Los antiguos Mayas hacían sacrificios humanos para honrar a los dioses. Con ello, pretendían no sólo evitar plagas, escasez de precipitaciones y demás males de una sociedad fundamentalmente agrícola y ganadera. Se trataba de saciar la curiosidad sobre el más allá, de dilucidar qué había después de la muerte y para dotar al gesto de toda la solemnidad y credibilidad que requería, se tomaban vidas humanas y animales. No obstante, lo que para el hombre occidental u occidentalizado representaría un acto de salvajismo, en realidad era mucho más civilizado que la podredumbre entre la que convivimos.
Dado que el hombre moderno ya no cree en lo divino, necesita respuestas y se las proporciona como dios (siempre con minúscula) le da a entender; si bien la mayor parte de las veces, espera sosegadamente a que sus congéneres se las proporcionen. Por supuesto, las iglesias (igualmente con minúscula)están llenas y hasta el helenista más sabio (lo cual quiere decir, el más sabio de entre los sabios); es capaz de rendirse a la debilidad de su cuerpo mortal, subirse a la palestra y declamar con voz firme que él cree en Dios (y si lo tuviera que escribir, lo escribiría con mayúscula), que le gustan los toros (lo cual no es en absoluto bárbaro, ni inflinge sufrimiento a animales tan nobles) y que está en su perfecto derecho. Mas no es de menester que esa fingida creencia, incluso ante sí mismo, nos lleve a una opinión errónea sobre sus juicios. No; ya que conoce perfectamente la diferencia entre el derecho y la simple deducción lógica a partir de premisas establecidas tan firmes como su voz: Dios es una madeja de hilo que se va deshilvanando a cada nueva respuesta y en razón a que el número de preguntas a plantearse no es limitado, tampoco lo es la longitud de un ovillo cualquiera.
Imposible poner a un hombre en tela de juicio cuando su mente es tran preclara: Ningún helenista cree en los dioses, pues si los caballos supieran escribir, pintarían a sus dioses como caballos; y así pues, cabe concluir que la facultad de poder escribir o pintar, es la misma que da pie a la imaginación que crea los dioses. Además, para rematar, la inteligencia atribuida a alguien que conoce los verbos polirrizos y es capaz de diseccionar un verbo desconocido hasta sonsacarle sus posibles aoristos, no es ni mucho menos gratuita. Sin embargo, resulta muy cómodo tener la figura de un Dios presidiendo la estancia. La imagen de una deidad vigilante, que sopesa la bondad de nuestras acciones y como pago a ellas, nos ofrece la redención eterna. ¿Quién, por rico, poderoso, inteligente y hermoso que sea, no ansiaría prolongar su dicha hasta los confines de la eternidad? ¿Qué pobre, siendo tan pobre, malviviendo cada segundo en el futuro incierto del que tiene el estómago vacío, no hará su más denodado esfuerzo por autoconvencerse de que lo aguarda otra cosa? ¿Y no habrá entre la gran masa de los mediocres, uno solo de ellos que sueñe con otra cosa que la monotonía del que existe sin pena ni gloria, sin ser rico ni pobre, alto ni bajo, ni bello ni horrendo?
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Monday, November 16, 2009
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Sunday, November 15, 2009
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Lo más cómodo sin lugar a dudas, era envejecer. Acumular experiencia en detrimento de días de vida, hacer aquello que correspondía a su edad y dejar de lado todas las ensoñaciones que no dejaban de atormentarlo dándole a entender que había otro camino: a sus treinta y cuatro años, se volvía a ver en la ruina. Todo cuanto había construido en el terreno laboral y amoroso, se vino abajo por contravenir lo políticamente correcto. Y si bien era cierto que anunciar tabaco era algo que nunca le había apasionado demasiado porque en el interior de su corazón, no deseaba que nadie más experimentara una adicción semejante a la suya propia, también era innegable que lo molestaban de sobremanera todas aquellas prohibiciones que se imponían y el hecho de que si ni tan siquiera el arte (del cual la publicidad formaba parte) era capaz de romper ciertas normas protocolarias, ¿qué lo haría entonces?
