Por treinta años en Bombay

Arreglaba mi juguete

Funcionó de manera incomprensible

Y justo en ese instante

Fuiste un cable o una pila

Entendí que tú eras la clave

 

Pero luego…

¿Qué sé yo de la vida?

Si no era entera

No te quería

Pasaría el tiempo

Echándote en falta

Recordando un adiós para siempre

 

Lo más triste y lo más alegre

Fue saber que existías

Mi tren de juguete ya no anda

No tiene tren, ni vías

Sigo en tu olvido más perenne

 

Y me bastan sólo dos o  tres recuerdos

De una montaña de cientos de ellos

Para reinventar una historia

Que siempre quise que tuviéramos

 

 

Carpe Diem, le pese a quien le pese

Juan desenvaló la webcam, introdujo un cederrón que la acompañaba en el ordenador y la instaló sin dificultad alguna. Lo realmente complicado era hallar lo que buscaba. Sigue leyendo