Un segundo trabajo

Le pregunté a la gente que me conocía y todos parecieron coincidir:

-Pues hazlo.

-¿Pero no será muy duro?

-Yo lo haría.

-Tu ferais quoi à ma place?

-Il faut être courageux dans la vie!

 

Pero lo cierto es que dudaba de que su elección hubiera sido la misma de encontrarse verdaderamente en mi situación. Tener dos trabajos que a veces se solapaban en el horario y que me exigían una entrega personal completa, ya era de por sí difícil. Además yo los tenía en dos ciudades diferentes. Los fines de semana me convertía en recepcionista nocturno para un hotel. Y de martes a jueves me ponía delante de un montón de adolescentes en un instituto, ocupando mi puesto de auxiliar de conversación.

Los sábados me desplazaba desde Rennes hasta París y los lunes, desde París hasta Rennes. Los viernes que tenía que trabajar en el hotel, otro recepcionista me reemplazaba. Y luego yo le devolvía los días durante las vacaciones escolares. A pesar de que nunca hubiera pensado que llegaría a ganar tanto dinero, el trabajo como auxiliar de conversación era temporal. Una auténtica pena, porque era con diferencia el que más me gustaba de los dos. No había acabado de integrarme demasiado bien en el equipo de pedagogos que conformaban el departamento de español. Por así decirlo, mis mentores sentían entre asco y desprecio cada vez que me veían. Con los alumnos en cambio me llevaba bien por regla general, pero pasada la euforia del principio en la que era feliz sólo por tener un buen trabajo (aunque mal pagado); hay que reconocer que a algunos sí que me fastidiaban un poco a veces.

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