Creo que cuando alguien de verdad es bueno en algo…

Creo que cuando alguien de verdad es bueno en algo, lo último que querría sería enseñárselo a otros que estén empezando.

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Puedo soportar la verdad y hasta una verdad a medi…

Puedo soportar la verdad y hasta una verdad a medias. Pero la falsedad completa y descarada, siempre ha tenido la virtud de insultarme.

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Internet ha permitido que cualquiera pueda saber a…

Internet ha permitido que cualquiera pueda saber algo de todo.

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El trabajo es el mejor mal contra todos los remedi…

El trabajo es el mejor mal contra todos los remedios.

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Ser irresponsable

No leas los contratos,

confía en la gente

y en las instituciones.

 

Deja pasar el tiempo

para hacer lo que tienes

o quieres hacer.

Piensa que mañana siempre será mejor.

 

No te alimentes bien,

aún eres joven.

Cree que eres eso justamente.

 

No hagas cuentas exactas,

no mires el cambio que te dan

en el mercado, ni en la vida.

 

Lava tu ropa con la lluvia,

planta flores en vez de trabajar,

fabrica lámparas que no

necesitas.

 

Olvida que éste mundo es cruel,

y sal a la calle sin mirar al cruzarla.

Fuma y nunca compres encendedores,

papel, filtros ni tabaco.

 

Y sobretodo,

no pienses en el futuro,

todavía no existe.

 

Si has hecho todo esto,

entonces ya puedes

ser responsable,

si no eres clochard

todavía.

 

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Ganas de matar a toda la gente que utiliza becario…

Ganas de matar a toda la gente que utiliza becarios para que trabajen gratis.

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Escribir… En el papel. Qué sensación tan desagra…

Escribir… En el papel. Qué sensación tan desagradable. Perfectamente evitable desde un punto de vista teórico.

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Esperando la paga

Money, get away.

get a good job with more pay

and you’re okay

Pink Floyd

Tengo tres trabajos, uno de base, el que me paga menos, pero me da más horas; el que completa el salario mínimo con diez horas más; y el que me debería pagarme más y sacarme de la precariedad, pero que no me ha pagado desde hace seis meses y contando.

Hoy es primero de mayo. La secretaria juró y perjuró que ya no habría problema, que en la Educación Nacional no se cometían errores graves dos veces, y que esta vez recibiría todo de tajo.

Primero de mayo sin dinero que no sea para lo esencial, hasta me dan ganas de salir a manifestar a ver si algún alto funcionario del Estado me escucha y deja que me paguen.

Porque también sé de la Educación Nacional, que si no pagan el primero, ya va a ser hasta el otro mes.

Esperas, he tenido, todos han tenido, para empezar, cuando se iba a nacer, después todo son esperas, como si la vida estuviera en el futuro y no en los presentes que se encadenan.

Márquez esperaba una beca, y en su cabeza eso devino un Coronel y unas cartas. Para Beckett, la espera es absurda, sobretodo si se espera a Godo. Ojalá tuviera un aliciente más loable, como el de Bandini, que esperaba el dinero de la publicación de unos cuentos, en vista del éxito de The Little Dog Laughed, y de paso para comer.

Henry Chinaski esperaba el cheque del empleo en turno para comprar cerveza, pagar la renta, irse de bares y vivir, con los encuentros y desencuentros que esta actividad puede implicar. Aunque a veces el cheque llegaba antes de fin de mes, cuando lo despedían por estar borracho en el trabajo.

También está la espera de la persona amada, a una hora determinada, como la que trata Barthes en sus Fragments d’un discours amoureux: si no llega en los primeros minutos, es tolerable; si llega una media hora tarde, ya es reprochable; si llega después de una hora, es reprobable; pero si pasan horas y no llega, es preocupante, angustiante, lleno de posibilidades desastrosas que dejan a la luz la posibilidad de una pérdida total e infinita de la persona que se ama y que se sobreponen a cualquier reproche por un simple retraso.

Es en estas ocasiones en que me alegro más por el hecho de no haber seguido la línea convencional de la cultura de donde provengo, no haber formado una familia, no tener hijos ni novia, al menos la angustia de no saber cuánto dinero va a llegar al final de mes, me deja con un sólo problema por resolver, y no el hambre de varios.

El no tener dinero no te deja pensar claramente, y si se logra crear algo, es casi por milagro, o porque se tienen súper-poderes como los de Márquez.

En esta espera ya estoy más allá de la indignación y la búsqueda de justicia, de una tan simple como la de que te paguen lo que ya trabajaste, sobretodo porque mi empleador tiene una buena liquidez, siendo el Estado. Pero no quiero quejarme de nadie, ya no, sólo quiero que me paguen, para poder pensar en otra cosa, en algo digno de ser pensado, creado, modelado, formado, y no una realidad donde el dinero es lo más importante, en el mismo plano que la mayoría de la gente, no.

Comenzar el séptimo mes de trabajo, sin paga, es como pensar en ir a trabajar con el estómago vacío, y deber echarle ganas.

En una ciudad tan grande como París, a nadie le importa si no tienes dinero para seguir jugando a estar en una metrópoli. Si no tienes fichas para jugar, simplemente no juegas, y te esperas a que puedas comprar más.

