Mi primera vez a las puertas de un prostíbulo
Soy uno de esos que miran las mujeres de abajo a arriba cuando entra al lupanar.
Si tienen buenas piernas, buen culo, excelentes tetas y un hermoso rostro, las invito a una carísima copa e intento discernir si también son inteligentes.
Si sólo tienen buenas piernas, buen culo, excelentes tetas y su cara no me convence tanto, les pregunto cuánto cuesta el polvo con ellas, si me dejarán repetir y si me la comerán sin goma.
Al resto ni las miro: No me importa si son inteligentes o qué hábitos tienen respecto a la atención de sus clientes.
Y es que creo que como mínimo se merecen el mismo trato que el resto de las mujeres, que no reconocen su condición de meretrices sólo por no ejercer en el mismo antro.
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