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Saturday, November 14, 2009
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Sunday, November 8, 2009
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Al suburbio de migrantes en que vivo, llamado La Courneuve, que es colindante con el municipio de Paris – algo parecido al Estado de México con el DF-, llegó un grupo de Roms a instalarse.
Viven en un terreno cuya entrada es un estacionamiento. No vienen en caravanas, como los gitanos franceses; viajan como pueden, atravesando países que los expulsan en poco tiempo. Los que acaban de instalarse en el terreno, comenzaron a hacer lo que siempre han hecho en la historia: pedir limosna, recuperar lo que sobra al final del mercado, pedazos de madera, láminas, puertas y todo lo que pueda servir para comenzar a forjarse un techo, sin ningún otro servicio.
Un señor vasco que vende antigüedades a cuatro casas de aquel asentamiento, me dijo que él calculaba trescientas personas en un espacio de trescientos metros cuadrados. Tuvieron suerte, es un terreno grande, cerca de una estación metro, donde siempre se puede sacar algo a los pasantes: una moneda, un cigarrillo, incluso levantado del suelo. Beben, no sé cómo juntan el dinero para comprar alcohol, pero beben. Las mujeres, cigarrillo en la boca, educan a sus hijos en medio de la calle. Tienen mucho contacto entre ellos, se detienen para charlar cuando se encuentran, se abrazan, gritan, son enérgicos y se cuidan las espaldas.
El mundo es un espacio difícil, cuando se recorre sin cesar. No se pueden aprender todas las lenguas cuando se pasan sólo algunos meses, con suerte, años, en un país.
No hay que confundirlos con los habitantes de Rumania, aunque algunos vienen de ahí y hablan el rumano además de su lengua cultural: el romani (no confundir con el rumano). Una parte de ellos son originarios de Europa Oriental, muchos de Rumania, pero al interior de este país, son una comunidad aparte. Algunos rumanos que he conocido, me han dicho que los Roms son vistos como ladrones y holgazanes. Lo que es innegable es que es un pueblo que posee, en contraparte, muchos talentos también: son grandes músicos, cantan, bailan, saben adaptarse a una red social dura, que no tolera formas de vida que le parecen arcaicas, y que pocos aún pueden comprender. Los Roms se agarran con las uñas a las sociedades, sin meterse demasiado, y logran vivir.
Quizás lo más molesto para la mentalidad europea – que se puede comparar a la concepción de los indígenas que mendigan en ciudades latinoamericanas- es que les recuerda una parte del mundo que muchos no quisieran ver, que creen que sólo existe en la televisión, que es casi ficticio. La pobreza está en otra parte en el imaginario de quien ha nacido en Europa. Los Roms, perturban, hacen ruido en una sociedad que tiende a ordenarse más. Read more…
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pavelg Date:
Sunday, November 8, 2009
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Saramago me dijo: “Electronica epistula lacrima coronam capere non potuit.” Yo le respondí: “Pero una carta, no viene con todo el hilo de conversación.”
Pareció encolerizado y me reprendió: “¡Pero si ni tan siquiera sabes responder en latín!” Entonces me di cuenta de que tenía razón.
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Wednesday, November 4, 2009
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Todos los reporteros de revistas sobre la gayez, estaban alborotando, reivindicando, grabando conferencias de gays famosos; denunciando a diestro y siniestro a colectivos, individuales y personales burocráticos, consejeros de mercadotecnia y hasta subalternos de los miembros del equipo de limpieza del plató donde se grabó el anuncio. No pretendían dejar impune ni tan siquiera a las pulgas del perro del motopizzero que llevó la primera pizza a domicilio del Etarra y Perico.
