con las tripas fueras y dando de vientre sin quitarse tan siquiera los pantalones a fin de aliviar levemente la presión que los constriñe. Se trata de un nido de borrachos hediondos que se ponen a increpar a cualquiera a la mínima de cambio, señoras mayores de escotes escandalosos con tetas operadas y jóvenes que no nos darían ni los buenos días. Sin embargo, por muy apretados que vayan, siempre se oye un sinfín de exquisemuases, pagdones y desolés. Desde que alguien lo dice el primero, todo el vagón repite las mismas fórmulas de cortesía tal que si de un efecto dominó se tratara.
¿Cuánto debemos pagar por esta vidorra aquí? Diez euros por un cuaderno de plástico y unas cuantas hojas perforadas, ocho euros setenta enviar dos páginas de fax a España por La poste (Que viene a ser como Correos en España, pero aún más lleno de incompetentes y con tarifas todavía más abusivas. Hay sitios más baratos donde enviar faxes, pero sólo nos entregarán el certificado de fax aunque realmente nadie haya recibido nada). Seguir enumerando constituiría una pérdida de tiempo.
En conclusión y por si aún estás considerando elegir París como su destino erasmus: si es usted un soplagaitas al que le gusta el arte, una maricona loca por ver lugares bonitos cual Belén hecho de algodón de azúcar y relleno de mierda, o un meapilas que está anhelante de aprender el nombre de miles de sitios exóticos para que todos lo envidien al hablar de su estancia en el extranjero: ¡no se lo piense más! ¡Véngase a París! Aquí lo esperamos todos. No me juzguen por malvivir en la capital de los imbéciles: sólo vine hasta aquí para recordar a una vieja puta cabaretera que ya murió hace años.