Fuera del juego, veo que está lloviendo, que no hay sol, y que si no quiero que llueva, tengo que encontrarme un Coronel, escribirle cartas para pasar el tiempo hasta que me toque jugar de nuevo, y que la espera valga la pena. ¡Maldito dinero y esta jodida sensación de aeropuerto que no se quita ni bañándose!

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Sé todo mientras puedas

Nos sentíamos inmortales

Actuábamos como si lo fuéramos

Salíamos a la calle con los brazos alzados

La victoria no aceptaba crítica

 

Teníamos otro modo de divertinos

Otro mundo en nuestras cabezas

Nos sabíamos protagonistas y vencedores

De todas las revoluciones futuras

 

No escuchábamos a nada ni a nadie

No sentíamos compasión por el resto

Nuestra diversión era prioridad absoluta

La lástima la reservábamos para los nuestros

 

Teníamos problemas sin cifras

Que solucionamos inclinando una botella

Follábamos más que nunca

Y no nos sentíamos culpables por ello

 

El planeta una canica en la palma de la mano

La guerra una excusa para dar unas pesetas

No ganábamos dinero, porque bastaba con pedirlo

Jamás de los jamases vendimos a ningún amigo

 

El mundo parecía una manzana de caramelo

Que hacíamos desaparecer a dentelladas

Las drogas un edulcorante caprichoso

Algunos probamos la gama entera

 

El amor lo era todo

El amor o el sexo

El amor y el sexo

Yo fui joven mientras duró

¿Os acordáis todavía de eso?

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Criando demonios

En esta puta ciudad,

todo se incendia y se va,

matan a pobres corazones,

matan a locos corazones.

Fito Paez

Para Alexandra, que cuando se acordó de Rilke, se fue de París, para no morir

  • ¿Cómo van tus demonios?

  • Los demonios están bien, creciendo. ¿Y los tuyos?

  • También, cada vez me da más miedo estar solo.

  • ¿Pero sigues solo?

  • Sí.

  • Entonces tus demonios están bien también.

 ¿Dentro o fuera? ¿Dónde encontrar la calma? ¿Dentro o fuera? Afuera están todos. Adentro estoy yo conmigo. Llevo días oscilando entre los dos. Cualquiera diría que así es todo el tiempo. Quizá. Yo sólo puedo vivir este tiempo. Hablando en los parques, callando en mi cuarto, dando vueltas. Y entre los dos esta nube en la que floto, en la que espero a que algo pase, a que algo me lleve a escribir. Dejando que la fatiga, la espera, la ansiedad de la espera, de la búsqueda, que también implica una espera, se sienten conmigo a beber café o vino, a fumar un cigarrillo, sin esperar a que en verdad “algo venga”.

Cuando me abrumo, salgo a caminar, con los amigos con quienes comparto la casa, a festejar con algún pretexto o sin ninguno. Pero a veces no logro salir ni a la cocina. A veces bebo de más, y no llego a la puerta, otras más sólo detesto o temo al mundo.

En el fondo no hay un convencimiento real de ninguna de las opciones. Estoy un poco sin estar, o sin ganas de estar, pero tratando de estar, con la posibilidad de que esa estadía se sume al cúmulo de momentos que hubieran podido desaparecer sin nada dejar nada memorable. Hay que crear el movimiento, me digo, y me he puesto a cantar con quienes cantan junto a lugares generalmente rodeados o bordeados por el agua, aprovechando los días de sol a cuentagotas que este verano parisino se ha dignado a darnos, o que han resultado del cambio climático, como prefiera verse.

Por lo que he escuchado, incluso aquellos que cantan junto a los bordes o riveras, quisieran estar en otra parte, lejos de esta ciudad tapizada de turistas, pero sobretodo de metros, de cemento, de coches, de bicicletas, de gente que desconfía porque todos desconfían de ella, o así lo cree, o justo porque ha dejado de creer y han pasado de fieles a ateos, de comunistas a individualistas, y de los dos a nada. También los capitalistas se han desilusionado, los que después de la guerra creían en él, han vivido lo suficiente para ver que ésta tampoco es la solución. Vieron crecer una esperanza que se convirtió en Gremlins, la mejor película sobre el capitalismo que se pueda mostrar a estudiantes de economía, crías un demonio, y acaba por comerte.

En fin, parece que para todos aquellos que siguen más o menos el ciclo escolar, para julio comienzan a volverse misántropos. Con razón, hay que decirlo, pero con las defensas bajas después de estar sometidos a la ciudad durante un año y sin poder negociar con el estrés cotidiano que ejerce sobre nosotros la ciudad y sus estímulos, buscando vendernos siempre algo, convencernos de algo, porque aquí es donde están el trabajo y el dinero.

Espero en todas partes. Me pregunto si así se siente una mujer embarazada, como una espera en todas partes de más o menos nueve meses – según el desarrollo particular del cigoto. El cigoto, en este caso, no tiene forma. Pero espero que algo salga de estos días donde lo único que no puedo no hacer es dejar de vivir, ni salir de mi cabeza.

Creo que cultivo un malestar o que alimento a un demonio viéndolo crecer, llevándolo como traje, esperando que algunas palabras broten.

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