Las acciones de la cadena televisiva donde este fue emitido, bajaron en picado. Los leguleyos ya se frotaban las manos a la puerta de los juzgados, calculando mentalmente honorarios y dividendos que obtendrían posteriormente en materia de comisiones por todas las demandas interpuestas. Pensaban protestar por el ultraje cometido contra la cultura gay, contra los miles de homosexuales que yacerían oprimidos sobre una cruz que traba desde fuera las puertas de un armario. Incluso por la madre de Peter Walker Lori Meyers Do Shitty Music Scotch Whisky is for Gay People. Que acababa de enterarse por el anuncio que los hombres homosexuales muy frecuentemente cambian de vestuario y se ponen flequillos que les llegan a los ojos, para parecer eternos adolescentes con pinta de afeminados a los que les gusta la sodomía. Todo ello, deducido clarísimamente del anuncio de Chesterfield. Cómo el máximo responsable de todo aquello había sido Perico, era una larga historia. Las cosas no le habían ido mal y su rápido ascenso lo había catapultado hasta escribir un ingenioso y sórdido anuncio. Aunque pareciera mentira, el Etarra había sido el verdadero artífice de que aquello que no debiera haber pasado de una hoja escrita por un fumeta, ni hubiere sido objeto de la atención pública en ningún caso. A decir verdad, la culpa tampoco la tenían Perico ni el Etarra. Había sido más bien que el anuncio no hubiera obtenido la certificación para todos los públicos, ni el aprobado de las asociaciones de gays y lesbianas, si la palabra “maricón”, no era cambiada por “homosexual”; lo cual no iba del todo con el espíritu común del segmento de la población al que iba dirigido dicho anuncio.
Antes de que apareciera en televisión, todos pensaban que el rostro de Perico sería como el de Francisco Franco Bahamonde a los treinta y siete años de edad. O que serían uno de esos homosexuales que reafirmaban su condición de heteros con mucho músculo y malos modales pero llevando unas botas hechas con piel de un chapero que no le devolvió el dinero y cuyo prostituto había penetrado analmente hacía tan sólo minutos. Pero viéndolo, más bien les pareció el careto de un enganchado que desconocía incluso la inicial de su nombre, y al que todos habían decidido colgarle el muerto por comodidad.
En los largos lapsos entre interrogatorio e interrogatorio, el amable cuerpo policial tuvo la gentileza de dejarlo sacar café de la máquina de comisaría, ir una vez y media al baño, comprar que sus uñas estaban limpias, y recolocarse el flequillo con los residuos de la gomina . La media se explicaba porque le podía la opresión; le causaba pánico, le parecía que iba a haber cámaras por todas partes o que un papazzi le tomaría una fotografía mientras se sacudía la minga sobre la letrina.
Los tres minutos y catorce segundos que duraba el fragmento publicitario, dieron mucho de sí. Tanto como para darle la oportunidad de participar en la trama al grupo más espantoso de pop (por asignarles algún género) que ha visto la nación del plato de las pipas fritas de girasol. El motivo era un extraño sentimiento de culpa que tuvo un amigo íntimo del director de telecinco. Julián voz cantante y jefe de los Lori Meyers, le había hecho una mamada excelente a aquél tipo. Además, ni siquiera protestó cuando se corrió en su boca, aunque en el fondo de su ser le pareciera una tremenda falta de respeto hacia su efigie. Además, había recogido sus cosas antes de irse. Se levantó sin que el tipo lo viera, dejándolo solo en su cama. Le escribió una nota en la qu le dejaba su teléfono y un compacto del grupo con las últimas grabaciones sacadas del estudio. Su padre le había comprado la batería, la guitarra y estaba a partir un piñón con el inspirado letrista lacayo de David Bisbal. Si debía chupar un par de miembros viriles de borrachos que habían miccionado más cerveza de importación de la que él hubiere bebido en su lecho de muerte, aquello era un mal menor. Él le debía tanto a su padre…
Sea como fuere, el sentido común, acabó por dilucidar que la culpa fue precisamente de dos gays, frente a los que se consideraban sus iguales bajaron las lanzas. Pero no antes de un proceso ridículo y que los medios difundieron plagado de sensacionalismo.
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Wednesday, November 4, 2009
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Paseando por el barrio de un colega, pasaron por delante de una tienda erótica llamada Sexapilas. Por supuesto, no iban a ir juntos a un sitio así. Sin embargo, cada uno tomó buena nota mental: Calle Palma, número 67. Ambos se habían fijado en ella al pasar delante del escaparate. No se trataba de una muñeca hinchable, aunque muchos ignorantes aún la llamaran así. Aquella belleza era el producto de la elevación del látex a la categoría del nuevo mármol. Poseía dos eniestos pezones rosados, coronando dos enormes melones, una piel blanca y el pelo negro azabache lacio, con dos ojos del color del zafiro o más bien que el de una botella llena de bombay sapphire. Ambos pensaron en comprarla. Aunque costara 18.000 euros. El Etarra había florecido más en su arriesgado negocio: Se volvió tan cauto que tiraba las colillas de los porros en un paquete de tabaco; luego ese paquete lo tapaba con su propio blíster. El paquete de tabaco y todo su contenido, una buena veintena de tubos hechos de papel cilíndrico forrado en papel de fumar adherido con una pega de caucho que la suelda. Las conocidas como chustas de los canutos. Las hacía con los billetes válidos en el metro sur de Madrid, y si salía de aquella zona que el denominaba “segura”, lo hacía sin ningún tipo de sustancia sobre sí mismo. Perico por su parte, no había florecido en el negocio. Pero aún guardaba intacto el dinero que había conseguido ahorrar. Con lo que ahora ganaba, vivía más o menos decentemente, tal vez descuidando un poco su vestuario y sus hábitos alimentarios, pero obteniendo como contraprestación la enorme tranquilidad de saber que no podía acabar en la cárcel de ninguna forma mientras se mantuviera dentro de la legalidad.
Uno decidió dedicar parte de sus pingües beneficios a darse un capricho, y el otro, que no se sentía tan proclive a comprar aquél artefacto con forma de diosa de la ninfomanía, acabó por decantarse a favor de la compra. Sus motivos eran amargos. Había paseado por Argüelles con una botella en la mano. No quiso avisar al Etarra, ni a sus amigos Sabandija, Rata y Gurrumino. Salió con la botella si ésta hubiera tenido hombros, le habría echado el brazo por encima en señal de una amistad que jamás se había roto. Entró a una taberna nocturna sita bajo unas columnas que acababan por unirse para convertirse en el tramo de una bóveda inexistente. Le llamó la atención la luna entrecortada en cuatro que se veía desde abajo. En el bar pidió una pinta de Guinness y miró el escote de la camarera. La bebió tan rápido que le cayó cerveza por la camisa. Exhibía una figurota de auténtico borracho rebosante de alcohol etílico. Fue al baño pensando en las minúsculas proporciones que habría adquirido su miembro bajo esas circunstancias. Pensó que poco importaba lo que hiciera, porque hasta mañana, tal vez incluso hasta mañana por la tarde, ni siquiera un trío con Brigitte Bardot y Laetitia Casta se la levantaría. Se metió en el baño y se miró al espejo. Estaba tan calvo como su padre de 65 años. Hurgó en sus pantalones hasta encontrarse la polla y luego orinó en la taza vertical, dejando que cualquiera que irrumpiese inesperadamente le viera la minga. Le pareció oír ruiditos que provenían de uno de los servicios a los que su grueso culo miraba. Escuchó claramente gemidos y le hizo gracia que alguien practicara el coito en un antro de mala muerte con las tazas de inodoro más sucias que el cagadero en el que bucea Mark Renton en Trainspotting. Entrevió por la reja de la puerta, que o bien no tenía ningún tipo de pestillo (cosa frecuente) o acaso había sido negligentemente dejada abierta porque sus actuales ocupantes no tenían demasiado miedo a ser descubiertos. Aquella cara la conocía demasiado bien. La había soñado, incluso. Había sido el objeto de sus alegrías y tormentos sucedidos y alternados en lapsos de quince segundos. Ni que decir tiene que fingió no darse cuenta y que la pareja presumiblemente esporádica estaba demasiado ocupada en sus propios asuntos para reparar en que alguien los observaba. Tomó la puerta y por primera vez después de que empezara su vida decente, tuvo la necesidad de embriagarse y colocarse al mismo tiempo hasta desvanecer los nubarrones que le teñían de gris ceniza su horizonte.
Sea como fuere y por un motivo u otro, ambos tenían más que decidido comprar la muñeca de látex. Perico sólo se lo había propuesto como algo que haría próximamente. El Etarra, ya estaba pensando cómo follarse a la muñeca o cómo dejarla participar en juegos sexuales en los que incluiría a más mujeres de carne y hueso.
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Monday, November 2, 2009
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